Josimar Moran
Poeta fiel al portal
Cierto día llegó a ciudad Tesoro Escondido, un anciano, todo harapiento, despeinado y sucio de la cara. Iba de puerta en puerta pidiendo algo de comer; pero por su aspecto nadie le daba nada y siempre le respondían lo mismo:
- Que porque la situación está difícil, o porque apenas les alcanza `para ellos y no tenían nada para poder compartir.
Por último el anciano le pidió a una señora que le prestara una olla grande y le regalara un poco de agua porque iba a preparar una deliciosa sopa de piedra.
La señora un poco incrédula, creyendo que el anciano estaba chiflado, pensó:
- A lo mejor es peligroso y si le niego lo que me pide me puede hacer daño.
Temerosa dio al anciano lo que pidió. Éste juntó el fuego, puso la olla con agua y ante la mirada de varios curiosos que habían llegado a ver lo que sucedía, sacó de su morral una piedra y aseguró que era mágica, la echó en el agua y esperó que empezara a hervir.
Al paso de unos quince minutos el agua estaba hirviendo, el anciano tomó una cuchara y probó el agua y dijo:
- Esta sopa está muy buena, pero con una verduritas quedaría mejor.
Entonces varias señoras dijeron que tenían unas verduras que les habían sobrado y fueron a traerlas.
El anciano agregó papas, cebollas, tomates, chile verde y volvió a probar la sopa. Nuevamente dijo:
- Esta sopa está muy buena, pero con unos fideos quedaría mejor.
Otro de los curioso ofreció traerlos y además alguien trajo sal, consomé y hasta unas hojitas de olor.
El anciano agregó todas las cosas y probando la sopa agregó:
- Esta sopa está muy buena, pero con un pedacito de carne quedaría mejor.
Sin decir nada fueron y trajeron casi tres libras de carne de res que el anciano partió y agregó a la sopa.
Al cabo de unos minutos el anciano avisó que LA SOPA DE PIEDRA ya estaba lista y que todos trajeran un plato para poder probarla. Todo el pueblo probó aquella sopa de piedra y no cesaban de comentar lo buena y sabrosa que había quedado.
Antes de partir, el anciano tomó la piedra y la entregó a aquellas personas y les dijo:
- Cada vez que sientan que la situación económica está difícil y crean que no tienen nada para compartir, recuerden que tienen esta piedra mágica con la cual pueden preparar una deliciosa sopa como la de hoy.
El anciano se despidió y se fue; pero desde ese día, en aquel lugar se han preparado más sopas de piedra que en ninguna otra parte y jamás ha habido un día que no haya que comer pues descubrieron además que con la piedra mágica se pueden preparar muchas otras comidas. . .
RECETA:
Cuando todos estamos dispuestos a colaborar y poner nuestro esfuerzo al servicio de los demás, siempre habrá algo bello para compartir.
- Que porque la situación está difícil, o porque apenas les alcanza `para ellos y no tenían nada para poder compartir.
Por último el anciano le pidió a una señora que le prestara una olla grande y le regalara un poco de agua porque iba a preparar una deliciosa sopa de piedra.
La señora un poco incrédula, creyendo que el anciano estaba chiflado, pensó:
- A lo mejor es peligroso y si le niego lo que me pide me puede hacer daño.
Temerosa dio al anciano lo que pidió. Éste juntó el fuego, puso la olla con agua y ante la mirada de varios curiosos que habían llegado a ver lo que sucedía, sacó de su morral una piedra y aseguró que era mágica, la echó en el agua y esperó que empezara a hervir.
Al paso de unos quince minutos el agua estaba hirviendo, el anciano tomó una cuchara y probó el agua y dijo:
- Esta sopa está muy buena, pero con una verduritas quedaría mejor.
Entonces varias señoras dijeron que tenían unas verduras que les habían sobrado y fueron a traerlas.
El anciano agregó papas, cebollas, tomates, chile verde y volvió a probar la sopa. Nuevamente dijo:
- Esta sopa está muy buena, pero con unos fideos quedaría mejor.
Otro de los curioso ofreció traerlos y además alguien trajo sal, consomé y hasta unas hojitas de olor.
El anciano agregó todas las cosas y probando la sopa agregó:
- Esta sopa está muy buena, pero con un pedacito de carne quedaría mejor.
Sin decir nada fueron y trajeron casi tres libras de carne de res que el anciano partió y agregó a la sopa.
Al cabo de unos minutos el anciano avisó que LA SOPA DE PIEDRA ya estaba lista y que todos trajeran un plato para poder probarla. Todo el pueblo probó aquella sopa de piedra y no cesaban de comentar lo buena y sabrosa que había quedado.
Antes de partir, el anciano tomó la piedra y la entregó a aquellas personas y les dijo:
- Cada vez que sientan que la situación económica está difícil y crean que no tienen nada para compartir, recuerden que tienen esta piedra mágica con la cual pueden preparar una deliciosa sopa como la de hoy.
El anciano se despidió y se fue; pero desde ese día, en aquel lugar se han preparado más sopas de piedra que en ninguna otra parte y jamás ha habido un día que no haya que comer pues descubrieron además que con la piedra mágica se pueden preparar muchas otras comidas. . .
RECETA:
Cuando todos estamos dispuestos a colaborar y poner nuestro esfuerzo al servicio de los demás, siempre habrá algo bello para compartir.