mariano dupont
Poeta fiel al portal
LA RATA- última parte
Yo todavía conservaba una parte de la pequeña provisión de galletas que había rescatado de la goleta.
Ese alimento era la obsesión de la inmunda rata, y una noche desperté sobresaltado y sorprendí a mi enemiga buscando entre mis pertenencias.
En la oscuridad estire el brazo y alcancé a tocar su duro pelaje; se oyeron espantosos chillidos y sentí sus dientes en mi mano.
La rata huyo pero la primera sangre fue un logro suyo.
Cada día que pasaba tanto el animal como yo sentíamos el hartazgo del dulce y empalagoso jugo de coco y nos resultaba mas asquerosa todavía su pulpa.
Con la ansiedad crecía la peligrosidad de la rata.
Pero yo tampoco estaba tranquilo; el feroz roedor tenia en mente sin duda alguna la minuciosa e implacable idea de devorarme, y por momentos sus audaces acercamientos eran mas frecuentes y peligrosos.
Estaba dispuesto a terminar a mi favor aquella desalmada peripecia.
Rebusqué en un sobre de plástico entre los precarios medicamentos que había salvado para mi botiquín y utilicé varios comprimidos para preparar con la última sobra de galletas un bocadillo que seria un manjar para la rata.
Cuando esa noche se acercó, comió golosamente ya hastiada del asqueroso coco por lo tan repetido.
La seguí y después de un corto tiempo la encontré dormida.
Y clave sin asco en su corazón la astilla que para esa industria llevaba.
¡El rohypnol había cumplido!
.....................................
Yo todavía conservaba una parte de la pequeña provisión de galletas que había rescatado de la goleta.
Ese alimento era la obsesión de la inmunda rata, y una noche desperté sobresaltado y sorprendí a mi enemiga buscando entre mis pertenencias.
En la oscuridad estire el brazo y alcancé a tocar su duro pelaje; se oyeron espantosos chillidos y sentí sus dientes en mi mano.
La rata huyo pero la primera sangre fue un logro suyo.
Cada día que pasaba tanto el animal como yo sentíamos el hartazgo del dulce y empalagoso jugo de coco y nos resultaba mas asquerosa todavía su pulpa.
Con la ansiedad crecía la peligrosidad de la rata.
Pero yo tampoco estaba tranquilo; el feroz roedor tenia en mente sin duda alguna la minuciosa e implacable idea de devorarme, y por momentos sus audaces acercamientos eran mas frecuentes y peligrosos.
Estaba dispuesto a terminar a mi favor aquella desalmada peripecia.
Rebusqué en un sobre de plástico entre los precarios medicamentos que había salvado para mi botiquín y utilicé varios comprimidos para preparar con la última sobra de galletas un bocadillo que seria un manjar para la rata.
Cuando esa noche se acercó, comió golosamente ya hastiada del asqueroso coco por lo tan repetido.
La seguí y después de un corto tiempo la encontré dormida.
Y clave sin asco en su corazón la astilla que para esa industria llevaba.
¡El rohypnol había cumplido!
.....................................
Última edición: