Me siento perdido, rígido e entumecido.
Aun no logro descifrar si fueron reales,
o una fantasía,
los años, besos y caricias que un día fueron ofrecidos.
Cierro los ojos y rezo para que todo esto sea una frívola pesadilla.
Pero no,
la gravedad continua y el viento no cesa de soplar.
El semblante cambia a menudo,
y los pensamientos desembocan al sur del mar muerto.
Aun no encuentro alojo para el ego, ni para las secuelas que cuyo causa. Vicariamente se reproducen espinas en mis capilares.
Espinas que bautizan mis pensamientos con antídotos de temor, odio y resaca. La vida continua; por supuesto,
ella no se detiene.
Pero mi reloj hace tres meses que no labora.
Hace tres meses que la divina pregunta se exilio en mi mente,
en el agujero mas pequeño de mi alma.
¿Y ahora?
Como camino por la cuerda floja, si la vida me quito el balance.
Como le explico al amor que quien lo trajo al mundo, también fue su sepulturero. Las lágrimas decoran mi mejilla;
mejor dicho, ya son partes de ella.
Su rocío desmantelan el semblante, la privacidad ajena.
La pregunta muere, pero la curiosidad reencarna en cada segundo del día.
La rabia abastece un negro subconsciente,
la fobia de lo que nunca fue.
¿Y ahora?
¿Como desaparezco lo que nunca existió?
Aun no logro descifrar si fueron reales,
o una fantasía,
los años, besos y caricias que un día fueron ofrecidos.
Cierro los ojos y rezo para que todo esto sea una frívola pesadilla.
Pero no,
la gravedad continua y el viento no cesa de soplar.
El semblante cambia a menudo,
y los pensamientos desembocan al sur del mar muerto.
Aun no encuentro alojo para el ego, ni para las secuelas que cuyo causa. Vicariamente se reproducen espinas en mis capilares.
Espinas que bautizan mis pensamientos con antídotos de temor, odio y resaca. La vida continua; por supuesto,
ella no se detiene.
Pero mi reloj hace tres meses que no labora.
Hace tres meses que la divina pregunta se exilio en mi mente,
en el agujero mas pequeño de mi alma.
¿Y ahora?
Como camino por la cuerda floja, si la vida me quito el balance.
Como le explico al amor que quien lo trajo al mundo, también fue su sepulturero. Las lágrimas decoran mi mejilla;
mejor dicho, ya son partes de ella.
Su rocío desmantelan el semblante, la privacidad ajena.
La pregunta muere, pero la curiosidad reencarna en cada segundo del día.
La rabia abastece un negro subconsciente,
la fobia de lo que nunca fue.
¿Y ahora?
¿Como desaparezco lo que nunca existió?