tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las manos en circulo como buscando una sensación intencionada, alimentada por una sólida condición exterminante de imágenes inexistentes a la visión real; tal vez sea la solución Infra significativa en la escudriñada búsqueda rescatista de situaciones biocasuales, donde la mirada endógena desembarca en el interior del miramiento existente en el trasfondo de una misma contemplación profunda, insondable.
La mira estará focalizando las probabilidades, solidificando la inmaterialidad del hallazgo, indagando en la conducta regenerativa por supresión de enfermizas vicisitudes de un transcurso no menor a una realidad sinóptica, clara, expresiva, determinada…que el mundo real así dispuso.
La consternación desmembrará las biosituaciones visuales, inexplicables para unos muchos escépticos, que solo se mueven luego de un suceso palpable de frecuencia sólida y corriente; para ellos, solo será un estado inconsciente, un motivo mas de encierro por paranoidismo, solo será un trastorno delirante medio, que habrá que paliar con psicofármacos. Con el solo objeto de atrofiar la ya mutilada visión endógena limitada.
Jamás mataran nuestra fantasía, nunca podrán interferir en nuestra imaginación, porque aunque no lo crean su realidad nos alimenta y genera situaciones ficticias con el tenor suficiente para debilitar en nuestras órbitas a su mundo real, tan deprimente y evidente.
La mira estará focalizando las probabilidades, solidificando la inmaterialidad del hallazgo, indagando en la conducta regenerativa por supresión de enfermizas vicisitudes de un transcurso no menor a una realidad sinóptica, clara, expresiva, determinada…que el mundo real así dispuso.
La consternación desmembrará las biosituaciones visuales, inexplicables para unos muchos escépticos, que solo se mueven luego de un suceso palpable de frecuencia sólida y corriente; para ellos, solo será un estado inconsciente, un motivo mas de encierro por paranoidismo, solo será un trastorno delirante medio, que habrá que paliar con psicofármacos. Con el solo objeto de atrofiar la ya mutilada visión endógena limitada.
Jamás mataran nuestra fantasía, nunca podrán interferir en nuestra imaginación, porque aunque no lo crean su realidad nos alimenta y genera situaciones ficticias con el tenor suficiente para debilitar en nuestras órbitas a su mundo real, tan deprimente y evidente.
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