Sokrobosco
Poeta recién llegado
La maldad
Un espejo muy sucio para algunos,
en otros espejo limpio pero trizado,
los vidrios del rostro están esparcidos.
Ya no es él son las migajas mustias de faz
las comen las palomas negras en la noche,
las dan una ramera en llanto de migajas
que se acostumbro acariciar sus lágrimas.
Entre la oscuridad total o ínfima luz;
la yesca de mi corazón negro me mutila
para siempre la sangre de mis venas.
Una espada intemporal atravesó mis venas
y derramó sangre roja de pasión ahora seca
y llena de polvo y sin vida murió el tiempo,
la misteriosa ventura roja se ha vuelto negra.
El fuego del no ser lo ha incendiado;
el no ser me ha hecho ser llamas de flechas
que caen y te llevas a malear las almas,
el no ser odia el tiempo, su ser ha buscado
salir entrando abrazando el cuerpo en sí,
el cuerpo se ha hecho templo sin ojos,
el tiempo arde, las almas están quemadas.
Han esparcido las espigas pulcras
en un constante hogar de cizañeros,
espigas esparcidas por la tormenta
espigas mezcladas con tierra infecunda,
recorrer los caminos de tierra y espigas,
y altares de encomio a estas espigas.
¡La beatitud de la espiga está en su posada!
¡por tanto no quemada junto a la tierra!
¡El fuego del no ser lo ha incendiado!
Un espejo muy sucio para algunos,
en otros espejo limpio pero trizado,
los vidrios del rostro están esparcidos.
Ya no es él son las migajas mustias de faz
las comen las palomas negras en la noche,
las dan una ramera en llanto de migajas
que se acostumbro acariciar sus lágrimas.
Entre la oscuridad total o ínfima luz;
la yesca de mi corazón negro me mutila
para siempre la sangre de mis venas.
Una espada intemporal atravesó mis venas
y derramó sangre roja de pasión ahora seca
y llena de polvo y sin vida murió el tiempo,
la misteriosa ventura roja se ha vuelto negra.
El fuego del no ser lo ha incendiado;
el no ser me ha hecho ser llamas de flechas
que caen y te llevas a malear las almas,
el no ser odia el tiempo, su ser ha buscado
salir entrando abrazando el cuerpo en sí,
el cuerpo se ha hecho templo sin ojos,
el tiempo arde, las almas están quemadas.
Han esparcido las espigas pulcras
en un constante hogar de cizañeros,
espigas esparcidas por la tormenta
espigas mezcladas con tierra infecunda,
recorrer los caminos de tierra y espigas,
y altares de encomio a estas espigas.
¡La beatitud de la espiga está en su posada!
¡por tanto no quemada junto a la tierra!
¡El fuego del no ser lo ha incendiado!
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