Con aquella coraza de hierro te enfrentas contra las fantasmales imágenes vaporosas de tus sudorosas pesadillas.Ahora que la luna menguante ha repicado el malhadado sonido que anuncia el pasajero y furtivo paso esquizofrénico de las doce campanadas,una cohorte malhadada de muertos vivientes salen de sus eternales criptas para saciar su hambre carnívora;a la espera de que el maligno cuervo de alas rotas grazne el sepulcral sonido que hiela la sangre del rezagado enterrador.Éste,con un farol herrumbroso de gas,al ver con su mirada perpetua de un terror ominoso,tal procesión de muertos fúnebres cuya baba no es sino sangre coagulada,se santigua y escapa del maldito camposanto.Pero tú,hierático,como un héroe de horas vencidas,abres tus pálidos párpados y,aguijoneando con tus pupilas de un negro intenso el paso moribundo de semejante ralea,te ofreces en sacro holocausto para ser desmembrado y fagocitado por semejantes bocas pestíferas.