En la mugre espectral de aquella honda fosa común se debaten los esqueletos de herejes católicos.Es una noche de cuartada luna menguante y el enterrador,al ver semejante vil chusma cadavérica,lanza con su pala un montón de grava.Pero es en vano.Dos ya han subido a lo alto de la superficie y escarban con sus dedos huesudos en las cuencas orbitales de nuestro desgraciado joven;el cual chilla de dolor mientras de lo profundo de la fosa ya sale en miasmas de fuego luciferino el príncipe obscuro.Éste ríe de placer mientras las estrellas se desvanecen en un pendular movimiento de vaivén que irrita el alma de nuestra iracunda víctima,presto a salir para fundirse con la nada increada.