Daniii_Poeta
El Poeta de la Traición
Elegía para un alma que el tiempo nunca podrá borrar
Prohibido olvidar.
Hoy el mundo siguió girando como si nada hubiera pasado.
El sol volvió a salir.
Las personas caminaron por las calles.
Las risas continuaron existiendo.
Los relojes siguieron avanzando.
Pero dentro de mí…
el tiempo se detuvo.
Porque hoy me enteré de que ya no estás.
Y desde ese instante comprendí que existen noticias capaces de romper un corazón sin hacer el menor ruido.
No hubo un estruendo.
No hubo una tormenta.
Solo unas pocas palabras…
y bastaron para convertir el alma en un lugar lleno de silencio.
Todavía no logro entenderlo.
Todavía cierro los ojos esperando despertar de esta realidad.
Todavía hay una parte de mí que cree que todo esto es un error.
Que en cualquier momento aparecerá un mensaje tuyo.
Que sonará el teléfono.
Que volveré a escuchar tu voz.
Pero el silencio siempre responde primero.
Y el silencio…
también sabe matar lentamente.
¿Cómo se acepta que una persona tan joven ya no volverá?
¿Cómo se aprende a vivir sabiendo que alguien que alguna vez sonrió, soñó, rió y esperó un futuro… simplemente dejó de estar?
No encuentro respuestas.
Solo preguntas.
Preguntas que nadie podrá contestar.
¿Por qué tú?
¿Por qué tan pronto?
¿Por qué alguien que todavía tenía toda una vida por delante?
Tenías apenas dieciocho años.
Este año ibas a cumplir diecinueve.
Diecinueve…
Una edad donde apenas comienza la vida.
Donde todavía quedan caminos por recorrer.
Donde todavía existen sueños esperando hacerse realidad.
Donde todavía hay personas por conocer.
Paisajes por descubrir.
Abrazos por recibir.
Metas por alcanzar.
Y aun así…
el destino decidió cerrar tu historia demasiado temprano.
Hay despedidas que jamás deberían existir.
Y la tuya…
es una de ellas.
Todavía recuerdo la persona que eras.
No quiero recordar solamente el día en que partiste.
Quiero recordar la vida que llevabas dentro.
Porque eras una chica amable.
Una chica simpática.
Una chica alegre.
Una persona que hacía reír incluso cuando quizá por dentro estaba luchando contra tormentas que nadie alcanzaba a ver.
Tenías una forma muy especial de hacer sentir importantes a los demás.
Había una calidez en tus palabras.
Una tranquilidad en tu presencia.
Una luz difícil de explicar.
Y esa luz…
hoy hace falta.
Hace falta en este mundo.
Hace falta en quienes te conocieron.
Hace falta en mí.
Venías de Perú.
Y aunque los mapas decían que nos separaban miles de kilómetros…
el cariño nunca entendió de fronteras.
Nunca entendió de idiomas.
Nunca entendió de distancias.
Porque el corazón jamás mide el afecto en kilómetros.
Hay personas que viven al lado de uno toda la vida y nunca llegan a tocar el alma.
Y hay otras…
que aparecen desde lejos para quedarse para siempre.
Tú llegaste así.
Sin hacer ruido.
Y terminaste dejando una huella imposible de borrar.
Lo que más duele no es solamente tu ausencia.
Lo que más duele son todas las cosas que jamás sucederán.
Nunca volveremos a conversar.
Nunca volveré a esperar un mensaje tuyo.
Nunca volveré a escuchar tu voz.
Nunca volveré a preguntarte cómo estás.
Nunca volveré a saber qué nuevos dibujos hiciste.
Nunca volveré a celebrar tus logros.
Nunca volveré a decirte cuánto admiraba el talento que llevabas dentro.
Y esas palabras…
se quedarán conmigo para siempre.
Me arrepiento.
Me arrepiento profundamente.
Porque siempre creemos que habrá tiempo.
Tiempo para pedir perdón.
Tiempo para hablar.
Tiempo para arreglar diferencias.
Tiempo para abrazar.
Tiempo para volver.
Pero el tiempo…
es el mayor mentiroso que existe.
Nos hace creer que sobra.
Hasta que un día…
ya no queda ninguno.
Si hubiera sabido que aquella conversación sería una de las últimas…
la habría alargado para siempre.
Si hubiera sabido que el destino estaba escribiendo este final…
te habría dicho una y otra vez cuánto valías.
Cuánto bien hacías.
Cuánto merecías ser feliz.
Cuánto merecías seguir viviendo.
También pienso en tus luchas.
En esos dolores que muchas veces permanecían escondidos.
La ansiedad.
La depresión.
Las noches difíciles.
Las lágrimas que quizá nadie veía.
Qué injusto puede llegar a ser el sufrimiento cuando decide vivir en silencio.
Porque muchas veces las personas que más sonríen…
son quienes más necesitan un abrazo.
Y nadie lo nota.
Ojalá el mundo hubiera sido un lugar más amable contigo.
Ojalá alguien hubiera podido aliviar una parte de ese peso.
Ojalá nunca hubieras sentido que estabas sola.
Siempre admiré tu talento.
Eras una verdadera artista.
No dibujabas solamente con las manos.
Dibujabas con el alma.
Cada trazo llevaba una emoción.
Cada color parecía contar una historia.
Cada creación hablaba de una sensibilidad inmensa.
Tenías un don que muy pocas personas poseen.
Y estoy seguro de que habrías llegado muy lejos.
Podías emocionar a la gente con tu arte.
Podías inspirar.
Podías cambiar vidas.
Porque el verdadero arte nace del corazón.
Y el tuyo…
era enorme.
Ahora solo me quedan los recuerdos.
Y qué cruel es descubrir que los recuerdos también pueden doler.
Porque cada memoria hermosa trae consigo una ausencia.
Cada sonrisa recordada termina convirtiéndose en lágrimas.
Cada conversación guardada se vuelve un eco imposible de responder.
Hay noches en las que seguramente miraré el cielo buscándote.
No porque crea que las estrellas responden.
Sino porque el corazón necesita creer que quienes amamos nunca desaparecen del todo.
Tal vez una estrella brille más fuerte.
Tal vez el viento acaricie mi rostro.
Tal vez una mariposa pase cerca.
Y por un instante…
imaginaré que eres tú recordándome que el cariño verdadero jamás muere.
El mundo seguirá adelante.
Habrá nuevos días.
Nuevos años.
Nuevas personas.
Pero hay nombres que el corazón decide escribir para siempre.
Y el tuyo permanecerá aquí.
Donde nadie pueda borrarlo.
Donde el tiempo jamás pueda alcanzarlo.
Porque olvidar sería dejar morir los recuerdos.
Y yo me niego.
Me niego a olvidar tu sonrisa.
Tu bondad.
Tu manera de ser.
Tu enorme talento.
Tu corazón.
Tu existencia.
Descansa en paz, Keyla.
Ojalá donde estés ya no existan lágrimas.
Ojalá donde estés ya no exista ansiedad.
Ojalá donde estés ya no exista tristeza.
Solo paz.
Solo calma.
Solo luz.
Y si algún día nuestras almas vuelven a encontrarse…
espero poder abrazarte sin prisas.
Pedirte perdón por todo lo que quedó pendiente.
Y darte las gracias por haber existido.
Hasta ese día…
seguirás viviendo en cada recuerdo.
En cada palabra.
En cada silencio.
En cada lágrima.
Porque el amor, el cariño y la gratitud no desaparecen con la muerte.
Solo cambian de lugar.
Y ahora viven para siempre dentro del corazón.
Vuela alto, Keyla.
Que la eternidad te reciba con la paz que esta vida te negó.
Y mientras yo siga respirando, habrá alguien en este mundo que pronuncie tu nombre para que jamás seas olvidada.
Descansa en paz.
Prohibido olvidar.
Prohibido olvidar.
Hoy el mundo siguió girando como si nada hubiera pasado.
El sol volvió a salir.
Las personas caminaron por las calles.
Las risas continuaron existiendo.
Los relojes siguieron avanzando.
Pero dentro de mí…
el tiempo se detuvo.
Porque hoy me enteré de que ya no estás.
Y desde ese instante comprendí que existen noticias capaces de romper un corazón sin hacer el menor ruido.
No hubo un estruendo.
No hubo una tormenta.
Solo unas pocas palabras…
y bastaron para convertir el alma en un lugar lleno de silencio.
Todavía no logro entenderlo.
Todavía cierro los ojos esperando despertar de esta realidad.
Todavía hay una parte de mí que cree que todo esto es un error.
Que en cualquier momento aparecerá un mensaje tuyo.
Que sonará el teléfono.
Que volveré a escuchar tu voz.
Pero el silencio siempre responde primero.
Y el silencio…
también sabe matar lentamente.
¿Cómo se acepta que una persona tan joven ya no volverá?
¿Cómo se aprende a vivir sabiendo que alguien que alguna vez sonrió, soñó, rió y esperó un futuro… simplemente dejó de estar?
No encuentro respuestas.
Solo preguntas.
Preguntas que nadie podrá contestar.
¿Por qué tú?
¿Por qué tan pronto?
¿Por qué alguien que todavía tenía toda una vida por delante?
Tenías apenas dieciocho años.
Este año ibas a cumplir diecinueve.
Diecinueve…
Una edad donde apenas comienza la vida.
Donde todavía quedan caminos por recorrer.
Donde todavía existen sueños esperando hacerse realidad.
Donde todavía hay personas por conocer.
Paisajes por descubrir.
Abrazos por recibir.
Metas por alcanzar.
Y aun así…
el destino decidió cerrar tu historia demasiado temprano.
Hay despedidas que jamás deberían existir.
Y la tuya…
es una de ellas.
Todavía recuerdo la persona que eras.
No quiero recordar solamente el día en que partiste.
Quiero recordar la vida que llevabas dentro.
Porque eras una chica amable.
Una chica simpática.
Una chica alegre.
Una persona que hacía reír incluso cuando quizá por dentro estaba luchando contra tormentas que nadie alcanzaba a ver.
Tenías una forma muy especial de hacer sentir importantes a los demás.
Había una calidez en tus palabras.
Una tranquilidad en tu presencia.
Una luz difícil de explicar.
Y esa luz…
hoy hace falta.
Hace falta en este mundo.
Hace falta en quienes te conocieron.
Hace falta en mí.
Venías de Perú.
Y aunque los mapas decían que nos separaban miles de kilómetros…
el cariño nunca entendió de fronteras.
Nunca entendió de idiomas.
Nunca entendió de distancias.
Porque el corazón jamás mide el afecto en kilómetros.
Hay personas que viven al lado de uno toda la vida y nunca llegan a tocar el alma.
Y hay otras…
que aparecen desde lejos para quedarse para siempre.
Tú llegaste así.
Sin hacer ruido.
Y terminaste dejando una huella imposible de borrar.
Lo que más duele no es solamente tu ausencia.
Lo que más duele son todas las cosas que jamás sucederán.
Nunca volveremos a conversar.
Nunca volveré a esperar un mensaje tuyo.
Nunca volveré a escuchar tu voz.
Nunca volveré a preguntarte cómo estás.
Nunca volveré a saber qué nuevos dibujos hiciste.
Nunca volveré a celebrar tus logros.
Nunca volveré a decirte cuánto admiraba el talento que llevabas dentro.
Y esas palabras…
se quedarán conmigo para siempre.
Me arrepiento.
Me arrepiento profundamente.
Porque siempre creemos que habrá tiempo.
Tiempo para pedir perdón.
Tiempo para hablar.
Tiempo para arreglar diferencias.
Tiempo para abrazar.
Tiempo para volver.
Pero el tiempo…
es el mayor mentiroso que existe.
Nos hace creer que sobra.
Hasta que un día…
ya no queda ninguno.
Si hubiera sabido que aquella conversación sería una de las últimas…
la habría alargado para siempre.
Si hubiera sabido que el destino estaba escribiendo este final…
te habría dicho una y otra vez cuánto valías.
Cuánto bien hacías.
Cuánto merecías ser feliz.
Cuánto merecías seguir viviendo.
También pienso en tus luchas.
En esos dolores que muchas veces permanecían escondidos.
La ansiedad.
La depresión.
Las noches difíciles.
Las lágrimas que quizá nadie veía.
Qué injusto puede llegar a ser el sufrimiento cuando decide vivir en silencio.
Porque muchas veces las personas que más sonríen…
son quienes más necesitan un abrazo.
Y nadie lo nota.
Ojalá el mundo hubiera sido un lugar más amable contigo.
Ojalá alguien hubiera podido aliviar una parte de ese peso.
Ojalá nunca hubieras sentido que estabas sola.
Siempre admiré tu talento.
Eras una verdadera artista.
No dibujabas solamente con las manos.
Dibujabas con el alma.
Cada trazo llevaba una emoción.
Cada color parecía contar una historia.
Cada creación hablaba de una sensibilidad inmensa.
Tenías un don que muy pocas personas poseen.
Y estoy seguro de que habrías llegado muy lejos.
Podías emocionar a la gente con tu arte.
Podías inspirar.
Podías cambiar vidas.
Porque el verdadero arte nace del corazón.
Y el tuyo…
era enorme.
Ahora solo me quedan los recuerdos.
Y qué cruel es descubrir que los recuerdos también pueden doler.
Porque cada memoria hermosa trae consigo una ausencia.
Cada sonrisa recordada termina convirtiéndose en lágrimas.
Cada conversación guardada se vuelve un eco imposible de responder.
Hay noches en las que seguramente miraré el cielo buscándote.
No porque crea que las estrellas responden.
Sino porque el corazón necesita creer que quienes amamos nunca desaparecen del todo.
Tal vez una estrella brille más fuerte.
Tal vez el viento acaricie mi rostro.
Tal vez una mariposa pase cerca.
Y por un instante…
imaginaré que eres tú recordándome que el cariño verdadero jamás muere.
El mundo seguirá adelante.
Habrá nuevos días.
Nuevos años.
Nuevas personas.
Pero hay nombres que el corazón decide escribir para siempre.
Y el tuyo permanecerá aquí.
Donde nadie pueda borrarlo.
Donde el tiempo jamás pueda alcanzarlo.
Porque olvidar sería dejar morir los recuerdos.
Y yo me niego.
Me niego a olvidar tu sonrisa.
Tu bondad.
Tu manera de ser.
Tu enorme talento.
Tu corazón.
Tu existencia.
Descansa en paz, Keyla.
Ojalá donde estés ya no existan lágrimas.
Ojalá donde estés ya no exista ansiedad.
Ojalá donde estés ya no exista tristeza.
Solo paz.
Solo calma.
Solo luz.
Y si algún día nuestras almas vuelven a encontrarse…
espero poder abrazarte sin prisas.
Pedirte perdón por todo lo que quedó pendiente.
Y darte las gracias por haber existido.
Hasta ese día…
seguirás viviendo en cada recuerdo.
En cada palabra.
En cada silencio.
En cada lágrima.
Porque el amor, el cariño y la gratitud no desaparecen con la muerte.
Solo cambian de lugar.
Y ahora viven para siempre dentro del corazón.
Vuela alto, Keyla.
Que la eternidad te reciba con la paz que esta vida te negó.
Y mientras yo siga respirando, habrá alguien en este mundo que pronuncie tu nombre para que jamás seas olvidada.
Descansa en paz.
Prohibido olvidar.
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