Karin Boye, poeta (Por la fuerza de las cosas frágiles)

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Karin Boye es la niña triste de la poesía sueca, la incomprendida, la menospreciada, la que se enamora de quien no debe, la que es castigada por la severa pluma del marido abandonado y despechado. Aclaremos: abandonado por otra mujer para amarla a ella, lo que es un puñetazo doble a la sociedad de la época.

Nació con el siglo, sí, el veinte aquel, que es hoy ya siglo viejo. Cuando en 1900 nace Karin Boye es todo tremendamente nuevo, llegan juntas todas las maravillas: la luz, el teléfono, el tranvía. ¿Cómo sería el Gotemburgo de aquellos años, vistos por los ojos inquietos de la niña que se convertiría en una de las mejores poetas del siglo? ¿Y tendría tiempo para verlo? Dicen que se la pasaba pintando, encuadernando libros con sus pequeñas manos, escribiendo largos cuadernos de poesía para su abuelo, leyendo lo que escribían otros.

Temprano, Karin lee a Joyce. Aprende de esa lectura a manejar la prosa lírica, que luego sería el estilo que usaría para su novela Kallocaín. En Joyce reposa, queda prendada de ese fluir de las palabras. ¡Ah, tan bien ensartadas, que quiere escribir así! Por eso Karin traduce al irlandés, nos regala la mejor traducción de Joyce que existe en idioma sueco. Es poeta pero quiere encontrar música en la prosa, para ella es la escritura liberación y juego. Cuando escribe y traduce se entrega siempre demasiado, para ella todo suena y resuena, bebe de su extrañamiento. En sus versos es más Karin que nunca, baila entre sus dedos una palabra dura de mujer pequeña.

A Karin le duele todo, los brotes del árbol que despierta al fin de su letargo, la primavera aún en ciernes, su sexo despuntando inquieto al deseo. Y a Karin le duele, más que nada, que la ninguneen, que no le reconozcan su talento, que tenga que defenderse por ser diferente. Por eso un día, cansada y muy golpeada por la culpa, un día muy triste de sus escasos cuarenta años, Karin acaba con el martirio. Se toma todos los somníferos que encuentra y se queda dormida junto a una roca alta y lejana. Niña dormida en una ladera, así dice adiós a este mundo. Se va por fin, para poder ser Karin, más Karin que nunca, Karin ya para siempre.


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Una fantasía budista

Se ha abierto el portón del mundo.
Desde lo alto del gran arco observo
y lo que veo es infinitamente grande,
ninguna vista es tan interminable.
Cuán profundo veo, qué tan lejos veo,
los ojos se aferran ya, a nada.
Todo lo que un día supe no existe
ni grande, ni pequeño… ni vida, ni muerte.
Un sólo paso en el Camino sin huellas,
de golpe me fue vedado el retorno
¿Nos apresuramos? ¡Ven, sígueme!
¡Todos los portones del mundo estallan!

Un amplio silencio

Suavemente se expandía el silencio como soleado bosque de invierno.
¿Cómo se doblegó mi voluntad de tan servil manera?
En mi mano latía un cuenco de vidrio sonoro.
De repente, mi pie se volvió temeroso y no rechazó la huida.
Mi mano se volvió cautelosa y ni siquiera pudo ya temblar.
Entonces me volví abundante. Fui atrapada por la fuerza de las cosas frágiles.

Memoria

Tranquila, quiero agradecer a mi destino:
pues nunca lo perdí del todo
Así como la perla crece en la concha,
así dentro de mí
creció dulce la entraña
Si un día te olvido
serás sangre de mi sangre,
siempre uno conmigo
tú, la ofrenda de los dioses.


Si es verdad que duele

Sí, es verdad que duele cuando los brotes se abren.
¿Qué otro motivo hay para que la primavera dude?
¿Por qué tiene que estar atada toda nuestra ardiente espera
al pálido helor amargado?
El refugio durante el invierno fue el capullo.
¿Qué novedad es esa que consume y estalla?
Sí, es verdad que duele cuando los capullos se abren.
Dolor para lo que crece
y lo que constriñe.
(…)


Karin Boye (Gotemburgo, 26 de octubre de 1900-Alingsås, 23 de abril de 1941) fue una poeta y novelista sueca. En 1932, tras la ruptura de su matrimonio, tuvo una relación con Gunnel Bergström, la esposa del poeta Gunnar Ekelöf. Se suicidó en 1941.


A la belleza

Cuando nuestros dioses caen
y estamos solos en medio de las ruinas,
sin suelo ya para nuestros pies,
como esferas en el espacio,
entonces te vislumbramos un instante a ti, alta Belleza.
Entonces, sólo entonces,
tan estricta como el fuego nos lanzas palabras de consuelo:
«Aunque todo caiga, yo permanezco».
¡Oh quédate, quédate, tú sagrada,
y salva mi alma
de la mentira de una pena sin medida!

***

Si esta vida es la única…

¡Si esta vida es la única…!
Oh estas horas tan cortas…
Una hora, ¡cuánto puede dar de sí una hora!
Los hondos manantiales de los que aún no ha bebido nadie,
las inmensidades de luz que nadie ha sondeado,
esperan tras nuestro destino.
Y nosotros dormitamos, indolentes, en la cobardía.
Oh estas horas tan cortas…
¡Tú, mundo de posibilidades ocultas,
tú, Dios en devenir,
danos valentía y devoción,
una voluntad pura,
e invítanos a la aventura del espíritu!

***

Dedicatoria (6)

Todo, todo lo que yo poseía
era más tuyo que mío.
Todo lo más hermoso que yo quería
era tuyo, tuyo, tuyo.
Hablé contigo en voz alta
de lo que nadie en el mundo sabe.
En infinitos caminos
fuiste mi soledad.
Cada vez que yacía yo despierta en la noche
y no pensaba en nada,
te respiraba, te sentía a ti, a ti.
Estabas alrededor.
La vida es algo sin vida
si tú no estás allí.
El mundo es una inmensa cáscara
sin ninguna semilla dentro.

***

Mi piel está llena de mariposas

Mi piel está llena de mariposas, de alas de mariposas;
revolotean sobre los campos y disfrutan de su miel
y vuelven aleteando a casa y mueren en pequeños y tristes espasmos,
y ni un solo grano de polen perturban sus pies ligeros.
Para ellas existe el sol, caliente, inmensurable, más antiguo que el tiempo mismo…
Pero bajo la piel y la sangre y dentro de mi médula
se mueven pesada, pesadamente águilas marinas capturadas,
de anchas alas, que nunca dejan escapar su presa.
¿Cómo sería vuestro tumulto, alguna vez, en la tormenta primaveral del mar?
¿Cómo sería vuestro grito si el sol pusiera al rojo vivo sus ojos amarillos?
¡Cerrada está la gruta! ¡Cerrada está la gruta!
Y entre las garras se retuercen, blancas como plantas de un sótano,
mis más íntimas fibras.

***

Eres la resurrección de mi alma

Eres la resurrección de mi alma
al éxtasis de la realidad:
que el aire me toque, caliente como el fuego,
y aparezca como un mar de cristal
o la fuerza de mis ojos,
que los adormecidos perciban
cómo todos los colores se extienden, llameando,
en un ebrio fulgor.
Eres la fortaleza de mi voluntad,
me das una fuerza
para esperar y para actuar
como nunca había tenido.
Sí, el hambre de mi mente,
que me instiga y me persigue,
está ahí para proporcionarte
cada día un regocijo.
Eres la madurez de mi vida.
Me haces estar completa.
Desde mi pasado se reúne ahora
cada fibra, cada mínima parte.
Por cien caminos distintos
he caminado y buscado.
Ahora se encuentran. Hacia ti
he vivido.

https://queridobartleby.es/karin-boye-poesia/
 
Última edición:
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Karin Boye es la niña triste de la poesía sueca, la incomprendida, la menospreciada, la que se enamora de quien no debe, la que es castigada por la severa pluma del marido abandonado y despechado. Aclaremos: abandonado por otra mujer para amarla a ella, lo que es un puñetazo doble a la sociedad de la época.

Nació con el siglo, sí, el veinte aquel, que es hoy ya siglo viejo. Cuando en 1900 nace Karin Boye es todo tremendamente nuevo, llegan juntas todas las maravillas: la luz, el teléfono, el tranvía. ¿Cómo sería el Gotemburgo de aquellos años, vistos por los ojos inquietos de la niña que se convertiría en una de las mejores poetas del siglo? ¿Y tendría tiempo para verlo? Dicen que se la pasaba pintando, encuadernando libros con sus pequeñas manos, escribiendo largos cuadernos de poesía para su abuelo, leyendo lo que escribían otros.

Temprano, Karin lee a Joyce. Aprende de esa lectura a manejar la prosa lírica, que luego sería el estilo que usaría para su novela Kallocaín. En Joyce reposa, queda prendada de ese fluir de las palabras. ¡Ah, tan bien ensartadas, que quiere escribir así! Por eso Karin traduce al irlandés, nos regala la mejor traducción de Joyce que existe en idioma sueco. Es poeta pero quiere encontrar música en la prosa, para ella es la escritura liberación y juego. Cuando escribe y traduce se entrega siempre demasiado, para ella todo suena y resuena, bebe de su extrañamiento. En sus versos es más Karin que nunca, baila entre sus dedos una palabra dura de mujer pequeña.

A Karin le duele todo, los brotes del árbol que despierta al fin de su letargo, la primavera aún en ciernes, su sexo despuntando inquieto al deseo. Y a Karin le duele, más que nada, que la ninguneen, que no le reconozcan su talento, que tenga que defenderse por ser diferente. Por eso un día, cansada y muy golpeada por la culpa, un día muy triste de sus escasos cuarenta años, Karin acaba con el martirio. Se toma todos los somníferos que encuentra y se queda dormida junto a una roca alta y lejana. Niña dormida en una ladera, así dice adiós a este mundo. Se va por fin, para poder ser Karin, más Karin que nunca, Karin ya para siempre.


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Una fantasía budista

Se ha abierto el portón del mundo.
Desde lo alto del gran arco observo
y lo que veo es infinitamente grande,
ninguna vista es tan interminable.
Cuán profundo veo, qué tan lejos veo,
los ojos se aferran ya, a nada.
Todo lo que un día supe no existe
ni grande, ni pequeño… ni vida, ni muerte.
Un sólo paso en el Camino sin huellas,
de golpe me fue vedado el retorno
¿Nos apresuramos? ¡Ven, sígueme!
¡Todos los portones del mundo estallan!

Un amplio silencio

Suavemente se expandía el silencio como soleado bosque de invierno.
¿Cómo se doblegó mi voluntad de tan servil manera?
En mi mano latía un cuenco de vidrio sonoro.
De repente, mi pie se volvió temeroso y no rechazó la huida.
Mi mano se volvió cautelosa y ni siquiera pudo ya temblar.
Entonces me volví abundante. Fui atrapada por la fuerza de las cosas frágiles.

Memoria

Tranquila, quiero agradecer a mi destino:
pues nunca lo perdí del todo
Así como la perla crece en la concha,
así dentro de mí
creció dulce la entraña
Si un día te olvido
serás sangre de mi sangre,
siempre uno conmigo
tú, la ofrenda de los dioses.


Si es verdad que duele

Sí, es verdad que duele cuando los brotes se abren.
¿Qué otro motivo hay para que la primavera dude?
¿Por qué tiene que estar atada toda nuestra ardiente espera
al pálido helor amargado?
El refugio durante el invierno fue el capullo.
¿Qué novedad es esa que consume y estalla?
Sí, es verdad que duele cuando los capullos se abren.
Dolor para lo que crece
y lo que constriñe.
(…)


Karin Boye (Gotemburgo, 26 de octubre de 1900-Alingsås, 23 de abril de 1941) fue una poeta y novelista sueca. En 1932, tras la ruptura de su matrimonio, tuvo una relación con Gunnel Bergström, la esposa del poeta Gunnar Ekelöf. Se suicidó en 1941.


A la belleza

Cuando nuestros dioses caen
y estamos solos en medio de las ruinas,
sin suelo ya para nuestros pies,
como esferas en el espacio,
entonces te vislumbramos un instante a ti, alta Belleza.
Entonces, sólo entonces,
tan estricta como el fuego nos lanzas palabras de consuelo:
«Aunque todo caiga, yo permanezco».
¡Oh quédate, quédate, tú sagrada,
y salva mi alma
de la mentira de una pena sin medida!

***

Si esta vida es la única…

¡Si esta vida es la única…!
Oh estas horas tan cortas…
Una hora, ¡cuánto puede dar de sí una hora!
Los hondos manantiales de los que aún no ha bebido nadie,
las inmensidades de luz que nadie ha sondeado,
esperan tras nuestro destino.
Y nosotros dormitamos, indolentes, en la cobardía.
Oh estas horas tan cortas…
¡Tú, mundo de posibilidades ocultas,
tú, Dios en devenir,
danos valentía y devoción,
una voluntad pura,
e invítanos a la aventura del espíritu!

***

Dedicatoria (6)

Todo, todo lo que yo poseía
era más tuyo que mío.
Todo lo más hermoso que yo quería
era tuyo, tuyo, tuyo.
Hablé contigo en voz alta
de lo que nadie en el mundo sabe.
En infinitos caminos
fuiste mi soledad.
Cada vez que yacía yo despierta en la noche
y no pensaba en nada,
te respiraba, te sentía a ti, a ti.
Estabas alrededor.
La vida es algo sin vida
si tú no estás allí.
El mundo es una inmensa cáscara
sin ninguna semilla dentro.

***

Mi piel está llena de mariposas

Mi piel está llena de mariposas, de alas de mariposas;
revolotean sobre los campos y disfrutan de su miel
y vuelven aleteando a casa y mueren en pequeños y tristes espasmos,
y ni un solo grano de polen perturban sus pies ligeros.
Para ellas existe el sol, caliente, inmensurable, más antiguo que el tiempo mismo…
Pero bajo la piel y la sangre y dentro de mi médula
se mueven pesada, pesadamente águilas marinas capturadas,
de anchas alas, que nunca dejan escapar su presa.
¿Cómo sería vuestro tumulto, alguna vez, en la tormenta primaveral del mar?
¿Cómo sería vuestro grito si el sol pusiera al rojo vivo sus ojos amarillos?
¡Cerrada está la gruta! ¡Cerrada está la gruta!
Y entre las garras se retuercen, blancas como plantas de un sótano,
mis más íntimas fibras.

***

Eres la resurrección de mi alma

Eres la resurrección de mi alma
al éxtasis de la realidad:
que el aire me toque, caliente como el fuego,
y aparezca como un mar de cristal
o la fuerza de mis ojos,
que los adormecidos perciban
cómo todos los colores se extienden, llameando,
en un ebrio fulgor.
Eres la fortaleza de mi voluntad,
me das una fuerza
para esperar y para actuar
como nunca había tenido.
Sí, el hambre de mi mente,
que me instiga y me persigue,
está ahí para proporcionarte
cada día un regocijo.
Eres la madurez de mi vida.
Me haces estar completa.
Desde mi pasado se reúne ahora
cada fibra, cada mínima parte.
Por cien caminos distintos
he caminado y buscado.
Ahora se encuentran. Hacia ti
he vivido.

Gracias por compartir, no conocía a esta poeta y lo que he leído me ha gustado mucho. Un abrazo con la pluma del alma
 
Gracias por compartir, no conocía a esta poeta y lo que he leído me ha gustado mucho. Un abrazo con la pluma del alma
Gracias a ti José, por acercarte a leer. Yo también creo que es una excelente poeta y en la dirección que dejo debajo,encontrarás más poesía, al viento, al verano, al árbol...me encantó.
Un abrazo, Poeta.
Isabel
 
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Karin Boye es la niña triste de la poesía sueca, la incomprendida, la menospreciada, la que se enamora de quien no debe, la que es castigada por la severa pluma del marido abandonado y despechado. Aclaremos: abandonado por otra mujer para amarla a ella, lo que es un puñetazo doble a la sociedad de la época.

Nació con el siglo, sí, el veinte aquel, que es hoy ya siglo viejo. Cuando en 1900 nace Karin Boye es todo tremendamente nuevo, llegan juntas todas las maravillas: la luz, el teléfono, el tranvía. ¿Cómo sería el Gotemburgo de aquellos años, vistos por los ojos inquietos de la niña que se convertiría en una de las mejores poetas del siglo? ¿Y tendría tiempo para verlo? Dicen que se la pasaba pintando, encuadernando libros con sus pequeñas manos, escribiendo largos cuadernos de poesía para su abuelo, leyendo lo que escribían otros.

Temprano, Karin lee a Joyce. Aprende de esa lectura a manejar la prosa lírica, que luego sería el estilo que usaría para su novela Kallocaín. En Joyce reposa, queda prendada de ese fluir de las palabras. ¡Ah, tan bien ensartadas, que quiere escribir así! Por eso Karin traduce al irlandés, nos regala la mejor traducción de Joyce que existe en idioma sueco. Es poeta pero quiere encontrar música en la prosa, para ella es la escritura liberación y juego. Cuando escribe y traduce se entrega siempre demasiado, para ella todo suena y resuena, bebe de su extrañamiento. En sus versos es más Karin que nunca, baila entre sus dedos una palabra dura de mujer pequeña.

A Karin le duele todo, los brotes del árbol que despierta al fin de su letargo, la primavera aún en ciernes, su sexo despuntando inquieto al deseo. Y a Karin le duele, más que nada, que la ninguneen, que no le reconozcan su talento, que tenga que defenderse por ser diferente. Por eso un día, cansada y muy golpeada por la culpa, un día muy triste de sus escasos cuarenta años, Karin acaba con el martirio. Se toma todos los somníferos que encuentra y se queda dormida junto a una roca alta y lejana. Niña dormida en una ladera, así dice adiós a este mundo. Se va por fin, para poder ser Karin, más Karin que nunca, Karin ya para siempre.


images



Una fantasía budista

Se ha abierto el portón del mundo.
Desde lo alto del gran arco observo
y lo que veo es infinitamente grande,
ninguna vista es tan interminable.
Cuán profundo veo, qué tan lejos veo,
los ojos se aferran ya, a nada.
Todo lo que un día supe no existe
ni grande, ni pequeño… ni vida, ni muerte.
Un sólo paso en el Camino sin huellas,
de golpe me fue vedado el retorno
¿Nos apresuramos? ¡Ven, sígueme!
¡Todos los portones del mundo estallan!

Un amplio silencio

Suavemente se expandía el silencio como soleado bosque de invierno.
¿Cómo se doblegó mi voluntad de tan servil manera?
En mi mano latía un cuenco de vidrio sonoro.
De repente, mi pie se volvió temeroso y no rechazó la huida.
Mi mano se volvió cautelosa y ni siquiera pudo ya temblar.
Entonces me volví abundante. Fui atrapada por la fuerza de las cosas frágiles.

Memoria

Tranquila, quiero agradecer a mi destino:
pues nunca lo perdí del todo
Así como la perla crece en la concha,
así dentro de mí
creció dulce la entraña
Si un día te olvido
serás sangre de mi sangre,
siempre uno conmigo
tú, la ofrenda de los dioses.


Si es verdad que duele

Sí, es verdad que duele cuando los brotes se abren.
¿Qué otro motivo hay para que la primavera dude?
¿Por qué tiene que estar atada toda nuestra ardiente espera
al pálido helor amargado?
El refugio durante el invierno fue el capullo.
¿Qué novedad es esa que consume y estalla?
Sí, es verdad que duele cuando los capullos se abren.
Dolor para lo que crece
y lo que constriñe.
(…)


Karin Boye (Gotemburgo, 26 de octubre de 1900-Alingsås, 23 de abril de 1941) fue una poeta y novelista sueca. En 1932, tras la ruptura de su matrimonio, tuvo una relación con Gunnel Bergström, la esposa del poeta Gunnar Ekelöf. Se suicidó en 1941.


A la belleza

Cuando nuestros dioses caen
y estamos solos en medio de las ruinas,
sin suelo ya para nuestros pies,
como esferas en el espacio,
entonces te vislumbramos un instante a ti, alta Belleza.
Entonces, sólo entonces,
tan estricta como el fuego nos lanzas palabras de consuelo:
«Aunque todo caiga, yo permanezco».
¡Oh quédate, quédate, tú sagrada,
y salva mi alma
de la mentira de una pena sin medida!

***

Si esta vida es la única…

¡Si esta vida es la única…!
Oh estas horas tan cortas…
Una hora, ¡cuánto puede dar de sí una hora!
Los hondos manantiales de los que aún no ha bebido nadie,
las inmensidades de luz que nadie ha sondeado,
esperan tras nuestro destino.
Y nosotros dormitamos, indolentes, en la cobardía.
Oh estas horas tan cortas…
¡Tú, mundo de posibilidades ocultas,
tú, Dios en devenir,
danos valentía y devoción,
una voluntad pura,
e invítanos a la aventura del espíritu!

***

Dedicatoria (6)

Todo, todo lo que yo poseía
era más tuyo que mío.
Todo lo más hermoso que yo quería
era tuyo, tuyo, tuyo.
Hablé contigo en voz alta
de lo que nadie en el mundo sabe.
En infinitos caminos
fuiste mi soledad.
Cada vez que yacía yo despierta en la noche
y no pensaba en nada,
te respiraba, te sentía a ti, a ti.
Estabas alrededor.
La vida es algo sin vida
si tú no estás allí.
El mundo es una inmensa cáscara
sin ninguna semilla dentro.

***

Mi piel está llena de mariposas

Mi piel está llena de mariposas, de alas de mariposas;
revolotean sobre los campos y disfrutan de su miel
y vuelven aleteando a casa y mueren en pequeños y tristes espasmos,
y ni un solo grano de polen perturban sus pies ligeros.
Para ellas existe el sol, caliente, inmensurable, más antiguo que el tiempo mismo…
Pero bajo la piel y la sangre y dentro de mi médula
se mueven pesada, pesadamente águilas marinas capturadas,
de anchas alas, que nunca dejan escapar su presa.
¿Cómo sería vuestro tumulto, alguna vez, en la tormenta primaveral del mar?
¿Cómo sería vuestro grito si el sol pusiera al rojo vivo sus ojos amarillos?
¡Cerrada está la gruta! ¡Cerrada está la gruta!
Y entre las garras se retuercen, blancas como plantas de un sótano,
mis más íntimas fibras.

***

Eres la resurrección de mi alma

Eres la resurrección de mi alma
al éxtasis de la realidad:
que el aire me toque, caliente como el fuego,
y aparezca como un mar de cristal
o la fuerza de mis ojos,
que los adormecidos perciban
cómo todos los colores se extienden, llameando,
en un ebrio fulgor.
Eres la fortaleza de mi voluntad,
me das una fuerza
para esperar y para actuar
como nunca había tenido.
Sí, el hambre de mi mente,
que me instiga y me persigue,
está ahí para proporcionarte
cada día un regocijo.
Eres la madurez de mi vida.
Me haces estar completa.
Desde mi pasado se reúne ahora
cada fibra, cada mínima parte.
Por cien caminos distintos
he caminado y buscado.
Ahora se encuentran. Hacia ti
he vivido.

https://queridobartleby.es/karin-boye-poesia/
Pensé elegir cual me gustaba más y terminó gustandome todas.
Gracias por compartir.

Saludos
 
karin-boyl.jpg


Karin Boye es la niña triste de la poesía sueca, la incomprendida, la menospreciada, la que se enamora de quien no debe, la que es castigada por la severa pluma del marido abandonado y despechado. Aclaremos: abandonado por otra mujer para amarla a ella, lo que es un puñetazo doble a la sociedad de la época.

Nació con el siglo, sí, el veinte aquel, que es hoy ya siglo viejo. Cuando en 1900 nace Karin Boye es todo tremendamente nuevo, llegan juntas todas las maravillas: la luz, el teléfono, el tranvía. ¿Cómo sería el Gotemburgo de aquellos años, vistos por los ojos inquietos de la niña que se convertiría en una de las mejores poetas del siglo? ¿Y tendría tiempo para verlo? Dicen que se la pasaba pintando, encuadernando libros con sus pequeñas manos, escribiendo largos cuadernos de poesía para su abuelo, leyendo lo que escribían otros.

Temprano, Karin lee a Joyce. Aprende de esa lectura a manejar la prosa lírica, que luego sería el estilo que usaría para su novela Kallocaín. En Joyce reposa, queda prendada de ese fluir de las palabras. ¡Ah, tan bien ensartadas, que quiere escribir así! Por eso Karin traduce al irlandés, nos regala la mejor traducción de Joyce que existe en idioma sueco. Es poeta pero quiere encontrar música en la prosa, para ella es la escritura liberación y juego. Cuando escribe y traduce se entrega siempre demasiado, para ella todo suena y resuena, bebe de su extrañamiento. En sus versos es más Karin que nunca, baila entre sus dedos una palabra dura de mujer pequeña.

A Karin le duele todo, los brotes del árbol que despierta al fin de su letargo, la primavera aún en ciernes, su sexo despuntando inquieto al deseo. Y a Karin le duele, más que nada, que la ninguneen, que no le reconozcan su talento, que tenga que defenderse por ser diferente. Por eso un día, cansada y muy golpeada por la culpa, un día muy triste de sus escasos cuarenta años, Karin acaba con el martirio. Se toma todos los somníferos que encuentra y se queda dormida junto a una roca alta y lejana. Niña dormida en una ladera, así dice adiós a este mundo. Se va por fin, para poder ser Karin, más Karin que nunca, Karin ya para siempre.


images



Una fantasía budista

Se ha abierto el portón del mundo.
Desde lo alto del gran arco observo
y lo que veo es infinitamente grande,
ninguna vista es tan interminable.
Cuán profundo veo, qué tan lejos veo,
los ojos se aferran ya, a nada.
Todo lo que un día supe no existe
ni grande, ni pequeño… ni vida, ni muerte.
Un sólo paso en el Camino sin huellas,
de golpe me fue vedado el retorno
¿Nos apresuramos? ¡Ven, sígueme!
¡Todos los portones del mundo estallan!

Un amplio silencio

Suavemente se expandía el silencio como soleado bosque de invierno.
¿Cómo se doblegó mi voluntad de tan servil manera?
En mi mano latía un cuenco de vidrio sonoro.
De repente, mi pie se volvió temeroso y no rechazó la huida.
Mi mano se volvió cautelosa y ni siquiera pudo ya temblar.
Entonces me volví abundante. Fui atrapada por la fuerza de las cosas frágiles.

Memoria

Tranquila, quiero agradecer a mi destino:
pues nunca lo perdí del todo
Así como la perla crece en la concha,
así dentro de mí
creció dulce la entraña
Si un día te olvido
serás sangre de mi sangre,
siempre uno conmigo
tú, la ofrenda de los dioses.


Si es verdad que duele

Sí, es verdad que duele cuando los brotes se abren.
¿Qué otro motivo hay para que la primavera dude?
¿Por qué tiene que estar atada toda nuestra ardiente espera
al pálido helor amargado?
El refugio durante el invierno fue el capullo.
¿Qué novedad es esa que consume y estalla?
Sí, es verdad que duele cuando los capullos se abren.
Dolor para lo que crece
y lo que constriñe.
(…)


Karin Boye (Gotemburgo, 26 de octubre de 1900-Alingsås, 23 de abril de 1941) fue una poeta y novelista sueca. En 1932, tras la ruptura de su matrimonio, tuvo una relación con Gunnel Bergström, la esposa del poeta Gunnar Ekelöf. Se suicidó en 1941.


A la belleza

Cuando nuestros dioses caen
y estamos solos en medio de las ruinas,
sin suelo ya para nuestros pies,
como esferas en el espacio,
entonces te vislumbramos un instante a ti, alta Belleza.
Entonces, sólo entonces,
tan estricta como el fuego nos lanzas palabras de consuelo:
«Aunque todo caiga, yo permanezco».
¡Oh quédate, quédate, tú sagrada,
y salva mi alma
de la mentira de una pena sin medida!

***

Si esta vida es la única…

¡Si esta vida es la única…!
Oh estas horas tan cortas…
Una hora, ¡cuánto puede dar de sí una hora!
Los hondos manantiales de los que aún no ha bebido nadie,
las inmensidades de luz que nadie ha sondeado,
esperan tras nuestro destino.
Y nosotros dormitamos, indolentes, en la cobardía.
Oh estas horas tan cortas…
¡Tú, mundo de posibilidades ocultas,
tú, Dios en devenir,
danos valentía y devoción,
una voluntad pura,
e invítanos a la aventura del espíritu!

***

Dedicatoria (6)

Todo, todo lo que yo poseía
era más tuyo que mío.
Todo lo más hermoso que yo quería
era tuyo, tuyo, tuyo.
Hablé contigo en voz alta
de lo que nadie en el mundo sabe.
En infinitos caminos
fuiste mi soledad.
Cada vez que yacía yo despierta en la noche
y no pensaba en nada,
te respiraba, te sentía a ti, a ti.
Estabas alrededor.
La vida es algo sin vida
si tú no estás allí.
El mundo es una inmensa cáscara
sin ninguna semilla dentro.

***

Mi piel está llena de mariposas

Mi piel está llena de mariposas, de alas de mariposas;
revolotean sobre los campos y disfrutan de su miel
y vuelven aleteando a casa y mueren en pequeños y tristes espasmos,
y ni un solo grano de polen perturban sus pies ligeros.
Para ellas existe el sol, caliente, inmensurable, más antiguo que el tiempo mismo…
Pero bajo la piel y la sangre y dentro de mi médula
se mueven pesada, pesadamente águilas marinas capturadas,
de anchas alas, que nunca dejan escapar su presa.
¿Cómo sería vuestro tumulto, alguna vez, en la tormenta primaveral del mar?
¿Cómo sería vuestro grito si el sol pusiera al rojo vivo sus ojos amarillos?
¡Cerrada está la gruta! ¡Cerrada está la gruta!
Y entre las garras se retuercen, blancas como plantas de un sótano,
mis más íntimas fibras.

***

Eres la resurrección de mi alma

Eres la resurrección de mi alma
al éxtasis de la realidad:
que el aire me toque, caliente como el fuego,
y aparezca como un mar de cristal
o la fuerza de mis ojos,
que los adormecidos perciban
cómo todos los colores se extienden, llameando,
en un ebrio fulgor.
Eres la fortaleza de mi voluntad,
me das una fuerza
para esperar y para actuar
como nunca había tenido.
Sí, el hambre de mi mente,
que me instiga y me persigue,
está ahí para proporcionarte
cada día un regocijo.
Eres la madurez de mi vida.
Me haces estar completa.
Desde mi pasado se reúne ahora
cada fibra, cada mínima parte.
Por cien caminos distintos
he caminado y buscado.
Ahora se encuentran. Hacia ti
he vivido.

https://queridobartleby.es/karin-boye-poesia/
Que tragedia es tener que expresar con valentía todo un continente que se desborda pese a tanta hipocresía moral alrededor.
Un beso, Isabel.
 
Que tragedia es tener que expresar con valentía todo un continente que se desborda pese a tanta hipocresía moral alrededor.
Un beso, Isabel.
Asi, es, Sergio, a veces leyendo a muchas poetas casi desconocidas, y repasando sus biografías, me impacta mucho ver tanto dolor.
Preciosa definición:

"Niña dormida en una ladera, así dice adiós a este mundo. Se va por fin, para poder ser Karin, más Karin que nunca, Karin ya para siempre."


Un beso, Sergio
Isabel

 

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