Magigozartor Agatho
Poeta recién llegado
Me gustaria saber,
en que tipo de magia han sido iniciados vuestros ojos
para ser adepto a dicha doctrina y comprender a ciencia cierta,
el porque de tan gentil poder,
el como de posar a las orillas de los estanques de mi calma,
el cuando y el ¿por que? dibujaron aquel hechizo
en la capilla Sixtina de mis iconoclastas pensamientos.
Permiteme si es voluntad de los grandes magos,
Leer el grimorio para invocar a ese demonio que emerge del perianto,
Coloca la constelación de Cassiopeia en un paisaje pintoresco
Sobre los papeles en los que te escriba.
Quiero saber de que libro renacentista habrá emergido descripción
similar a la de vuestra mirada, de donde brota ese soneto que hizo bailar a un maniquí
sobre una mesa vieja donde se servían el te los fantasmas,
como aplaudiste para que bajase del escenario un arlequín y se desmaquillara los ojos.
Despojaron aquellos magos de mi toda vergüenza, pero no comprendo
La osada timidez que me invade, cuando trato de observar sus capas
Orgullosamente verdes,
Quisiera saber si del cielo o del infierno es dicho arte,
Para saber si hacer sacrificio o hacer bondad.
O caminar descalzo a través un pasillo ajedrezado,
Y esperar a que tu voz exclame jaque mate,
Con una torre cerca del rey.
Dime, o es preferible que yo mismo lo averigüe,
Como hicieron los cuervos aquella surrealista noche,
Para arrancar fragmentos de la luna y llevárselos entre sus picos,
Hacia algún lugar que los cosmopolita desconocen,
Dejarme encerrado en una silvestre oscuridad
contemplando el lienzo verde que los prodigiosos magos,
dibujaron al fatigado réquiem de mis pensamientos.
In excelsi, in excelsi dementia.
Citare a todos los escritores
Y brujos contemporáneos, a una elegante cena servida en el cementerio clandestino de la incertidumbre, Que sean optimistas, les pediré, porque dicha doctrina no puede ser enseñada, ni descrita, ni narrada, mucho menos tocada.
Pero si
en que tipo de magia han sido iniciados vuestros ojos
para ser adepto a dicha doctrina y comprender a ciencia cierta,
el porque de tan gentil poder,
el como de posar a las orillas de los estanques de mi calma,
el cuando y el ¿por que? dibujaron aquel hechizo
en la capilla Sixtina de mis iconoclastas pensamientos.
Permiteme si es voluntad de los grandes magos,
Leer el grimorio para invocar a ese demonio que emerge del perianto,
Coloca la constelación de Cassiopeia en un paisaje pintoresco
Sobre los papeles en los que te escriba.
Quiero saber de que libro renacentista habrá emergido descripción
similar a la de vuestra mirada, de donde brota ese soneto que hizo bailar a un maniquí
sobre una mesa vieja donde se servían el te los fantasmas,
como aplaudiste para que bajase del escenario un arlequín y se desmaquillara los ojos.
Despojaron aquellos magos de mi toda vergüenza, pero no comprendo
La osada timidez que me invade, cuando trato de observar sus capas
Orgullosamente verdes,
Quisiera saber si del cielo o del infierno es dicho arte,
Para saber si hacer sacrificio o hacer bondad.
O caminar descalzo a través un pasillo ajedrezado,
Y esperar a que tu voz exclame jaque mate,
Con una torre cerca del rey.
Dime, o es preferible que yo mismo lo averigüe,
Como hicieron los cuervos aquella surrealista noche,
Para arrancar fragmentos de la luna y llevárselos entre sus picos,
Hacia algún lugar que los cosmopolita desconocen,
Dejarme encerrado en una silvestre oscuridad
contemplando el lienzo verde que los prodigiosos magos,
dibujaron al fatigado réquiem de mis pensamientos.
In excelsi, in excelsi dementia.
Citare a todos los escritores
Y brujos contemporáneos, a una elegante cena servida en el cementerio clandestino de la incertidumbre, Que sean optimistas, les pediré, porque dicha doctrina no puede ser enseñada, ni descrita, ni narrada, mucho menos tocada.
Pero si