Imaginando

spring

Sonriendo...
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Imaginando
Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite


 
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Imaginando
Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite

Jajjajjaajaj
Los interrumpieron en lo mejor.
Un beso, Mireya.
 
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Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite



La imaginación siempre irá un milenio adelante de la realidad :).
Pueblos chicos, historias inmensas...
Este tipo de relatos son muy necesarios en estos tiempos sombríos en los cuales la risa se vuelve bálsamo y un placer que puede elegirse, gracias a Dios.
Me agradó pasar por aquí mientras desayuno.
Un abrazo y una sonrisa de mañana.
 
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Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite

Buenos días
Cuanto vuela la imaginacion con tus letras
Me encantan
Un beso
 
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Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite

Muchas personas ven sus propios temores otros simplemente disfrutan su edad y picardías. Maravillosa prosa donde el misterio y el chisme son unen con gran maestría 3n este escrito. Felicitaciones Mireya por está exquisita obra, saludos Daniel
 
La imaginación siempre irá un milenio adelante de la realidad :).
Pueblos chicos, historias inmensas...
Este tipo de relatos son muy necesarios en estos tiempos sombríos en los cuales la risa se vuelve bálsamo y un placer que puede elegirse, gracias a Dios.
Me agradó pasar por aquí mientras desayuno.
Un abrazo y una sonrisa de mañana.

Es grato saber que tu desayuno estuvo acompañado de un poco de humor.
Gracias
Cecy, por estar aquí.
 
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Imaginando
Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite

Me encanta. Una buena sorpresa para tanto fisgón de vida vacía que tiene que llenar su existencia con la actividad de los demás.
Muy acertado y una buena aventura.
Un saludo.
 
Me encanta. Una buena sorpresa para tanto fisgón de vida vacía que tiene que llenar su existencia con la actividad de los demás.
Muy acertado y una buena aventura.
Un saludo.


Estimado Luis me complace sea de tu agrado esta historia, que pretende encausar la risa y por supuesto la imaginación.
Muchas gracias por la gentileza de tu visita y comentario.
Saludinesss
 
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Llegada la nochecita fui por una taza de café y ¡Qué pena!, se derramó porque no vi bien la taza, no había luz eléctrica, me serví otra y me dispuse a mirar las sombras desde mi pequeño balcón. Allá no tan lejos divisé una luz sigilosa que se acercaba al bulto de la iglesia. Seguí atenta la tenue luz mientras ojeaba otros laberintos de la oscurana que ya se hacía más intensa, de imprevisto se proyectaron unas enormes siluetas en el muro de la capilla.

Otros vecinos al igual que yo, estaban de espectadores de la escena, los móviles empezaron a sonar ¡plín!, ¡tín!, ¡clín! Entre las especulaciones no faltó quien dijera que eran los santos que salieron a tomar la fresca, un grupito de inquisidores juraban eran brujitas fumando tabaco, la mayoría pensó era una pareja besa que besa, otros tantos insistían en llamar a la policía porque esos eran malhechores intentando robar en el santo recinto.

El suspenso se hacía insostenible porque la pequeña luz se desvanecía y elevaba de pronto, los gatos maullaban y un ave dantesca aleteaba entre los árboles. Dos valerosos, aunque con rosario por collar y un spray de agua bendita se fueron acercando por entre los mogotes del jardín, uno aseguraban eran dos personas haciendo el amor por la posición angulada de las piernas, el otro decía que iban a robar porque golpeaban la pared con una enorme palanca y que tal vez invocaron los espíritus vagos porque danzaban alrededor de una especie de flama.

De la nada aparecieron dos motos con silenciadores y cuatro policías armados.
¡Alto ahí! ¡Manos arriba!, ¡zúas! Llegó la luz. Eran dos viejitos que al igual que los santos salieron a tomar la fresca, a recordar bajo la luna anécdotas del monte, donde no había luz eléctrica, y con suerte se poseía un chompín y un tronco delgado como garrote protector con el cual golpeaban hasta a un cojo si no lo reconocían, previniendo fuese un animal que los tuviese de presa. Por eso golpeaban la pared del templo jactándose de sus hazañas en narraciones caricaturescas.

Los viejitos:
-¿Qué se están imaginando? ¡Cabezas de ñame!
-Sí, vagabundos, ociosos de oficio. Aquí estos dos viejos celebramos lo que ustedes no han vivido, por eso están ojones en los balcones quejándose del mal servicio eléctrico, tomándose un café con la vida en un hilo.
Los policías:
-Vamos maestros les acompañamos a sus aposentos.
Los viejitos:
-Que acompañar ni que ocho cuartos, acaso vos nos trajiste.
Los policías:
Disculpen caballeros, sabemos son capaces de regresar solos y mucho más, por ello queremos asegurarnos que el vecindario duerna.


Chompín: especie de lámpara artesanal hecha con un envase de lata que tenía la parte superior en forma de cono, donde iba una mecha que se encendía gracias a que se llenaba el envase de kerosene o aceite

Muchas expresiones me hicieron viajar hasta nuestro dialecto y provocar sonrisas con este par de viejitos. Sabios querida, muy sabios, más que mil tecnologías. La cuestión es que plop! los agarraron con las manos en la.....
Me encantó Mireya!!!
Un abrazo mi niña por el buen rato.
Camelia
 
¡Buen relato spring!, una estupenda descripción del vecindario ocioso y del paisaje, después de tantas teorías y especulaciones respecto a las sombras en movimiento por la falta de alumbrado urbano, los viejecitos quedan en evidencia y los envían para casa por alteración del orden público. me ha encantado:)
Saludos y feliz tarde
 
Muchas expresiones me hicieron viajar hasta nuestro dialecto y provocar sonrisas con este par de viejitos. Sabios querida, muy sabios, más que mil tecnologías. La cuestión es que plop! los agarraron con las manos en la.....
Me encantó Mireya!!!
Un abrazo mi niña por el buen rato.
Camelia

Camy, me complace que el relato te permita estar entre paisanos disfrutando de nuestra ocurrencias.
Un gran abrazo y gracias por llegar hasta aquí.
 
¡Buen relato spring!, una estupenda descripción del vecindario ocioso y del paisaje, después de tantas teorías y especulaciones respecto a las sombras en movimiento por la falta de alumbrado urbano, los viejecitos quedan en evidencia y los envían para casa por alteración del orden público. me ha encantado:)
Saludos y feliz tarde


Hola Valentina, gracias por la compañía y motivación.
Me alegra te haya gustado, saludos cordiales.
 

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