Walter René
Poeta recién llegado
Dicen que el diablo es mujer, yo lo confirmé hace unos meses, pero este diablo tenía corazón, muy escondido pero había. A mí me agrada el lenguaje sutil que utilizan las mujeres: sus modestas demostraciones de interés, sus recatadas formas de decir "me importás", sus gestos y ademanes y esas cosas. Sucede que soy muy ciego o muy tosco y a veces paso por alto ciertas pistas que ellas van dejando en el camino o al contrario, a veces interpreto pequeños detalles como carnadas para la presa cuando en realidad son simples actos de rutina. Hay una tercera norma que rige mi via amoris: por apresurado he perdido. Qué diablos, tengo una personalidad hiperactiva y eso de andar metiéndole paja al terreno se me hace una pérdida de tiempo: si quieren, quieren, las ventajas de estar a mi lado las van a conocer en su debido momento. Pues este diablo era la mar de contradicciones. Me dejaba perplejo luego de las charlas, yo no sabía si para llegar a Roma había que irse por la izquierda o por la derecha. Como buen desafiante y complicado, me fui por la izquierda. Hace mucho que aprecio más la comunicación que el sexo, táchenme de homosexual, de asexual, de sentimental y lo que quieran pero son mis gustos. Con ella solíamos tener una comunicación que rayaba en lo excelente, lástima que muy pronto nos perdimos la confianza. Jugamos a hacernos los intelectuales y descuidamos el lado fraterno y cordial que toda próspera relación debe tener. Obviamente ella para nada facilitó el juego, entonces yo me veía ante descargas de adrenalina y otras veces perplejo ante determinada situación que había que interpretar de la mejor forma sin ayuda alguna. Repito: yo para mis formas soy tosco y carezco de esa brújula innata que poseen la mayoría de conquistadores para acertar ciertas frases o ciertas acciones que concederán los favores de la Julieta en turno. Al final, lo que antes era motivo de interés, se fue volviendo motivo de fastidio. Dejé de ser el tipo avivado a ser el tipo gruñón por cada acción de su parte. Concedido: mujer tan inteligente y complicada como ella no había conocido, una gran escuela. Hoy que ya el tiempo hizo estragos en el corazón o en la calentura y ella está más lejos que una erección después de los sesenta, toca la debida carta. Me agrada despedirme con un pequeño papel, lo más romántico que se pueda con un toque de resentimiento para que digan "él sí la amó". La mera verdad yo no he amado y tal vez esa palabra es una más que se suma al imaginario metafísico del catálogo cristiano pero me gusta usarla, con el tiempo uno se la termina creyendo. En algunas ocasiones dejo una que otra carta regada por acá o por allá o tengo la manía de regalarlas a chicas desconocidas, entretiene saber de que alguna persona ajena a mi mundo reciba unas líneas de un tipo que hasta hace unos segundos era inexistente, pues hoy le toca a ella, sigue siendo una desconocida para mí y a guisa de despedida, le regalo estas letras. Parece que ya estoy desvariando y esta carta sólo quiere decirle a distancia
"sigo caminando, mujer, el tiempo que la vida me dio para descansar a tu lado concluyó hace un rato". Permiso, voy al baño.
"sigo caminando, mujer, el tiempo que la vida me dio para descansar a tu lado concluyó hace un rato". Permiso, voy al baño.