licprof
Poeta fiel al portal
por aquel entonces, el sexo, la actividad sexual fue, verdaderamente, una adicciòn en mi vida, un vicio del que no podìa escapar:
primero habìa sido el tabaquismo durante años, los videojuegos, las màquinas de ìndole diversa, despuès, la lectura de libros,
durante años, durante dècadas, el alcohol por un tiempo, no muy extenso felizmente, y ahora, la maldita acciòn sexual,
la prostituciòn con toda clase de mujeres (independientes por supuesto, presuntamente) a cambio de honorarios razonables
pero que se iban acumulando escandalosamente, poniendo en riesgo mis ya endebles finanzas, en medio de la pandemia màs
feroz que habìa vivido la humanidad entera desde la peste negra a esta parte, y yo, estùpidamente, no hacìa otra cosa que
encamarme con una mujer atràs de la otra o con varias al mismo tiempo, en medio de la màs terrible crisis mundial econòmica
desde 1929 o 1973 o 1989 o 2001 a esta parte: mientras la hambruna causaba estragos en gran parte de la poblacìòn, junto con
el desempleo masivo, la desocupaciòn estructural y otras calamidades similares como ser, por ejemplo, el incremento desorbitado
de la delincuencia, los secuestros extorsivos màs precisamente, etcètera, yo, quien esto escribe, no podìa evitar acostarme con
toda clase de meretrices y hetairas, como si se tratara del fin del mundo, como si estuvièramos al borde del apocalipsis o
el diluvio que viene, o simplemente el acabòse: como si lo tanàtico, el sentimiento de la muerte, me empujara como una fuerza
fìsica irresistible a entregarme a las fantasìas sexuales màs desenfrenadas y cursis: acostarme con 2 o 3 damas al mismo tiempo
como si con una sola no bastara, o llamar por telèfono en medio de la noche y preguntar inquisitivamente: hola, prostìbulo?
primero habìa sido el tabaquismo durante años, los videojuegos, las màquinas de ìndole diversa, despuès, la lectura de libros,
durante años, durante dècadas, el alcohol por un tiempo, no muy extenso felizmente, y ahora, la maldita acciòn sexual,
la prostituciòn con toda clase de mujeres (independientes por supuesto, presuntamente) a cambio de honorarios razonables
pero que se iban acumulando escandalosamente, poniendo en riesgo mis ya endebles finanzas, en medio de la pandemia màs
feroz que habìa vivido la humanidad entera desde la peste negra a esta parte, y yo, estùpidamente, no hacìa otra cosa que
encamarme con una mujer atràs de la otra o con varias al mismo tiempo, en medio de la màs terrible crisis mundial econòmica
desde 1929 o 1973 o 1989 o 2001 a esta parte: mientras la hambruna causaba estragos en gran parte de la poblacìòn, junto con
el desempleo masivo, la desocupaciòn estructural y otras calamidades similares como ser, por ejemplo, el incremento desorbitado
de la delincuencia, los secuestros extorsivos màs precisamente, etcètera, yo, quien esto escribe, no podìa evitar acostarme con
toda clase de meretrices y hetairas, como si se tratara del fin del mundo, como si estuvièramos al borde del apocalipsis o
el diluvio que viene, o simplemente el acabòse: como si lo tanàtico, el sentimiento de la muerte, me empujara como una fuerza
fìsica irresistible a entregarme a las fantasìas sexuales màs desenfrenadas y cursis: acostarme con 2 o 3 damas al mismo tiempo
como si con una sola no bastara, o llamar por telèfono en medio de la noche y preguntar inquisitivamente: hola, prostìbulo?