"HIPOCRESIA DEL 15 DE SEPTIEMBRE"
Praderas de la sierra, tu verdor se va marchitando, tu verdor se extingue día a día.
Las nubes blancas de mi cielo se tornan grises y oscuras, anunciando una cruel tormenta y quizá provoque inundaciones.
Flor de Nochebuena, tu característico rojo se ha ido deslavando, tu color que recuerda a la sangre derramada de miles de mexicanos, se ha ido decolorando.
Mi independencia, mi patria y mi libertad ¿Qué le pasa en estos tiempos? Vida contemporánea, moderna, que olvida raíces étnicas, que festeja un mes patrio, lleno de algarabía, de disfrute sin entendimiento de las glorias del pasado, un festejo rutinario y patético con tintes anglosajones, un grito conmemorativo que realiza un Presidente, un Gobernador o un Alcalde sin tener el menor conocimiento del simbolismo del grito de Dolores.
Hemos regresado al pasado sin darnos cuenta, estamos en el año de 1864, es el mes patrio, se festeja la independencia de México, se oye el tronar de la pólvora, se hacen obras teatrales donde solo la aristocracia asistirá, se excluye al pueblo, es el México de 1864.
Una farsa, una total hipocresía, ¿Cómo fue, que aquellos religiosos que predicaban el amor de Dios y el amor al prójimo, financiaron armamento y bendijeron la guerra para acabar con la república establecida, solo porque las leyes de reforma les arrebato los privilegios tiranos del que gozaban?
Indígenas comiendo legumbres y tomando agua, viviendo en intentos de casas, vestidos de manera rustica con una jornada larga y un sueldo miserable, con vida religiosa y dando una limosna a los pies de una escultura en un altar lleno de oro y piezas valiosas donde iban a llorar sus penas y su pobreza, limosna que se iba directo al vaticano quitando la riqueza de nuestro país, o se usaba para financiar armas para el partido conservador, para provocar la guerra y volver a la tiranía y al despojo de nuestros bienes, de nuestra riqueza nacional.
Esa iglesia hipócrita, esa religión ególatra y criminal que intentaba monopolizar la fe y creía que solo ellos tenían el derecho de utilizar el nombre de Dios; no, no gente ignorante el nombre de Dios no está patentizado en ninguna religión.
Y aquellos políticos, militares y civiles conservadores, que levantaron sus copas con vino, brindando, festejando y gritando un viva México haciendo de nuestra fecha patriótica una blasfemia, una burla, una grotesca escena teatral.
Aclamando a un príncipe extranjero, conviviendo con las tropas francesas, dejándose deslumbrar por piel blanca, por vestidos suntuosos, camafeos y tiaras que vislumbraba la vanidad de la emperatriz Carlota Amalia de Bélgica.
No hubo necesidad de poner una alfombra roja para que desfilara su emperador, su rey, su dios humano; si esos clérigos y conservadores traidores de la patria, dejaron que su emperador pisoteara la dignidad y la sangre derramada de los Insurgentes, gloria y dignidad que se tiro sobre el suelo para que ahí desfilara el príncipe extranjero, produciendo un dolor a nuestra identidad.
Ahora imaginemos compatriotas, si en estos tiempos es nuestro Presidente de la república quien tomando la bandera mexicana en el palacio nacional, conmemora gritando ¡viva México!, dando honor a nuestra soberanía nacional, imaginemos ese acto pero con los conservadores, con la milicia de aquel entonces y los líderes religiosos, y a su emperador austriaco Maximiliano quien tomando nuestra bandera mexicana hace tal acto.
Qué vergüenza y que humillación, quita tus manos sucias de mi emblema tricolor, no manches la dignidad ni el orgullo de mi raza.
¿Cómo pudieron festejar la independencia que nos dejaran Allende, Hidalgo, Morelos, Guerrero e Iturbide?
Si dependían del imperio francés, si un extranjero, un austriaco los gobernaba y estaban custodiados por soldados franceses, con quienes fornicaron haciendo de nuestra independencia una asquerosa orgia, una deslealtad, eran similares a caracoles, babeando su camino, arrastrándose para llegar.
Algunos hijos de malinche y otros hijos de mama carlota que insisten en festejar un 15 de septiembre con ritmos que no recuerdan a nuestra nación, y enmudecen al jarabe, al huapango y al son.
Que hacen a un lado al indígena quien es portador de la sangre real y reciben con brazos abiertos al foráneo, al anglosajón.
Habla la voz de un indígena, que viviendo entre la milpa y la tierra fértil, donde la mazorca te pica el cuerpo, donde el maíz que comes se tiene que desgranar, que siguiendo el ejemplo de Juárez, no se limito al campo y metió letras a su mente, para no sufrir el escarnio del que me haces pasar tu el mexicano que se cree civilizado.
Tú el traidor de mi patria, saca el cobre de una vez, muéstrate tal cual eres, enseña la carroña que llevas dentro, quita esas tiras tricolores de papel picado y pon en su lugar franjas rojas y azules, llena de estrellas la calle principal.
Anda, mexicano vacio, es 15 de septiembre, así te ves al no respetar tu cultura, tu nación, al festejar tu independencia que no tienes, que has adoptado palabras nuevas a tu vocabulario que no te representa, que le haces fuchi al indígena porque piensas que apesta
Porque yo he visto la gran contradicción, lo que tu esperas aquí se acabe, en el extranjero es de gran admiración, porque no acabo de entender la negligencia de muchos como tú, pues yo siendo indígena, que hablo el nahualt, con mi tez morena, humilde de corazón, que trabajo el campo, el barro, que canto, que bailo y danzo por una razón de ser, que uso huaraches de cuero, morrales, que busco se haga justicia como alguna vez lo hiciera Juárez, con mi piel morena, con mi lengua náhuatl, con mi indumentaria que representa a mi nación, en vez de ser el motivo de orgullo por simbolizar a mi patria, en vez de recibir un trato digno en este día de la independencia, tengo que celebrar y conmemorar este fecha, sufriendo tu cruel discriminación.
Praderas de la sierra, tu verdor se va marchitando, tu verdor se extingue día a día.
Las nubes blancas de mi cielo se tornan grises y oscuras, anunciando una cruel tormenta y quizá provoque inundaciones.
Flor de Nochebuena, tu característico rojo se ha ido deslavando, tu color que recuerda a la sangre derramada de miles de mexicanos, se ha ido decolorando.
Mi independencia, mi patria y mi libertad ¿Qué le pasa en estos tiempos? Vida contemporánea, moderna, que olvida raíces étnicas, que festeja un mes patrio, lleno de algarabía, de disfrute sin entendimiento de las glorias del pasado, un festejo rutinario y patético con tintes anglosajones, un grito conmemorativo que realiza un Presidente, un Gobernador o un Alcalde sin tener el menor conocimiento del simbolismo del grito de Dolores.
Hemos regresado al pasado sin darnos cuenta, estamos en el año de 1864, es el mes patrio, se festeja la independencia de México, se oye el tronar de la pólvora, se hacen obras teatrales donde solo la aristocracia asistirá, se excluye al pueblo, es el México de 1864.
Una farsa, una total hipocresía, ¿Cómo fue, que aquellos religiosos que predicaban el amor de Dios y el amor al prójimo, financiaron armamento y bendijeron la guerra para acabar con la república establecida, solo porque las leyes de reforma les arrebato los privilegios tiranos del que gozaban?
Indígenas comiendo legumbres y tomando agua, viviendo en intentos de casas, vestidos de manera rustica con una jornada larga y un sueldo miserable, con vida religiosa y dando una limosna a los pies de una escultura en un altar lleno de oro y piezas valiosas donde iban a llorar sus penas y su pobreza, limosna que se iba directo al vaticano quitando la riqueza de nuestro país, o se usaba para financiar armas para el partido conservador, para provocar la guerra y volver a la tiranía y al despojo de nuestros bienes, de nuestra riqueza nacional.
Esa iglesia hipócrita, esa religión ególatra y criminal que intentaba monopolizar la fe y creía que solo ellos tenían el derecho de utilizar el nombre de Dios; no, no gente ignorante el nombre de Dios no está patentizado en ninguna religión.
Y aquellos políticos, militares y civiles conservadores, que levantaron sus copas con vino, brindando, festejando y gritando un viva México haciendo de nuestra fecha patriótica una blasfemia, una burla, una grotesca escena teatral.
Aclamando a un príncipe extranjero, conviviendo con las tropas francesas, dejándose deslumbrar por piel blanca, por vestidos suntuosos, camafeos y tiaras que vislumbraba la vanidad de la emperatriz Carlota Amalia de Bélgica.
No hubo necesidad de poner una alfombra roja para que desfilara su emperador, su rey, su dios humano; si esos clérigos y conservadores traidores de la patria, dejaron que su emperador pisoteara la dignidad y la sangre derramada de los Insurgentes, gloria y dignidad que se tiro sobre el suelo para que ahí desfilara el príncipe extranjero, produciendo un dolor a nuestra identidad.
Ahora imaginemos compatriotas, si en estos tiempos es nuestro Presidente de la república quien tomando la bandera mexicana en el palacio nacional, conmemora gritando ¡viva México!, dando honor a nuestra soberanía nacional, imaginemos ese acto pero con los conservadores, con la milicia de aquel entonces y los líderes religiosos, y a su emperador austriaco Maximiliano quien tomando nuestra bandera mexicana hace tal acto.
Qué vergüenza y que humillación, quita tus manos sucias de mi emblema tricolor, no manches la dignidad ni el orgullo de mi raza.
¿Cómo pudieron festejar la independencia que nos dejaran Allende, Hidalgo, Morelos, Guerrero e Iturbide?
Si dependían del imperio francés, si un extranjero, un austriaco los gobernaba y estaban custodiados por soldados franceses, con quienes fornicaron haciendo de nuestra independencia una asquerosa orgia, una deslealtad, eran similares a caracoles, babeando su camino, arrastrándose para llegar.
Algunos hijos de malinche y otros hijos de mama carlota que insisten en festejar un 15 de septiembre con ritmos que no recuerdan a nuestra nación, y enmudecen al jarabe, al huapango y al son.
Que hacen a un lado al indígena quien es portador de la sangre real y reciben con brazos abiertos al foráneo, al anglosajón.
Habla la voz de un indígena, que viviendo entre la milpa y la tierra fértil, donde la mazorca te pica el cuerpo, donde el maíz que comes se tiene que desgranar, que siguiendo el ejemplo de Juárez, no se limito al campo y metió letras a su mente, para no sufrir el escarnio del que me haces pasar tu el mexicano que se cree civilizado.
Tú el traidor de mi patria, saca el cobre de una vez, muéstrate tal cual eres, enseña la carroña que llevas dentro, quita esas tiras tricolores de papel picado y pon en su lugar franjas rojas y azules, llena de estrellas la calle principal.
Anda, mexicano vacio, es 15 de septiembre, así te ves al no respetar tu cultura, tu nación, al festejar tu independencia que no tienes, que has adoptado palabras nuevas a tu vocabulario que no te representa, que le haces fuchi al indígena porque piensas que apesta
Porque yo he visto la gran contradicción, lo que tu esperas aquí se acabe, en el extranjero es de gran admiración, porque no acabo de entender la negligencia de muchos como tú, pues yo siendo indígena, que hablo el nahualt, con mi tez morena, humilde de corazón, que trabajo el campo, el barro, que canto, que bailo y danzo por una razón de ser, que uso huaraches de cuero, morrales, que busco se haga justicia como alguna vez lo hiciera Juárez, con mi piel morena, con mi lengua náhuatl, con mi indumentaria que representa a mi nación, en vez de ser el motivo de orgullo por simbolizar a mi patria, en vez de recibir un trato digno en este día de la independencia, tengo que celebrar y conmemorar este fecha, sufriendo tu cruel discriminación.