Aun tiembla el mundo, herido por la lanza del oido,
aun llora el niño solo, sin pan ni amanecer,
pero la voz humana, más fuerte que el sonido,
se alza entre los escombros con ganas de nacer.
No hay muro que detenga la luz de una mirada,
ni sombra que resista el fulgor de la verdad,
somos la misma tierra, la sangre entrelazada,
la llama que aún persiste frente a la tempestad.
El canto de los pueblos no entiende de fronteras,
y el alma de los justos no calla ante el poder.
Brotan entre las ruinas semillas verdaderas,
de un mundo más humano que empieza a florecer.
Oh esperanza viva, vestida de ternura,
haz de cada herida, camino hacia el perdón,
que toda voz se funda, sin rabia ni amargura,
en un amor sin patria, sin dueño, sin rencor.
Unidos por la vida, sin miedo ni medida,
alzamos nuestras manos, sin odio ni temor.
¡Que cese ya la guerra, que empiece la partida
de un mundo donde el alma camine sin dolor!
aun llora el niño solo, sin pan ni amanecer,
pero la voz humana, más fuerte que el sonido,
se alza entre los escombros con ganas de nacer.
No hay muro que detenga la luz de una mirada,
ni sombra que resista el fulgor de la verdad,
somos la misma tierra, la sangre entrelazada,
la llama que aún persiste frente a la tempestad.
El canto de los pueblos no entiende de fronteras,
y el alma de los justos no calla ante el poder.
Brotan entre las ruinas semillas verdaderas,
de un mundo más humano que empieza a florecer.
Oh esperanza viva, vestida de ternura,
haz de cada herida, camino hacia el perdón,
que toda voz se funda, sin rabia ni amargura,
en un amor sin patria, sin dueño, sin rencor.
Unidos por la vida, sin miedo ni medida,
alzamos nuestras manos, sin odio ni temor.
¡Que cese ya la guerra, que empiece la partida
de un mundo donde el alma camine sin dolor!
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