Irelfaustina Bermejo
Poeta recién llegado
Se ha ensangrentado la dorada arena.
¡Oh, hijos amados del Sahara,
llevad el fruto dulce de la palmera
para alimentar vuestros cuerpos,
calmad vuestra sed con leche de cabra,
llevaos el aroma de la pimienta
y perfumad vuestras túnicas claras
con las verdes hojas de la menta,
que podamos rastrear en el desierto
inexplorado vuestras huellas!
La arena está regada de sangre,
cubierta de muerte la estela de luz
que siguen las camellas hasta el océano.
Se han secado los pozos de los oasis.
Cantan las dunas nuestro dolor en el exilio.
El sioroco acerca a la jaima gritos y lamentos.
Quiero reconocer en cada eco
la voz que grita libertad y que reclama
la cuna añorada de nuestra infancia.
¿Por qué la arena está ensangrentada?
¡Oh, hijos amados del Sahara,
en cada grano de arena renace vuestra patria!
¡Oh, hijos amados del Sahara,
llevad el fruto dulce de la palmera
para alimentar vuestros cuerpos,
calmad vuestra sed con leche de cabra,
llevaos el aroma de la pimienta
y perfumad vuestras túnicas claras
con las verdes hojas de la menta,
que podamos rastrear en el desierto
inexplorado vuestras huellas!
La arena está regada de sangre,
cubierta de muerte la estela de luz
que siguen las camellas hasta el océano.
Se han secado los pozos de los oasis.
Cantan las dunas nuestro dolor en el exilio.
El sioroco acerca a la jaima gritos y lamentos.
Quiero reconocer en cada eco
la voz que grita libertad y que reclama
la cuna añorada de nuestra infancia.
¿Por qué la arena está ensangrentada?
¡Oh, hijos amados del Sahara,
en cada grano de arena renace vuestra patria!