Que orgullo es el mío de haber nacido de los tuyos, de haber sentido el beso de tu aire y haber sudado el calor de tu abrazo.
Qué bello es poder cerrar mis ojos y pintar sin vista tus colinas, villas y ríos a base de memorias pasadas por padres que compartieron su sangre para azucarar la mía.
Qué lindo es vivir la cultura cuidada por siglos, ofrecida a los pasajeros de aguas ardientes entre camino a un pueblo ascendente.
Que alivio es conocer un pasado que siembra el futuro, que alimenta a los hambrientos y por una tela conocida viste los desnudos.
Que maravilla ser recibido por una bahía que todavía alumbra y que sigue siendo guardada por el cañón decorado de un paño sagrado.
Que confortable “no temer una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”, y al cantar su Bayamesa recitar el himno de su rosa.