Entre un beso y caricias
sentí su proximidad, su peligrosa pose,
temblé para alejarme, camine con temor
lejos de él... ¡Ooh cobardes pies!
Ya estoy frente a él, hermoso ser de chispeante mirar.
Olía su locura, su miel, necesitaba rodearle,
de inmediato me sumergí en la humedad de sus labios,
me fundí en su suavidad e inquietante despertar,
sentía sin mediar como perdía la voluntad
cerré los ojos y... me deje ir.
Pronuncie unos segundos un no cómplice,
nada podía hacer ya no era escuchada,
ahora, suplicaba que este placer no muriera,
deje de pensar. Ya no era yo, era compinche
de sus manos inquietantes que recorrían que quemaban
cada pedazo de mi piel, ya nada me avergonzaba
Como hembra enaltecida me poseí de su cuerpo
mi boca vivía un exquisito sabor, un gran manjar,
disfrutaba cada poro, cada textura,
esta locura de placer me movía sin frenar,
todo estando así se encendía como fuego en papel.
Sin mediar cambio, sin siquiera imaginarlo
sus viriles brazos me sostenían me compactaban hacia él,
un vaivén de dolor de placer de mil sensaciones me nublaron,
perfectamente compenetrada como cual pluma, ¡flote!
caían en mi gotas de bellísimo sudor, escurrían... brillaban decorando
aquella pesadez corporal convirtiéndose ahora en suave algodón.
Un cansancio celestial nos invadió todo se silenció
cual pequeña indefensa me envolvió hacia él y ahí me acomodé
ya la luna y el sol no existía ya nada importó
varios te quiero nacieron cual cónyuges
ahí me quedé, me adormeció su latir
su respirar me enamoro, y ya no pude salir.