tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
Colocó sus auriculares y comenzó un místico viaje por la ciudad.
Esperaba ansioso el momento cumbre, en que todo evolucione en ficción.
Moonspell cumpliría su parte, con su musicalidad, potabilizará en esencia; el sonido será su vehículo interestelar, la nave interdimensional, que atravesará los caminos de una cosmovisión deformada, sin medida, ni tiempo.
Lo movilizaba el viaje, no el punto de llegada, porque toda llegada, según su parecer, es por naturaleza un final; en su defecto, si sucediera, de preferencia buscaba la sorpresa.
La noche reflejó en sus ojos, súbitamente, sufrió un baño de oscuridad, cual lo tomó prisionero.
En el alto horizonte, las nubes tejían una danza perversa; acompañando su paso sutil, la pavorosa melodía del invierno, lo envolvía de frío.
El viento rugía indómito, agitando la boscosa floresta.
Su noctambulismo híbrido, furioso e inocente, esta vez le provocó un especial de alegóricas y supersticiones; después de haber leído el Necronomicon. El libro de los muertos de Lovecraft.
En la búsqueda de realidad o ficción, salió dispuesto a encontrarse con el monstruo invisible, que según la maldición abrirá su boca y nos comerá de un bocado.
Esperaba ansioso el momento cumbre, en que todo evolucione en ficción.
Moonspell cumpliría su parte, con su musicalidad, potabilizará en esencia; el sonido será su vehículo interestelar, la nave interdimensional, que atravesará los caminos de una cosmovisión deformada, sin medida, ni tiempo.
Lo movilizaba el viaje, no el punto de llegada, porque toda llegada, según su parecer, es por naturaleza un final; en su defecto, si sucediera, de preferencia buscaba la sorpresa.
La noche reflejó en sus ojos, súbitamente, sufrió un baño de oscuridad, cual lo tomó prisionero.
En el alto horizonte, las nubes tejían una danza perversa; acompañando su paso sutil, la pavorosa melodía del invierno, lo envolvía de frío.
El viento rugía indómito, agitando la boscosa floresta.
Su noctambulismo híbrido, furioso e inocente, esta vez le provocó un especial de alegóricas y supersticiones; después de haber leído el Necronomicon. El libro de los muertos de Lovecraft.
En la búsqueda de realidad o ficción, salió dispuesto a encontrarse con el monstruo invisible, que según la maldición abrirá su boca y nos comerá de un bocado.