GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
Una mujer hermosa
que no solo seduce
con su presencia,
no promete nada,
espera el colectivo
y cumple tarde.
Otra mujer
usando su cuerpo
por necesidad,hace cuentas
con pocos billetes chicos,
que siempre llegan
antes que el deseo.
Un hombre muy flaco
vende medias
para el frío
y para el calor,
otro con menos pelo,
churros, pochoclo y garrapiñada.
Algunos más nuevos,
un perfume que nunca falla
y una crema que cura
todo dolor,
algún otro desconocido
otra mercancía
incómodamente ilegal.
Una policía
con gesto serio
vigila la esquina
como si fuera propia;
otro policía
con cara de atorrante
pide limosna,
sabiendo a qué hora
pasa la culpa.
Una mujer cruza la calle
con el semáforo en rojo,
otra se mira al espejo
en la vidriera vacía,
una solterona chismosa
pasea su perrito peludo.
Las niñas juegan
a ser mujeres
con tacos prestados,
los niños
estiran la tarde porque
no quieren dejar de ser niños.
El colectivo frena de golpe,
el río sigue en silencio,
la ciudad respira inquieta
sabiendo quién miente,
quién vuelve, quién falta.
La ciudad los mezcla,
los cruza, los hace convivir,
les enseña a sobrevivir
con luz artificial,
hambre intermitente
y ternura clandestina
La gente se repite,
y la ciudad sigue.
Siempre sigue.
G.G.G.
JUN/2026
que no solo seduce
con su presencia,
no promete nada,
espera el colectivo
y cumple tarde.
Otra mujer
usando su cuerpo
por necesidad,hace cuentas
con pocos billetes chicos,
que siempre llegan
antes que el deseo.
Un hombre muy flaco
vende medias
para el frío
y para el calor,
otro con menos pelo,
churros, pochoclo y garrapiñada.
Algunos más nuevos,
un perfume que nunca falla
y una crema que cura
todo dolor,
algún otro desconocido
otra mercancía
incómodamente ilegal.
Una policía
con gesto serio
vigila la esquina
como si fuera propia;
otro policía
con cara de atorrante
pide limosna,
sabiendo a qué hora
pasa la culpa.
Una mujer cruza la calle
con el semáforo en rojo,
otra se mira al espejo
en la vidriera vacía,
una solterona chismosa
pasea su perrito peludo.
Las niñas juegan
a ser mujeres
con tacos prestados,
los niños
estiran la tarde porque
no quieren dejar de ser niños.
El colectivo frena de golpe,
el río sigue en silencio,
la ciudad respira inquieta
sabiendo quién miente,
quién vuelve, quién falta.
La ciudad los mezcla,
los cruza, los hace convivir,
les enseña a sobrevivir
con luz artificial,
hambre intermitente
y ternura clandestina
La gente se repite,
y la ciudad sigue.
Siempre sigue.
G.G.G.
JUN/2026