Adara
Poeta recién llegado
Otoño.
Mueren hojas.
Reposan en mi vereda
esperando que el viento
las entierre pero...
algo nace!
Quizá... no se!
¿Soy yo?
¿No estaba muerta?
Siento el latido de mi corazón.
Hace cuatro años
Yo estaba enterrada!
Bajo una tierra de amargo sabor.
Salí y el sol
Hizo que mis ojos brillaran
Como dos diamantes sucios
Brotaban las lágrimas
Y lo vi.
Estaba parado frente a mí.
¿Acaso me estuvo esperando?
¿Acaso el me había llamado?
Tan dolido…
Tan anestesiado
Necesitaba rasgar de su pecho
Una caricia…
Lo abracé, dejó de temblar
Y sonreí sin más.
¡Estaba viva!.
Pero
Fue todo un sueño
que pronto se conviertio
en amarga pesadilla
el, no era el
no era real.
Mueren hojas.
Reposan en mi vereda
esperando que el viento
las entierre pero...
algo nace!
Quizá... no se!
¿Soy yo?
¿No estaba muerta?
Siento el latido de mi corazón.
Hace cuatro años
Yo estaba enterrada!
Bajo una tierra de amargo sabor.
Salí y el sol
Hizo que mis ojos brillaran
Como dos diamantes sucios
Brotaban las lágrimas
Y lo vi.
Estaba parado frente a mí.
¿Acaso me estuvo esperando?
¿Acaso el me había llamado?
Tan dolido…
Tan anestesiado
Necesitaba rasgar de su pecho
Una caricia…
Lo abracé, dejó de temblar
Y sonreí sin más.
¡Estaba viva!.
Pero
Fue todo un sueño
que pronto se conviertio
en amarga pesadilla
el, no era el
no era real.
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