Publiqué parte de este poema hace un par de años. Lo he alargado e intentado pulir un poco... No sé si con éxito. En fin, ojalá y le guste a alguien. Gracias por vuestra opinión, si queréis dejarla. 
ESTAMPAS DE LA MUERTE DE UN AMOR
(Inspirado por los "Cuatro sonetos de amor" del poeta Rafael de León, a quien estas estampas están dedicadas).
SONETOS DEL ENCUENTRO
I.
Los ojos se han perdido en el festejo
de ver una promesa que florece
y alegre, para todo el mundo ofrece
la eterna juventud de su reflejo.
Las penas se retiran al despejo
del viento que, brioso, las decrece
y en rápidas corrientes desvanece
las horas que a su baile dan cortejo.
Ya el cielo en mil estrellas se desborda
marcando en cada gota los destinos
que llenan el vacío como en horda
y mueren entre el goce y desatinos
buscando a alguna voz que los exorda
¡oh, ángeles de rostros opalinos!
II.
Dos almas y una sangre en elemento,
del fuego y los milagros noble hechura
unidos en la más bella tersura
se tornan del feliz el aposento.
Abiertos al calor y esparcimiento
del sol, que los envidia en desmesura,
se encuentran en lo amargo y la dulzura
y son de Dios el grato testamento.
Fue ayer la vez primera en que posamos
los ojos en la luz de un imposible
y ardiendo en su pasión, nos abrazamos.
Mejor que lo más bello y lo increíble,
aquella pobre sombra a la que amamos,
hoy es nuestro arrebato ya invencible.
CUATRO POEMAS DE AMOR
I.
Te vi en la luz de un mundo no nacido
que emerge de los mares espumosos
y llena los vacíos agravosos
de joya con su albor desconocido.
Me viste y fue mi ser desvanecido
de aquellos procederes imperiosos
que esconden de los hombres los reposos
que alivian todo mal acontecido.
Mis ojos no veían ni adoraban
la forma y contenido de tu verso
y aún sin poder verlo, lo anhelaban.
Buscaba en mi ceguera el gesto terso
que el alma y la locura me indicaban
yacía en tu confín del universo.
II.
¿Qué brazos me apresaron aquel día
perdido en desbocados pensamientos
que fueron de cada alba los sustentos
do hallábame yo triste en mi manía?
Tus brazos, que me dieron valentía
de amar sin reparar padecimientos
buscando en tu mirada los momentos
en que todo más claro se vería.
Las manos se enlazaron en un templo
que nadie más que Dios llenar pudiera;
del orbe y sus milagros el ejemplo.
Te abriste a mí sin que te conociera
hermosa maravilla que hoy contemplo
llenando de esplendor mi vida entera.
III.
Se asientan las pasiones en la calma
helando las tormentas que respiro
y todo cuanto soy, tu mano ensalma
cerrando del pasado el triste giro.
El beso que vivimos es el alma
que ofrece a los pecados un retiro
y róbale al destino aquella palma
ganada en el dolor, con un suspiro.
Es tanto mi poder cuando a tu lado
me encuentro al despertar de madrugada
que siento que me teme incluso el Hado.
La cima del amor así escalada
y el tiempo por nosotros derrotado
te ofrezco en sacrificio esta alborada.
IV.
No hay dudas para mí en el nudo estrecho
que encuentra mis heridas y las cierra
con un rozar de fuego que nos hierra
a ti en mi devoción, y a mí en tu pecho.
El cielo no será confín o techo
para las nieves puras de la sierra
que aleja de las sombras de la tierra
la luz que el sol nos brinda por derecho.
¡Oh montes que del mundo sois alivio!
De tu alma la más bella consecuencia
y de todas mis penas el solivio.
Lleváis de estos amores la cadencia
mecidos al compás del viento tibio
que afianza para mí tu pertenencia.
SONETOS DE LA TRAICIÓN
I.
Palabras de las bocas arrebato
rompéis en cabalgata las cadenas
que ataban al amor con fuego apenas,
y al fuego con promesas y recato.
Sois hoy de mi sufrir triste alegato:
la sangre que se pudre en estas venas
que ardieron de algazara y pasión plenas
abiertas al correr de su bravato.
Decísme que ese cuerpo es una calle
de andanzas vergonzosas y bajunas
por donde corren ríos como un valle.
Las risas me han cazado hasta esas cunas
do puse yo a dormir cada detalle
que enciende el pobre ensueño de mis lunas.
II.
Lo dije y lo repito, mas no pienso
que aciertes a entender cuanto me duele
o veas que ante ti, ni estoy imbele
ni es para mí prisión tu abrazo intenso.
Ese hálito apestoso fue el incienso
fragante que a mi amor ya no compele
a hacer que tus embustes los enmiele
y diga que es veraz tu ardor pretenso.
Me fuerzo a despreciarte sin medida
te grito y te maldigo con fiereza
mas toda mi aversión ya está abatida.
Profieres juramentos de tristeza
muriendo por temer la despedida
que el alma me arrebata con presteza.
CUATRO POEMAS DE DESAMOR
I.
Luz clara es para mí tu grito acedo
y vida son tus iras y quebranto
Me rompo entre las notas de tu canto
y ante todo rechazo, siempre cedo.
Lejano de tu ser, sólo hallo miedo
y mi alma a tus caprichos adelanto
pues eres para mí sagrado y santo;
de toda mi existencia el vero credo.
Tu forma invita sueños cada día
que elevan el perfil de los amores
al más brillante sol de la alegría
llenando así de sombras mis temores
y abriendo para mí la eterna vía
que invita a quemar todos los ardores.
II.
Me buscas en las noches de locura
y niegas mis suspiros ante el astro
que cubre con su luz toda negrura
tornando la penumbra en alabastro.
Es cierto que tu abrazo es la armadura
que encierra mis deseos en el castro
de la furia que sangra y nunca cura
las llagas de esta lid, que son tu rastro.
Me adentro en lo negruzco y lo malevo
y en cada pensamiento do apareces
para negarme a ser quien fui de nuevo.
Te busco aunque de mí nada mereces
tomando de mi amor cada relevo
para morir de angustia nuevas veces.
III.
Son las albas del mundo el duro insulto
que Dios le manda al pobre desdichado
tras sombras de promesa que ha trocado
por años de zozobra y de tumulto.
Así vuelve a vivir mi sueño oculto:
que, de mi afecto siempre encadenado,
mal mueras sin remedio y, no salvado,
mi pena te atormente aún sepulto.
Girando cual veleta ante los vientos
rehúyo a la verdad, cuchillo hiriente
aun cuando en lo oscuro sean cientos
los gritos que denuncian cuanto miente
tu boca al falsear los casamientos
de grávida pasión y embuste argente.
IV.
Lágrimas de fuego, hilos de rabia
son carne de congoja aquí en tu mano
que juegas con astucia y por ignavia
dejándome morir de odio malsano.
Ya nacen mis pesares de tu labia
que burlan cuanto orgullo muestro en vano
y niegan que mi furia nunca agravia
las flores de este amor siempre lejano.
Ya ves, entonces, fuente de mis penas
que nada hay de alegría entre tus juegos
y las horas vacías que ahora llenas
con risas ante el eco de mis ruegos
y muestras de falsía tan obscenas
que cortas sin quererlo mis apegos.
SONETOS DEL ODIO
I.
Un golpe, una amenaza al restallar
es todo lo que siento en mi penuria
cubierto de las burlas y la injuria
que muy pronto en tu boca he de matar.
Tu recuerdo voy cercando como el mar
que come de la tierra, viva furia
las sombras de mentira y de lujuria
que con negro llanto y sangre has de pagar.
En mí no encontrarás solaz alguno
ni dulces alabanzas lisonjeras
mas siempre un mal afán duro y fortuno.
Bien sé que de mi amor ya nada esperas
e ignoras el rencor con que desuno
de mi alma tus andanzas traicioneras.
II.
El fuego y la maldad son mi estandarte;
cabeza de ese incendio desmedido
que roba al corazón cada latido
y hará de los rencores un baluarte.
He vuelto a la amargura todo un arte
al ver tu corazón, que ya podrido
no sangra ni se rompe en el despido
del tiempo que he sufrido para darte.
Corriendo tras las sombras de los años
y hundidas en mi carne tus afrentas
del miedo y del dolor siempre aledaños
mis ojos te darán noches crüentas
y oculto viajaré entre los rebaños
para acechar tu muerte en horas lentas.
ESTAMPAS DE LA MUERTE DE UN AMOR
(Inspirado por los "Cuatro sonetos de amor" del poeta Rafael de León, a quien estas estampas están dedicadas).
SONETOS DEL ENCUENTRO
I.
Los ojos se han perdido en el festejo
de ver una promesa que florece
y alegre, para todo el mundo ofrece
la eterna juventud de su reflejo.
Las penas se retiran al despejo
del viento que, brioso, las decrece
y en rápidas corrientes desvanece
las horas que a su baile dan cortejo.
Ya el cielo en mil estrellas se desborda
marcando en cada gota los destinos
que llenan el vacío como en horda
y mueren entre el goce y desatinos
buscando a alguna voz que los exorda
¡oh, ángeles de rostros opalinos!
II.
Dos almas y una sangre en elemento,
del fuego y los milagros noble hechura
unidos en la más bella tersura
se tornan del feliz el aposento.
Abiertos al calor y esparcimiento
del sol, que los envidia en desmesura,
se encuentran en lo amargo y la dulzura
y son de Dios el grato testamento.
Fue ayer la vez primera en que posamos
los ojos en la luz de un imposible
y ardiendo en su pasión, nos abrazamos.
Mejor que lo más bello y lo increíble,
aquella pobre sombra a la que amamos,
hoy es nuestro arrebato ya invencible.
CUATRO POEMAS DE AMOR
I.
Te vi en la luz de un mundo no nacido
que emerge de los mares espumosos
y llena los vacíos agravosos
de joya con su albor desconocido.
Me viste y fue mi ser desvanecido
de aquellos procederes imperiosos
que esconden de los hombres los reposos
que alivian todo mal acontecido.
Mis ojos no veían ni adoraban
la forma y contenido de tu verso
y aún sin poder verlo, lo anhelaban.
Buscaba en mi ceguera el gesto terso
que el alma y la locura me indicaban
yacía en tu confín del universo.
II.
¿Qué brazos me apresaron aquel día
perdido en desbocados pensamientos
que fueron de cada alba los sustentos
do hallábame yo triste en mi manía?
Tus brazos, que me dieron valentía
de amar sin reparar padecimientos
buscando en tu mirada los momentos
en que todo más claro se vería.
Las manos se enlazaron en un templo
que nadie más que Dios llenar pudiera;
del orbe y sus milagros el ejemplo.
Te abriste a mí sin que te conociera
hermosa maravilla que hoy contemplo
llenando de esplendor mi vida entera.
III.
Se asientan las pasiones en la calma
helando las tormentas que respiro
y todo cuanto soy, tu mano ensalma
cerrando del pasado el triste giro.
El beso que vivimos es el alma
que ofrece a los pecados un retiro
y róbale al destino aquella palma
ganada en el dolor, con un suspiro.
Es tanto mi poder cuando a tu lado
me encuentro al despertar de madrugada
que siento que me teme incluso el Hado.
La cima del amor así escalada
y el tiempo por nosotros derrotado
te ofrezco en sacrificio esta alborada.
IV.
No hay dudas para mí en el nudo estrecho
que encuentra mis heridas y las cierra
con un rozar de fuego que nos hierra
a ti en mi devoción, y a mí en tu pecho.
El cielo no será confín o techo
para las nieves puras de la sierra
que aleja de las sombras de la tierra
la luz que el sol nos brinda por derecho.
¡Oh montes que del mundo sois alivio!
De tu alma la más bella consecuencia
y de todas mis penas el solivio.
Lleváis de estos amores la cadencia
mecidos al compás del viento tibio
que afianza para mí tu pertenencia.
SONETOS DE LA TRAICIÓN
I.
Palabras de las bocas arrebato
rompéis en cabalgata las cadenas
que ataban al amor con fuego apenas,
y al fuego con promesas y recato.
Sois hoy de mi sufrir triste alegato:
la sangre que se pudre en estas venas
que ardieron de algazara y pasión plenas
abiertas al correr de su bravato.
Decísme que ese cuerpo es una calle
de andanzas vergonzosas y bajunas
por donde corren ríos como un valle.
Las risas me han cazado hasta esas cunas
do puse yo a dormir cada detalle
que enciende el pobre ensueño de mis lunas.
II.
Lo dije y lo repito, mas no pienso
que aciertes a entender cuanto me duele
o veas que ante ti, ni estoy imbele
ni es para mí prisión tu abrazo intenso.
Ese hálito apestoso fue el incienso
fragante que a mi amor ya no compele
a hacer que tus embustes los enmiele
y diga que es veraz tu ardor pretenso.
Me fuerzo a despreciarte sin medida
te grito y te maldigo con fiereza
mas toda mi aversión ya está abatida.
Profieres juramentos de tristeza
muriendo por temer la despedida
que el alma me arrebata con presteza.
CUATRO POEMAS DE DESAMOR
I.
Luz clara es para mí tu grito acedo
y vida son tus iras y quebranto
Me rompo entre las notas de tu canto
y ante todo rechazo, siempre cedo.
Lejano de tu ser, sólo hallo miedo
y mi alma a tus caprichos adelanto
pues eres para mí sagrado y santo;
de toda mi existencia el vero credo.
Tu forma invita sueños cada día
que elevan el perfil de los amores
al más brillante sol de la alegría
llenando así de sombras mis temores
y abriendo para mí la eterna vía
que invita a quemar todos los ardores.
II.
Me buscas en las noches de locura
y niegas mis suspiros ante el astro
que cubre con su luz toda negrura
tornando la penumbra en alabastro.
Es cierto que tu abrazo es la armadura
que encierra mis deseos en el castro
de la furia que sangra y nunca cura
las llagas de esta lid, que son tu rastro.
Me adentro en lo negruzco y lo malevo
y en cada pensamiento do apareces
para negarme a ser quien fui de nuevo.
Te busco aunque de mí nada mereces
tomando de mi amor cada relevo
para morir de angustia nuevas veces.
III.
Son las albas del mundo el duro insulto
que Dios le manda al pobre desdichado
tras sombras de promesa que ha trocado
por años de zozobra y de tumulto.
Así vuelve a vivir mi sueño oculto:
que, de mi afecto siempre encadenado,
mal mueras sin remedio y, no salvado,
mi pena te atormente aún sepulto.
Girando cual veleta ante los vientos
rehúyo a la verdad, cuchillo hiriente
aun cuando en lo oscuro sean cientos
los gritos que denuncian cuanto miente
tu boca al falsear los casamientos
de grávida pasión y embuste argente.
IV.
Lágrimas de fuego, hilos de rabia
son carne de congoja aquí en tu mano
que juegas con astucia y por ignavia
dejándome morir de odio malsano.
Ya nacen mis pesares de tu labia
que burlan cuanto orgullo muestro en vano
y niegan que mi furia nunca agravia
las flores de este amor siempre lejano.
Ya ves, entonces, fuente de mis penas
que nada hay de alegría entre tus juegos
y las horas vacías que ahora llenas
con risas ante el eco de mis ruegos
y muestras de falsía tan obscenas
que cortas sin quererlo mis apegos.
SONETOS DEL ODIO
I.
Un golpe, una amenaza al restallar
es todo lo que siento en mi penuria
cubierto de las burlas y la injuria
que muy pronto en tu boca he de matar.
Tu recuerdo voy cercando como el mar
que come de la tierra, viva furia
las sombras de mentira y de lujuria
que con negro llanto y sangre has de pagar.
En mí no encontrarás solaz alguno
ni dulces alabanzas lisonjeras
mas siempre un mal afán duro y fortuno.
Bien sé que de mi amor ya nada esperas
e ignoras el rencor con que desuno
de mi alma tus andanzas traicioneras.
II.
El fuego y la maldad son mi estandarte;
cabeza de ese incendio desmedido
que roba al corazón cada latido
y hará de los rencores un baluarte.
He vuelto a la amargura todo un arte
al ver tu corazón, que ya podrido
no sangra ni se rompe en el despido
del tiempo que he sufrido para darte.
Corriendo tras las sombras de los años
y hundidas en mi carne tus afrentas
del miedo y del dolor siempre aledaños
mis ojos te darán noches crüentas
y oculto viajaré entre los rebaños
para acechar tu muerte en horas lentas.
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