Érase una vez un país muy muy lejano

Érase una vez un país muy muy lejano, tan lejano que no se veía ni desde la más alta cima ni con el mayor telescopio del mundo, ni se podía ir con barco ni con avión, ni con coche ni con caballo, ni siquiera andando para atrás. ¿Y cómo es posible que esto fuera así?, os preguntaréis. ¡Cómo entonces, se sabe que existe?, añadiréis. ¡Ya lo tengo!, algún listillo exclamará: "Porque es tan pequeñito que es casi invisible". Y el listillo acertará.

Para visitar esa tierra hay que apretarse fuertemente la nariz, y respirar para fuera mucho mucho mucho, hasta que nos veamos encoger. Luego ponerse boca abajo y dar palmas con los pies, y andar con las manos y decir en alto las palabras mágicas: Cachipúm Cachipám, quiero ser más pequeño que una miga de pan. Y ya está. Ahora hay que tener cuidado, porque las montañas serán el polvo, los ríos una gota de agua y la sopa de vuestra cena, un lago hirviente con monstruosos fideos, que si os descuidáis, os comerán. Ya sabéis, comeros antes la sopa vosotros, antes de ser pequeñitos.

Tampoco podréis ir muy lejos, ni siquiera saldréis de vuestra habitación, donde el Sol será la lámpara de la mesita y la luna, el reflejo de este en la ventana. ¡Pues vaya mierda!, pensaréis, y yo no diré que no tengáis razón; pero así podréis imaginar cómo se siente un elefante en un cajón, o una hormiga en una estación, pero espacial. Al final, os aburriréis y todos vosotros diréis: Yo no quiero ser pequeñito. Pues ya sabéis: todos a comer. Y cuando queráis volver a crecer, tenéis que soltaros la nariz, que eso está muy feo, y respirar para dentro mucho mucho mucho, sin pegarse un pedo, que también está muy, pero que muy feo, y poneros de pie mientras aplaudís con las manos y decís las otras palabras mágicas: Cachipor Cachiper, como antes quiero ser.

Érase una vez un país muy muy cercano...

El clásico lenguaje coloquial de los niños Évano; el entusiasmo al estar leyendo esta narrativa, me ha llevado a retroceder en el tiempo
Saludos cordiales
 
Captar la atención de un niño no es nada sencillo.
Si yo tuviera seis años, me hubiera apretado la nariz, me hubiera comido los fideos, y me hubiera reído al leer la palabra pedo.
Vale, confieso: lo hice. Lo hice mentalmente, porque me estaban mirando. : )

Que me ha encantado, y que me parece de lo más complicado escribir para un niño.
 

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