Desde un rincón del patio, un hada de aretes negros miraba hacia la ventana. Ella lucía radiante, fresca; en su abundante caballera quedaba atrapado el sol de la mañana, que escapaba alegremente en cada movimiento de su cabeza. La visión era mágica, se alejaba o acercaba según fuera cobijada por las nubes.
Desde ese día al despuntar el alba, en vano mi sombra corre a buscarla. No se ha dado cuenta que fue sólo una imagen proscrita del sueño aquel.
Desde ese día al despuntar el alba, en vano mi sombra corre a buscarla. No se ha dado cuenta que fue sólo una imagen proscrita del sueño aquel.