ISIDRO MUÑOZ
Poeta recién llegado
En esta guerra voy desplazándome entre trincheras
tratando de evadir un golpe, una flecha.
Otra sagita que me derribe cuando estoy
próximo a una muerte lenta.
Mi escudo y espada se encuentran en el
más mísero estado y me temo que no podré
soportar otra embestida más.
(La fuerza, el llanto, mi ímpetu, todo se ha marchado )
Una lágrima se vierte lentamente sobre mi semblante y
a su paso descendiente se mezcla con sudor y sangre
que emana de mi cuerpo fútil, desfalleciente y agonizante.
Trato de vislumbrar aquellas figuras que se me antojan
como fantasmas entre un mar de calina, pero me doy
cuenta que me he quedado ciego, desamparado e inerme.
Me encuentro en un campo desolado, desértico, sin más
compañía que el sol y la luna que me miran de reojo y suspiran,
se compadecen por verme caer una y otra vez en un
letargo infinito de fracasos, de campañas perdidas por
un hombre que se niega a ser derrotado.
(¡Date por vencido te lo pedimos!,
¡no busques el encuentro con el diablo!)
En esta guerra tengo las rodillas desangradas de tanto ir a rastras.
por este valle de espinas se me han agotado el espíritu y
el alma de tanto caminar descalzo, de tanto caer de espaldas
(sobre espinas he sembrado mi reino y cada una
se ha clavado muy dentro sin que pueda retirarlas).
En esta guerra no se toman prisioneros, es voraz, monstruosa,
¡O se sale victorioso o se muere, como muere en el
invierno la tierna rosa!
Esta guerra es la más cruel, la más inhumana de todas,
por que ataca al cuerpo, mente y corazón al bajar la guardia.
(Todo al mismo tiempo, como un mar de fuego
que te hunde entre sus aguas).
Esta guerra es el amor.
Y muy tarde he comprendido que por tratar de conquistar
su corazón he tenido que perder el mío.
Ahora me pierdo entre remembranzas, entre pasiones y deseos
mientras se derrama mi última lagrima y estoicamente
desfallezco expiro en la cruz mi último aliento.
(Perdónala padre, no sabe lo que ha hecho)
tratando de evadir un golpe, una flecha.
Otra sagita que me derribe cuando estoy
próximo a una muerte lenta.
Mi escudo y espada se encuentran en el
más mísero estado y me temo que no podré
soportar otra embestida más.
(La fuerza, el llanto, mi ímpetu, todo se ha marchado )
Una lágrima se vierte lentamente sobre mi semblante y
a su paso descendiente se mezcla con sudor y sangre
que emana de mi cuerpo fútil, desfalleciente y agonizante.
Trato de vislumbrar aquellas figuras que se me antojan
como fantasmas entre un mar de calina, pero me doy
cuenta que me he quedado ciego, desamparado e inerme.
Me encuentro en un campo desolado, desértico, sin más
compañía que el sol y la luna que me miran de reojo y suspiran,
se compadecen por verme caer una y otra vez en un
letargo infinito de fracasos, de campañas perdidas por
un hombre que se niega a ser derrotado.
(¡Date por vencido te lo pedimos!,
¡no busques el encuentro con el diablo!)
En esta guerra tengo las rodillas desangradas de tanto ir a rastras.
por este valle de espinas se me han agotado el espíritu y
el alma de tanto caminar descalzo, de tanto caer de espaldas
(sobre espinas he sembrado mi reino y cada una
se ha clavado muy dentro sin que pueda retirarlas).
En esta guerra no se toman prisioneros, es voraz, monstruosa,
¡O se sale victorioso o se muere, como muere en el
invierno la tierna rosa!
Esta guerra es la más cruel, la más inhumana de todas,
por que ataca al cuerpo, mente y corazón al bajar la guardia.
(Todo al mismo tiempo, como un mar de fuego
que te hunde entre sus aguas).
Esta guerra es el amor.
Y muy tarde he comprendido que por tratar de conquistar
su corazón he tenido que perder el mío.
Ahora me pierdo entre remembranzas, entre pasiones y deseos
mientras se derrama mi última lagrima y estoicamente
desfallezco expiro en la cruz mi último aliento.
(Perdónala padre, no sabe lo que ha hecho)