Federico Arroyo Montiel
Poeta recién llegado
En el último suspiro del amanecer,
tu aliento besaba mi nuca,
tus manos se acomodaban en mi pecho,
tus pechos acariciaban mi espalda,
tus piernas descendian lentamente al sin fin del lecho;
el aposento se me antojaba inmaculado.
¡Que bello despertar!
tu aliento besaba mi nuca,
tus manos se acomodaban en mi pecho,
tus pechos acariciaban mi espalda,
tus piernas descendian lentamente al sin fin del lecho;
el aposento se me antojaba inmaculado.
¡Que bello despertar!