Antonio del Olmo
Poeta que considera el portal su segunda casa
EL VALOR DEL DINERO
Un buen rey gobernaba el único país de un planeta muy lejano. Todos los habitantes pedían al rey más y más dinero
para comprar muchas cosas.
Un buen día llegó al palacio un minero para ofrecer al rey una mina de oro enorme que había descubierto en el monte más alto. El rey se puso muy contento y dijo a la reina:
– ¡Qué bien! Fabricaremos monedas con este oro para repartirlas a todas las personas. Así serán todos ricos y felices.
La reina también se puso muy contenta, pero en seguida pensó que no podía ser tan fácil. Dijo al rey:
– Eres muy generoso, pero algo me dice que no saldrá bien el reparto. De todos modos,
el oro de la mina pertenece a todas las personas, es suyo.
Así se hizo. El rey repartió infinidad de monedas de oro a todas las personas, puesto que todas tenían el mismo derecho a disfrutar del tesoro que apareció bajo el monte. Todos se sintieron ricos y felices, pero enseguida surgió un problema: nadie quería trabajar porque todos tenían mucho dinero. Empezaron a pasar hambre porque no se cultivaban ni vendían alimentos. Algunos hambrientos intentaron comer las monedas, pero se rompieron los dientes y vomitaron.
Ante esta situación, el buen rey llamó a un experto matemático para solucionar el problema. Este fue su consejo:
– La riqueza de un país no depende del número de monedas de oro que tenga, depende de todas las mercancías que produzcan los trabajadores y los servicios que presten. Las monedas sólo sirven para facilitar el cambio, para comprar y vender una mercancía o un trabajo. Ejemplo: se paga a un agricultor las lechugas que ha cultivado y se paga a un profesor la lección que ha enseñado.
El rey comprendió el error que había cometido y preguntó al experto:
–¿Cómo podemos solucionar el problema?
– Repartiremos unos billetes impresos a todos los trabajadores para pagar las mercancías que producen o los servicios que dan. Valoraremos el esfuerzo de cada trabajo para entregar los billetes que correspondan.
Así se hizo, siguiendo las órdenes del rey. Después de este percance, la economía del reino funcionó mejor, mucho mejor; porque se valoró el trabajo, no el dinero.
Billete que representa el trabajo
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