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El universo nace en mi mirada,
el cielo es azul porque yo lo nombro
y el viento que estremece la alborada
es solo polvo sobre mi ancho hombro.
Si cierro los ojos, el mar se apaga,
las estrellas se hunden en el olvido;
nada existe en la caverna que amaga
si no halla en mi mente el sentido.
Entre dos sucesos no hay lejanía
el mundo se perfila en mi retina;
la cumbre más alta y la vasta bahía
son solo el mapa que mi ser confina.
El tiempo es río que en mí se derrama,
no hay ayer ni mañana si no estoy enfrente;
la historia del caos es una débil llama
que se enciende si la hago presente.
La tierra es el lienzo, yo soy la mano,
el dios que dibuja su propio paisaje.
Fuera de mi pensar, todo es vano:
un teatro vacío, un torpe montaje.
¿Y el prójimo que cruza por mi vía?
¿Es carne real o sombra proyectada?
Es solo un mito de mi fantasía,
una ficción por mi ilusión creada.
Si el niño llora o el mendigo clama
¿es llanto genuino, o burdo decorado?
Es mi propio dolor el que los programa
en este universo que yo he diseñado.
Si busco un tierno amor que me sostenga,
ilumino la mirada que me mira;
no hay hondo pozo que mi mal contenga
en este seco espejismo que delira.
Si soy el arquitecto de este espanto,
¿por qué mi propia mente me traiciona?
¿Por qué invento la miel y el quebranto
en este reino que mi ficción corona?
¿Cómo puedo ignorar lo que yo oculto?
¿Por qué me causa asombro el día?
Soy el profeta de un misterioso culto
donde me engaña mi propia profecía.
Soy el esclavo de mi propio invento
condenado a vivir sin un amigo.
No hay misterio en el firmamento
cuando yo soy la ley, el juez y el testigo.
Soy el monarca de un reino de la nada,
preso en la cárcel de mi propio centro,
escuchando mi voz aprisionada
sin que nadie responda desde dentro.
Grito al vacío buscando un abrazo,
pero el espejo devuelve el ruego.
Yo soy el cuerpo, el filo y el lazo,
el tronco quemado en su propio fuego.
Estéril suena mi voz entregada,
laberinto de espejos donde habito.
No hay eco que responda a mi llamada
pues soy el silencio que devora el grito.
Cae la arena en el frágil cristal,
soy el soñador que todo comprende.
Cuando yo muera, la noche de coral
borrará este cosmos que de mí depende.
***********
El universo nace en mi mirada,
el cielo es azul porque yo lo nombro
y el viento que estremece la alborada
es solo polvo sobre mi ancho hombro.
Si cierro los ojos, el mar se apaga,
las estrellas se hunden en el olvido;
nada existe en la caverna que amaga
si no halla en mi mente el sentido.
Entre dos sucesos no hay lejanía
el mundo se perfila en mi retina;
la cumbre más alta y la vasta bahía
son solo el mapa que mi ser confina.
El tiempo es río que en mí se derrama,
no hay ayer ni mañana si no estoy enfrente;
la historia del caos es una débil llama
que se enciende si la hago presente.
La tierra es el lienzo, yo soy la mano,
el dios que dibuja su propio paisaje.
Fuera de mi pensar, todo es vano:
un teatro vacío, un torpe montaje.
¿Y el prójimo que cruza por mi vía?
¿Es carne real o sombra proyectada?
Es solo un mito de mi fantasía,
una ficción por mi ilusión creada.
Si el niño llora o el mendigo clama
¿es llanto genuino, o burdo decorado?
Es mi propio dolor el que los programa
en este universo que yo he diseñado.
Si busco un tierno amor que me sostenga,
ilumino la mirada que me mira;
no hay hondo pozo que mi mal contenga
en este seco espejismo que delira.
Si soy el arquitecto de este espanto,
¿por qué mi propia mente me traiciona?
¿Por qué invento la miel y el quebranto
en este reino que mi ficción corona?
¿Cómo puedo ignorar lo que yo oculto?
¿Por qué me causa asombro el día?
Soy el profeta de un misterioso culto
donde me engaña mi propia profecía.
Soy el esclavo de mi propio invento
condenado a vivir sin un amigo.
No hay misterio en el firmamento
cuando yo soy la ley, el juez y el testigo.
Soy el monarca de un reino de la nada,
preso en la cárcel de mi propio centro,
escuchando mi voz aprisionada
sin que nadie responda desde dentro.
Grito al vacío buscando un abrazo,
pero el espejo devuelve el ruego.
Yo soy el cuerpo, el filo y el lazo,
el tronco quemado en su propio fuego.
Estéril suena mi voz entregada,
laberinto de espejos donde habito.
No hay eco que responda a mi llamada
pues soy el silencio que devora el grito.
Cae la arena en el frágil cristal,
soy el soñador que todo comprende.
Cuando yo muera, la noche de coral
borrará este cosmos que de mí depende.
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Este esbozo de poema trata sobre el "solipsismo": postura filosófica extrema que sostiene que la propia mente del individuo es lo único cuya existencia es absolutamente segura. Afirma que el mundo exterior y otras mentes no se pueden comprobar y podrían ser simples representaciones o proyecciones de la propia conciencia.
El problema es cuando surge un loco que pretende gobernar el mundo...
Saludos, amigo Alde