El único fruto posible

DESIERTO

Poeta recién llegado
Déjame el camino abierto,


no vuelvas ni a mirarme, no intentes nada.


Mata dentro de ti y hasta de mi lo sea que haya quedado.


Déjame de una vez sin querer otra cosa que el olvido que había jurado que no existe,


que solo eran las distancias espaciando los recuerdos.


No intentes saber de qué hablan los ojos que alguna vez te amaron,


que ya no verás otra cosa que el paramo infértil que tu secaste.


Déjame tú,


que sangras estas venas que fueron tan llenas de ti.



Veas o no, caigo en el retraso inútil de la espera impuesta,


a las horas previas al desengaño,


que finalmente llega inevitable como las lluvias de estación.


Parte a este latido que fue tuyo tantos años como heridas fueron.


Desgarra hasta los huesos la piel que no supo más que de ti,


más que de las eternas esperas de tu desembarco en la playa final que sabrás,


era tuya.



Cuando los años te enseñen que aquel camino que se te regalaba junto a mí ya no existe,


entenderás lo que ahora solo es fiesta por una libertad que igual tenias.


Pero no pienses.


Descansa de mí para siempre,


absoluto es el camino del adiós.


Solo deja que pueda amar como debo,


el fruto inmaculado de lo que fue el amor más grande que he sentido.


Solo deja que ese fruto sagrado sea feliz de verme como la fortaleza inexpugnable.


Solo intenta que el odio fermentado en desengaños de culpas otorgadas a mí,


no te excuse por apartarme de nuestra pequeña parte de cielo,


de nuestro océano de inocencia,


de nuestro ideal de sueño realizado,


de la única razón válida para asesinar el rencor entre nosotros…


Hablo de nuestra pequeña parte del paraíso en la tierra,


hablo de Ella, ya sabes…


El fruto definitivo de ese amor que abandonaste a su suerte.


Hablo del único fruto posible,


ese que amas más que tu vida.
 
Última edición:
Déjame el camino abierto,


no vuelvas ni a mirarme, no intentes nada.


Mata dentro de ti y hasta de mi lo sea que haya quedado.


Déjame de una vez sin querer otra cosa que el olvido que había jurado que no existe,


que solo eran las distancias espaciando los recuerdos.


No intentes saber de qué hablan los ojos que alguna vez te amaron,


que ya no verás otra cosa que el paramo infértil que tu secaste.


Déjame tú,


que sangras estas venas que fueron tan llenas de ti.



Veas o no, caigo en el retraso inútil de la espera impuesta,


a las horas previas al desengaño,


que finalmente llega inevitable como las lluvias de estación.


Parte a este latido que fue tuyo tantos años como heridas fueron.


Desgarra hasta los huesos la piel que no supo más que de ti,


más que de las eternas esperas de tu desembarco en la playa final que sabrás,


era tuya.



Cuando los años te enseñen que aquel camino que se te regalaba junto a mí ya no existe,


entenderás lo que ahora solo es fiesta por una libertad que igual tenias.


Pero no pienses.


Descansa de mí para siempre,


absoluto es el camino del adiós.


Solo deja que pueda amar como debo,


el fruto inmaculado de lo que fue el amor más grande que he sentido.


Solo deja que ese fruto sagrado sea feliz de verme como la fortaleza inexpugnable.


Solo intenta que el odio fermentado en desengaños de culpas otorgadas a mí,


no te excuse por apartarme de nuestra pequeña parte de cielo,


de nuestro océano de inocencia,


de nuestro ideal de sueño realizado,


de la única razón válida para asesinar el rencor entre nosotros…


Hablo de nuestra pequeña parte del paraíso en la tierra,


hablo de Ella, ya sabes…


El fruto definitivo de ese amor que abandonaste a su suerte.


Hablo del único fruto posible,


ese que amas más que tu vida.

Maravillosos versos sin rima cargados de sentimientos, como tu alma de poeta Desierto, pero esta última conrima y nombra tu búsqueda
 
Última edición:
Dennisse, gracias por estar aquí, te deseo que tengas siempre esa sabiduría tuya al escribir.
Es un enorme gusto que me acompañes.

Un abrazo.
 

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