Sira
Poeta fiel al portal
Mi mente febril se retuerce, se subleva contra el invasor, se solivianta frente a la vacuidad existencial. Y entretanto, Morfeo ha vuelto a abandonarme esta noche a mi suerte.
Me habla sobre retribuciones kármicas, así como la interminable rueda del Samsara. Me susurra sobre inconmensurables soledades; sobre emolumentos subsiguientes y fatídicas contiendas perdidas, mas libradas hasta el último estertor por demás heroico.
Acaricia mi tez descarnada y cetrina con insólita dulzura. Aquella que reserva para los proscritos, ya fueran monstruosos o inermes, pero siempre extrañamente diferentes. Para los que nunca quisieron formar parte de un todo, o quizás, no supieron cómo ceñirse a éste.
Pues nosotros somos los moradores de los sueños, que viven a su alargada y umbría sombra. Criaturas que apenas sí pisan el mundo terreno; felices como somos alimentándonos de ellos.
Ámame esta noche, Oniro. Porque sólo tú eres, serás y has sido mi primer y único, verdadero amante. Amortájame entre tus vaporosos brazos, capaces de procurar el solaz y el olvido que trae consigo tu hermana Muerte. Bésame de nuevo, amor mío, porque me siento desamparada y sé que tú puedes guarecerme.
Estréchame contra tu tornadiza, evanescente figura que se permuta en mil formas y colores inconsistentes. Conviérteme en esclava, en esposa y en asesina implacable a un tiempo. En bailarina, en escritora, sacerdotisa intocable y prostituta. Restauradora, destructora, funambulista e ilusionista. Amazona, hermafrodita, mórbida sirena y harpía voladora.
Llévame esta noche a tus dominios, caprichoso y altivo monarca del sueño... Pues todo lo que podré llegar a ser y ya he sido, lo fui primero en tu reino.
Sira
Me habla sobre retribuciones kármicas, así como la interminable rueda del Samsara. Me susurra sobre inconmensurables soledades; sobre emolumentos subsiguientes y fatídicas contiendas perdidas, mas libradas hasta el último estertor por demás heroico.
Acaricia mi tez descarnada y cetrina con insólita dulzura. Aquella que reserva para los proscritos, ya fueran monstruosos o inermes, pero siempre extrañamente diferentes. Para los que nunca quisieron formar parte de un todo, o quizás, no supieron cómo ceñirse a éste.
Pues nosotros somos los moradores de los sueños, que viven a su alargada y umbría sombra. Criaturas que apenas sí pisan el mundo terreno; felices como somos alimentándonos de ellos.
Ámame esta noche, Oniro. Porque sólo tú eres, serás y has sido mi primer y único, verdadero amante. Amortájame entre tus vaporosos brazos, capaces de procurar el solaz y el olvido que trae consigo tu hermana Muerte. Bésame de nuevo, amor mío, porque me siento desamparada y sé que tú puedes guarecerme.
Estréchame contra tu tornadiza, evanescente figura que se permuta en mil formas y colores inconsistentes. Conviérteme en esclava, en esposa y en asesina implacable a un tiempo. En bailarina, en escritora, sacerdotisa intocable y prostituta. Restauradora, destructora, funambulista e ilusionista. Amazona, hermafrodita, mórbida sirena y harpía voladora.
Llévame esta noche a tus dominios, caprichoso y altivo monarca del sueño... Pues todo lo que podré llegar a ser y ya he sido, lo fui primero en tu reino.
Sira
Última edición: