El sol de enero.

Susana del Rosal

Poeta que considera el portal su segunda casa
El sol de enero vivía en Valencia. Ya sé que todos creemos que hay un sólo sol y que brilla para el mundo, pero este sol era especial. Les contaré: Cuando desde las cinco de la mañana comenzaba el estruendo de los autobuses por la avenida Lara y a amontonarse gente en las paradas, yo me asomaba por la ventana esperando que su luz, allá en el horizonte, me permitiera salir. Siempre notaba que aunque fueran las seis y media, él seguía dormido. La pobre luna debía estar en el cielo con un desfase de hora y media. El sol abría un ojo a las seis y cuarenta, pero con una calma digna de su nombre.
Un día, estando especialmente de mal humor, le increpé: Asómate ya, dormilón, tu obligación es salir a las seis de la mañana, cumple tu trabajo y alumbra.
Me enteré entonces de que el pobre estaba enfermo, cuando moviendo con dificultad dos de sus rayos para apartar una nube rosada bostezó con cansancio. "No he podido dormir, me dijo, he estado toda la noche oyéndolos, viéndolos trasnochar, embriagarse, pelear. Desde las once han pasado por aquí más ambulancias de las que me acuerdo, he estado escuchando sirenas durante horas. Me duele la cabeza, que en mi caso es decir que me duele todo. Quiero descansar y debo trabajar. Es injusto".
- Pobrecito de tí - le contesté. Pero mira, te invito para mi pueblo, ya que necesitas vacaciones. Allá te repondrás. Claro que algunas noches dormirás mal con uno que otro ruido, pero la mayoría de las veces dormirás muy bien. Te despertarás muy temprano, cuando oigas los pájaros en el patio y podrás descansar desde las seis de la tarde. Vente conmigo.
"Gracias", me dijo el sol, "eso suena muy bien, pero no puedo hacerlo. esta ciudad tan ruidosa estaría muy triste sin mí. La gente que se levanta esperándome se decepcionaría si no salgo un día aunque esté cansado. Son mis rayos los que hacen que tengan que despertarse. Acuérdate de que ellos también están durmiendo mal porque el ruido que a mí me afecta tampoco les permite descansar. Yo soy un sol solidario. Las penas compartidas pesan menos. Además, estoy acostumbrado a la ciudad.
- ¡Vaya un sol tonto! - me dije. Y cerré la ventana.
 
El sol de enero vivía en Valencia. Ya sé que todos creemos que hay un sólo sol y que brilla para el mundo, pero este sol era especial. Les contaré: Cuando desde las cinco de la mañana comenzaba el estruendo de los autobuses por la avenida Lara y a amontonarse gente en las paradas, yo me asomaba por la ventana esperando que su luz, allá en el horizonte, me permitiera salir. Siempre notaba que aunque fueran las seis y media, él seguía dormido. La pobre luna debía estar en el cielo con un desfase de hora y media. El sol abría un ojo a las seis y cuarenta, pero con una calma digna de su nombre.
Un día, estando especialmente de mal humor, le increpé: Asómate ya, dormilón, tu obligación es salir a las seis de la mañana, cumple tu trabajo y alumbra.
Me enteré entonces de que el pobre estaba enfermo, cuando moviendo con dificultad dos de sus rayos para apartar una nube rosada bostezó con cansancio. "No he podido dormir, me dijo, he estado toda la noche oyéndolos, viéndolos trasnochar, embriagarse, pelear. Desde las once han pasado por aquí más ambulancias de las que me acuerdo, he estado escuchando sirenas durante horas. Me duele la cabeza, que en mi caso es decir que me duele todo. Quiero descansar y debo trabajar. Es injusto".
- Pobrecito de tí - le contesté. Pero mira, te invito para mi pueblo, ya que necesitas vacaciones. Allá te repondrás. Claro que algunas noches dormirás mal con uno que otro ruido, pero la mayoría de las veces dormirás muy bien. Te despertarás muy temprano, cuando oigas los pájaros en el patio y podrás descansar desde las seis de la tarde. Vente conmigo.
"Gracias", me dijo el sol, "eso suena muy bien, pero no puedo hacerlo. esta ciudad tan ruidosa estaría muy triste sin mí. La gente que se levanta esperándome se decepcionaría si no salgo un día aunque esté cansado. Son mis rayos los que hacen que tengan que despertarse. Acuérdate de que ellos también están durmiendo mal porque el ruido que a mí me afecta tampoco les permite descansar. Yo soy un sol solidario. Las penas compartidas pesan menos. Además, estoy acostumbrado a la ciudad.
- ¡Vaya un sol tonto! - me dije. Y cerré la ventana.

Bello cuento querida Albaclara, que encierra una buena enseñanza y moraleja,
pienso que es como para un público en edad escolar, un infantil ya con algún conocimiento,
siempre tienes algo bueno en tus escritos;
un abrazo,
Eduardo.
 
Bello cuento querida Albaclara, que encierra una buena enseñanza y moraleja,
pienso que es como para un público en edad escolar, un infantil ya con algún conocimiento,
siempre tienes algo bueno en tus escritos;
un abrazo,
Eduardo.





Gracias Eduardo, por pasar por este cuento tan especial para mí. Dios te bendiga.
 
El sol de enero vivía en Valencia. Ya sé que todos creemos que hay un sólo sol y que brilla para el mundo, pero este sol era especial. Les contaré: Cuando desde las cinco de la mañana comenzaba el estruendo de los autobuses por la avenida Lara y a amontonarse gente en las paradas, yo me asomaba por la ventana esperando que su luz, allá en el horizonte, me permitiera salir. Siempre notaba que aunque fueran las seis y media, él seguía dormido. La pobre luna debía estar en el cielo con un desfase de hora y media. El sol abría un ojo a las seis y cuarenta, pero con una calma digna de su nombre.
Un día, estando especialmente de mal humor, le increpé: Asómate ya, dormilón, tu obligación es salir a las seis de la mañana, cumple tu trabajo y alumbra.
Me enteré entonces de que el pobre estaba enfermo, cuando moviendo con dificultad dos de sus rayos para apartar una nube rosada bostezó con cansancio. "No he podido dormir, me dijo, he estado toda la noche oyéndolos, viéndolos trasnochar, embriagarse, pelear. Desde las once han pasado por aquí más ambulancias de las que me acuerdo, he estado escuchando sirenas durante horas. Me duele la cabeza, que en mi caso es decir que me duele todo. Quiero descansar y debo trabajar. Es injusto".
- Pobrecito de tí - le contesté. Pero mira, te invito para mi pueblo, ya que necesitas vacaciones. Allá te repondrás. Claro que algunas noches dormirás mal con uno que otro ruido, pero la mayoría de las veces dormirás muy bien. Te despertarás muy temprano, cuando oigas los pájaros en el patio y podrás descansar desde las seis de la tarde. Vente conmigo.
"Gracias", me dijo el sol, "eso suena muy bien, pero no puedo hacerlo. esta ciudad tan ruidosa estaría muy triste sin mí. La gente que se levanta esperándome se decepcionaría si no salgo un día aunque esté cansado. Son mis rayos los que hacen que tengan que despertarse. Acuérdate de que ellos también están durmiendo mal porque el ruido que a mí me afecta tampoco les permite descansar. Yo soy un sol solidario. Las penas compartidas pesan menos. Además, estoy acostumbrado a la ciudad.
- ¡Vaya un sol tonto! - me dije. Y cerré la ventana.
Pobre el sol, pero a la vez es dichoso, por que se siente parte de esa comunidad, como si fueran sus hijos.
Como el padre y la madre que a pesar de todo quieren a sus vástagos sobre todas las cosas. Un hermoso cuento digno de admirar.

Bacio blu, con estrellas totales.
 
José Asunción B. B.;2278212 dijo:
Pobre el sol, pero a la vez es dichoso, por que se siente parte de esa comunidad, como si fueran sus hijos.
Como el padre y la madre que a pesar de todo quieren a sus vástagos sobre todas las cosas. Un hermoso cuento digno de admirar.

Bacio blu, con estrellas totales.




Gracias, José, por tu cálido comentario. Un abrazo.
 
El sol de enero vivía en Valencia. Ya sé que todos creemos que hay un sólo sol y que brilla para el mundo, pero este sol era especial. Les contaré: Cuando desde las cinco de la mañana comenzaba el estruendo de los autobuses por la avenida Lara y a amontonarse gente en las paradas, yo me asomaba por la ventana esperando que su luz, allá en el horizonte, me permitiera salir. Siempre notaba que aunque fueran las seis y media, él seguía dormido. La pobre luna debía estar en el cielo con un desfase de hora y media. El sol abría un ojo a las seis y cuarenta, pero con una calma digna de su nombre.
Un día, estando especialmente de mal humor, le increpé: Asómate ya, dormilón, tu obligación es salir a las seis de la mañana, cumple tu trabajo y alumbra.
Me enteré entonces de que el pobre estaba enfermo, cuando moviendo con dificultad dos de sus rayos para apartar una nube rosada bostezó con cansancio. "No he podido dormir, me dijo, he estado toda la noche oyéndolos, viéndolos trasnochar, embriagarse, pelear. Desde las once han pasado por aquí más ambulancias de las que me acuerdo, he estado escuchando sirenas durante horas. Me duele la cabeza, que en mi caso es decir que me duele todo. Quiero descansar y debo trabajar. Es injusto".
- Pobrecito de tí - le contesté. Pero mira, te invito para mi pueblo, ya que necesitas vacaciones. Allá te repondrás. Claro que algunas noches dormirás mal con uno que otro ruido, pero la mayoría de las veces dormirás muy bien. Te despertarás muy temprano, cuando oigas los pájaros en el patio y podrás descansar desde las seis de la tarde. Vente conmigo.
"Gracias", me dijo el sol, "eso suena muy bien, pero no puedo hacerlo. esta ciudad tan ruidosa estaría muy triste sin mí. La gente que se levanta esperándome se decepcionaría si no salgo un día aunque esté cansado. Son mis rayos los que hacen que tengan que despertarse. Acuérdate de que ellos también están durmiendo mal porque el ruido que a mí me afecta tampoco les permite descansar. Yo soy un sol solidario. Las penas compartidas pesan menos. Además, estoy acostumbrado a la ciudad.
- ¡Vaya un sol tonto! - me dije. Y cerré la ventana.

Un bello cuento muy original en el que se nos muestra un sol muy amable y solidario, que sabe hacer muy bien su papel de dar calor, además de servir de despertador a la gran ciudad ruidosa. Mis felicitaciones y estrellas para tu obra. Un abrazo.
 
Un bello cuento muy original en el que se nos muestra un sol muy amable y solidario, que sabe hacer muy bien su papel de dar calor, además de servir de despertador a la gran ciudad ruidosa. Mis felicitaciones y estrellas para tu obra. Un abrazo.





Gracias, Lore. Un beso.
 
Que Ícara narracion amiga...el sello de tu estilo sigue siendo espectacular. Esperemos que tu sol, por el bien de todos, se mejore pronto.....R. toro
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba