No te hablo porque eres perfecta.
Como una tormenta, feroz e implacable.
O como aquella luna, dulce y pasiva.
No te hablo porque no te puedo hablar.
Porque tu cabello, que cae sobre tu frente, me hechiza,
Como un destello castaño que cubre mis pensamientos.
Porque tus ojos, que sonríen, me quitan las palabras.
Palabras inocentes, palabras de amor… palabras al fin.
Pero todas ellas transformadas en un tímido murmullo,
En un cielo nublado, en nada.
No te hablo, ¡ay, dulzura!
Porque interrumpiría tus palabras, tu voz,
Suave, tímida, clara… casi silenciosa.
Aletas de una mariposa que acarician mi oreja.
No te hablo, es verdad, más no por vergüenza,
Sino quizás por respeto.
Para amarte en silencio.
Para imaginar tus besos.
Para soñar con tu deseo.
No te hablo, ¡ay, mi amor!
Porque en realidad no recuerdo el color de tus ojos.
Porque no soy tu amor.
Ni tus besos.
Ni tu deseo.
No te hablo…
Porque no eres más que un sueño.
Martín David Pasternak
Como una tormenta, feroz e implacable.
O como aquella luna, dulce y pasiva.
No te hablo porque no te puedo hablar.
Porque tu cabello, que cae sobre tu frente, me hechiza,
Como un destello castaño que cubre mis pensamientos.
Porque tus ojos, que sonríen, me quitan las palabras.
Palabras inocentes, palabras de amor… palabras al fin.
Pero todas ellas transformadas en un tímido murmullo,
En un cielo nublado, en nada.
No te hablo, ¡ay, dulzura!
Porque interrumpiría tus palabras, tu voz,
Suave, tímida, clara… casi silenciosa.
Aletas de una mariposa que acarician mi oreja.
No te hablo, es verdad, más no por vergüenza,
Sino quizás por respeto.
Para amarte en silencio.
Para imaginar tus besos.
Para soñar con tu deseo.
No te hablo, ¡ay, mi amor!
Porque en realidad no recuerdo el color de tus ojos.
Porque no soy tu amor.
Ni tus besos.
Ni tu deseo.
No te hablo…
Porque no eres más que un sueño.
Martín David Pasternak
Última edición: