danie
solo un pensamiento...
El velo negro que oculta tu triste mirada, seduce mis encantos he invoca mi alma. Es una mirada tenue y fría, hasta gélida se podría decir, que me incauta paulatinamente. El morbo de tu sonrisa rebosa de pequeños destellos de seducción, mientras mi tiempo necrológico esta plasmándose en ese frio epitafio marmolado, esperando acurrucarme en tus cálidos brazos. Sos el fin de mi opaca y efímera respiración, me seduces, me atrapas y me consumes. Viuda negra, sexo pata e incandescente deidad que acorrala mi viril mortalidad, amante de la perturbación de mi mente y fiel a tu maleva devoción. Ya no ahí tiempo atrás el cese de la respiración es inevitable lo cual continuara con la detención del corazón
El soplo de la vida se retira con el alma, la sangre se congela y las arterias se dilatan, eso a vos te encanta
Por fin tus labios dulces y arrogantes se sellan en los míos con cautelo y compasión
Me quitas las penas y decanta el dolor de esta fugaz vida, me demuestras la liberación de nuestra cárcel material, impune de tus actos tal vez por un poco de remordimiento, me acaricias con clemencia y secas con tus dedos mis mejillas. No mas llanto no más dolor, mi vida substancial a su fin conlleva.
Pero sobre mi ataúd, los restos de mi cuerpo respiran, no es posible esta visión, tu impía de mi corazón coincides darme unos segundos más para despedirme de tu soslayado amor. La rigidez de tu mano acaricia mi rostro sutilmente una vez más y el rigor mortis de tu cuerpo se une con el mío, entrando en coito sexual. Esto es un alago a mi ser, nadie tubo nunca esta dedicación, el rigor mortis no dura mucho, pero alcanza en esos segundos para conocer tu oscura profundidad. El enigma del ocultismo se esconde detrás de tu pletórica alegoría, inexplicable en palabras, morbosa, lúgubre e inmaculada devoción sexual. Finalmente el rito termina, me sueltas de la mano, me besas la frente y me encaminas.
El soplo de la vida se retira con el alma, la sangre se congela y las arterias se dilatan, eso a vos te encanta
Por fin tus labios dulces y arrogantes se sellan en los míos con cautelo y compasión
Me quitas las penas y decanta el dolor de esta fugaz vida, me demuestras la liberación de nuestra cárcel material, impune de tus actos tal vez por un poco de remordimiento, me acaricias con clemencia y secas con tus dedos mis mejillas. No mas llanto no más dolor, mi vida substancial a su fin conlleva.
Pero sobre mi ataúd, los restos de mi cuerpo respiran, no es posible esta visión, tu impía de mi corazón coincides darme unos segundos más para despedirme de tu soslayado amor. La rigidez de tu mano acaricia mi rostro sutilmente una vez más y el rigor mortis de tu cuerpo se une con el mío, entrando en coito sexual. Esto es un alago a mi ser, nadie tubo nunca esta dedicación, el rigor mortis no dura mucho, pero alcanza en esos segundos para conocer tu oscura profundidad. El enigma del ocultismo se esconde detrás de tu pletórica alegoría, inexplicable en palabras, morbosa, lúgubre e inmaculada devoción sexual. Finalmente el rito termina, me sueltas de la mano, me besas la frente y me encaminas.