Chiaa
Poeta recién llegado
En un país de arena y mal
gobernaba el rey de sal
en su trono de espinas
en su palacio en ruinas
De sal su cabeza coronada
anciano y reseco su esqueleto
de trapo su persona adornada.
Gobernaba un pais en luto
de casas de arena calcinada
enlutado de su muerte
y de la vida ausente,
las calles de rocas gastadas,
cargaban inertes caravanas,
los burgueses resecos
fingían que dormían
admitir no querían
su estado de finados
viento popa sus negocios
rasgadas sus velas,
en este país de misería,
hasta el paisano obedecía
a su rey depuesto,
en su llanura estéril
con su ganado descompuesto.
El leñador talaba
con sus manos de yeso
en el valle de escombros
peñascos y huesos.
El aire de muerte
y el mal de gentes
no detuvieron una brizna verde
en la rodilla señorial
y desobedecido el capataz
llamo a sus tropas de arena y sal
a la aviación de moscas disueltas
y a la sumergida armada real
y arrasaron sus carteles de victoria
de nadie creídos,
al paso por la ciudad
y en un huracán de tropas
y arenas desechas
el yerno reino arena
bajo un sol radiante
se cubrió de nubes
y de ellas llovió
y un bosque creció
gobernaba el rey de sal
en su trono de espinas
en su palacio en ruinas
De sal su cabeza coronada
anciano y reseco su esqueleto
de trapo su persona adornada.
Gobernaba un pais en luto
de casas de arena calcinada
enlutado de su muerte
y de la vida ausente,
las calles de rocas gastadas,
cargaban inertes caravanas,
los burgueses resecos
fingían que dormían
admitir no querían
su estado de finados
viento popa sus negocios
rasgadas sus velas,
en este país de misería,
hasta el paisano obedecía
a su rey depuesto,
en su llanura estéril
con su ganado descompuesto.
El leñador talaba
con sus manos de yeso
en el valle de escombros
peñascos y huesos.
El aire de muerte
y el mal de gentes
no detuvieron una brizna verde
en la rodilla señorial
y desobedecido el capataz
llamo a sus tropas de arena y sal
a la aviación de moscas disueltas
y a la sumergida armada real
y arrasaron sus carteles de victoria
de nadie creídos,
al paso por la ciudad
y en un huracán de tropas
y arenas desechas
el yerno reino arena
bajo un sol radiante
se cubrió de nubes
y de ellas llovió
y un bosque creció