El olor o aprendiendo a comer.

isaac newton

Poeta que considera el portal su segunda casa
Hemos mordido en la cabeza, sospechando que parezco indigente con manos claras como el viento y superando los cien kilómetros por hora al recibir tormentas en los ojos pesados; ya que son pesados, pocos animales retocan el brillo del sol sobre la cama a perfecta luz del día, ósea casi preñada entre la oscuridad del equinoccio y la estación próxima a caer. Uso las palabras alcanzando la posteridad en muchos de los soles nacientes, figurando que están extraídos fuera de la naturaleza, como abunda en el búho su naturaleza
.
Odio que toda capacidad concebida, entre la noche fuera tan violenta, desde pasar por inadvertido la cosa de la cena, la cosa del bosque, la cosa de la tormenta, la cosa de la naturaleza y admitir por valor único la petrificación de la conciencia dentro de los arboles, como el ojo es la lupa de los pensamientos, abriendo el sonido de los polos opuestos; contestando con valor a esta pregunta y complaciendo a las manadas que corren por ser lejanas y frescas ante la noche, como el ruido turbulento de la pelea.

El olor casi imprudente ceca los labios, de quien ha salvado una pesca hostil entre mareas y llantos o del que a prendido el fuego dentro de su boca por faltar al respeto.
 

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