David Pinnell Martínez
Poeta recién llegado
Del otro lado de mi muro
vive un paraíso olvidado por mi aislamiento.
Pero bajo el horizonte de mi gran pared,
escucho tu amanecer.
El sol siempre te saluda a ti primero, antes que a mí,
pero, ante mi alienación inmensa, tú también me logras saludar.
Tus palabras pasan por encima de mi muro a puros gritos,
y yo siempre las cacho con precaución al verlas caer.
Me traen, entre sus letras, pequeños reflejos de lo que solía ser mi mundo,
y se convierten en los cimientos de mi deseo por escapar de mi jaula de arcilla.
Trato de besarte a través de mi barrera,
pero solo termino estrellando mi rostro contra mi aprensión.
Y quizás la culpa la tengo yo, por ser quien cargaba con los ladrillos.
Pero, a fin de cuentas, ya sé lo que pasa cuando derrumbo mi muro:
siempre soy yo quien termina bajo los escombros.
vive un paraíso olvidado por mi aislamiento.
Pero bajo el horizonte de mi gran pared,
escucho tu amanecer.
El sol siempre te saluda a ti primero, antes que a mí,
pero, ante mi alienación inmensa, tú también me logras saludar.
Tus palabras pasan por encima de mi muro a puros gritos,
y yo siempre las cacho con precaución al verlas caer.
Me traen, entre sus letras, pequeños reflejos de lo que solía ser mi mundo,
y se convierten en los cimientos de mi deseo por escapar de mi jaula de arcilla.
Trato de besarte a través de mi barrera,
pero solo termino estrellando mi rostro contra mi aprensión.
Y quizás la culpa la tengo yo, por ser quien cargaba con los ladrillos.
Pero, a fin de cuentas, ya sé lo que pasa cuando derrumbo mi muro:
siempre soy yo quien termina bajo los escombros.