musador
esperando...
¿Porquería?: puede ser...
Cambalache es la tortura
que nos mira en la tevé:
presidentes, futboleros,
bailarines y gritones,
la farándula al gobierno,
los aplausos a las urnas
y los curas a su fe.
Que los canas se devoren
las miserias del ladrón,
que los jueces con sus fallos
alimenten la pasión
de chismosos y verrugas
que sustentan la nación.
Sindicatos, corruptelas,
diputados en malón:
no tiene punta el ovillo,
solo sangra el que parió.
Los chamuyos del derecho
poco dejan al que es dios,
que ya no llora ni mama
revolcado en su ilusión.
En el lodo de la usura
solo flotan los pitucos
que se mofan de los pobres
mientras juntan con la pala
el dinero que la soja
les reparte a discreción.
¿De qué respeto me hablás?:
se nos cagan de la risa
si asomamos la nariz,
aplastados por la timba
la yugamos como bueyes
rebuscando las monedas
y evitando el manotón
de los pungas del estado
que nos tienen de ratones:
serán gatos, serán tigres,
¿qué le importa al que lo comen?,
no nos queda ni una cueva,
donde mires hay mirones
que te junan del balcón
ya probándose tus pilchas
y dejándote en la vía
al compás del bandoneón.
¿Qué te podría contar?
En tu tiempo la tortilla
de canto estaba quizás...
Hoy se ha volcado de un lado:
nosotros en la sartén
somos pobres papas fritas
que ni la vemos pasar...
Otro siglo tal vez pueda
ser mejor para la gente
pero el mundo que tenemos
no lo aguantan ni los santos:
carnavales de riqueza
con las balas de la guerra,
miserables que se ahogan
mientras huyen del furor,
la mentira que se impone
por la fuerza del gritón...
Cambalache en la nostalgia
de tu tango que pasó.
Nota. Este poema es un poco apresurado. Creo que fue una buena idea para este tema la de dialogar con Enrique Santos Discépolo en su tango «Cambalache», pero una mejor realización me exigiría más tiempo del que hoy no dispongo.
Cambalache es la tortura
que nos mira en la tevé:
presidentes, futboleros,
bailarines y gritones,
la farándula al gobierno,
los aplausos a las urnas
y los curas a su fe.
Que los canas se devoren
las miserias del ladrón,
que los jueces con sus fallos
alimenten la pasión
de chismosos y verrugas
que sustentan la nación.
Sindicatos, corruptelas,
diputados en malón:
no tiene punta el ovillo,
solo sangra el que parió.
Los chamuyos del derecho
poco dejan al que es dios,
que ya no llora ni mama
revolcado en su ilusión.
En el lodo de la usura
solo flotan los pitucos
que se mofan de los pobres
mientras juntan con la pala
el dinero que la soja
les reparte a discreción.
¿De qué respeto me hablás?:
se nos cagan de la risa
si asomamos la nariz,
aplastados por la timba
la yugamos como bueyes
rebuscando las monedas
y evitando el manotón
de los pungas del estado
que nos tienen de ratones:
serán gatos, serán tigres,
¿qué le importa al que lo comen?,
no nos queda ni una cueva,
donde mires hay mirones
que te junan del balcón
ya probándose tus pilchas
y dejándote en la vía
al compás del bandoneón.
¿Qué te podría contar?
En tu tiempo la tortilla
de canto estaba quizás...
Hoy se ha volcado de un lado:
nosotros en la sartén
somos pobres papas fritas
que ni la vemos pasar...
Otro siglo tal vez pueda
ser mejor para la gente
pero el mundo que tenemos
no lo aguantan ni los santos:
carnavales de riqueza
con las balas de la guerra,
miserables que se ahogan
mientras huyen del furor,
la mentira que se impone
por la fuerza del gritón...
Cambalache en la nostalgia
de tu tango que pasó.
Nota. Este poema es un poco apresurado. Creo que fue una buena idea para este tema la de dialogar con Enrique Santos Discépolo en su tango «Cambalache», pero una mejor realización me exigiría más tiempo del que hoy no dispongo.
Última edición: