Te despiertan motores somnolientos.
Revisas tu madera y tu hierro,
ojalá tuvieras un espejo.
No muestras interés en la gente que pasa;
quizá alguien se detiene
a anudarse los cordones.
Ves un grupo de adolescentes ruidosos,
de los que juegan a saltar sobre el respaldo,
te esconderías si pudieras.
Menos mal, pasan de largo.
Y al fin llega la hora.
Eres sombra, eres brisa.
El mejor banco del parque.
Se acerca una anciana, puntual,
con el teléfono en la mano.
Habla con su nieta y su hija.
Siempre las mismas preguntas,
en el mismo orden.
Al colgar murmura algo,
que nunca se atreve a decirles.
Te gustaría acompañarla
a la puerta de su casa.
Hoy ha sido un buen día:
una madre le dio un yogur
a su hijo de tres años
y tiró el envase en la papelera.
Me dedicas tu última mirada.
Buen trabajo.
Hasta mañana.
Revisas tu madera y tu hierro,
ojalá tuvieras un espejo.
No muestras interés en la gente que pasa;
quizá alguien se detiene
a anudarse los cordones.
Ves un grupo de adolescentes ruidosos,
de los que juegan a saltar sobre el respaldo,
te esconderías si pudieras.
Menos mal, pasan de largo.
Y al fin llega la hora.
Eres sombra, eres brisa.
El mejor banco del parque.
Se acerca una anciana, puntual,
con el teléfono en la mano.
Habla con su nieta y su hija.
Siempre las mismas preguntas,
en el mismo orden.
Al colgar murmura algo,
que nunca se atreve a decirles.
Te gustaría acompañarla
a la puerta de su casa.
Hoy ha sido un buen día:
una madre le dio un yogur
a su hijo de tres años
y tiró el envase en la papelera.
Me dedicas tu última mirada.
Buen trabajo.
Hasta mañana.