El mejor banco del parque

Eme_Erre

Poeta recién llegado
Te despiertan motores somnolientos.

Revisas tu madera y tu hierro,
ojalá tuvieras un espejo.

No muestras interés en la gente que pasa;
quizá alguien se detiene
a anudarse los cordones.

Ves un grupo de adolescentes ruidosos,
de los que juegan a saltar sobre el respaldo,
te esconderías si pudieras.
Menos mal, pasan de largo.

Y al fin llega la hora.
Eres sombra, eres brisa.
El mejor banco del parque.

Se acerca una anciana, puntual,
con el teléfono en la mano.
Habla con su nieta y su hija.
Siempre las mismas preguntas,
en el mismo orden.
Al colgar murmura algo,
que nunca se atreve a decirles.
Te gustaría acompañarla
a la puerta de su casa.

Hoy ha sido un buen día:
una madre le dio un yogur
a su hijo de tres años
y tiró el envase en la papelera.

Me dedicas tu última mirada.
Buen trabajo.
Hasta mañana.
 
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Eme_Erre,

me pregunto si hay un banco en particular, uno que conozcas de memoria, que está detrás de todo esto.

Lo que más me atrapa es la personificación sostenida: el banco no es una metáfora decorativa, sino una conciencia que observa sin poder intervenir. Esa tensión —ver todo, no poder nada— le da al poema una melancolía muy concreta. Y el recurso funciona porque nunca se vuelve sentimental: el banco desea acompañar a la anciana a casa y no puede, y el poema simplemente lo anota y sigue, sin subrayarlo.

Al colgar murmura algo,
que nunca se atreve a decirles.

Ese verso es el corazón del poema. La anciana, el banco y tú —los tres— saben lo que no se dice. No hace falta nombrarlo.

El final me sorprendió. Ese giro donde el banco te dedica la última mirada rompe la distancia narrativa de golpe, y de repente entendemos que no eras el narrador omnisciente: eras tú, el del banco de al lado, o quizá el que un día fue ese niño del yogur.

"Hoy ha sido un buen día" como definición de lo suficiente. Eso se queda.
 
Te despiertan motores somnolientos.

Revisas tu madera y tu hierro,
ojalá tuvieras un espejo.

No muestras interés en la gente que pasa;
quizá alguien se detiene
a anudarse los cordones.

Ves un grupo de adolescentes ruidosos,
de los que juegan a saltar sobre el respaldo,
te esconderías si pudieras.
Menos mal, pasan de largo.

Y al fin llega la hora.
Eres sombra, eres brisa.
El mejor banco del parque.

Se acerca una anciana, puntual,
con el teléfono en la mano.
Habla con su nieta y su hija.
Siempre las mismas preguntas,
en el mismo orden.
Al colgar murmura algo,
que nunca se atreve a decirles.
Te gustaría acompañarla
a la puerta de su casa.

Hoy ha sido un buen día:
una madre le dio un yogur
a su hijo de tres años
y tiró el envase en la papelera.

Me dedicas tu última mirada.
Buen trabajo.
Hasta mañana.
A veces uno observa la.vida y siente esos momentos de anonimato e incomodidad.

Saludos
 

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