el palacete de Don Juan Redondo, respiraba en un lugar alejado de todo estìmulo llamado libertad, cuando sus pies tocaban los arbustos y las manos cuadradas tocaban los tomates, a raìz de un incidente, medio raro, con los Ansuàtegui, sus delicados pies de arcilla sonajearon y los trucados ensères del palacete turbaron la paz hasta entonces convenida con Doña Mercedes. Total..que un buen dìa mirando una castaña y atrapando lo que su cabeza pensaba, logrò dilucidar que la camiseta llena de moco, era cosa de una mujer llamada Inès, que en noches de gloria, se acercaba en sueños a cercenarle los pies y las manos.
No era cosa desacostumbrada lograr calzarse las piojosas alejandritas (minerales) e introducirlas en cubos de plastico, para luego despiojarlas en el laboratorio, era su trabajo intelectual, clasificarlas en metales, rocas, y minerales, que en un cuarto inmediato al suyo, lograba atender, con parsimonia y dedicaciòn, todo lo que en sus ratos libres, lograba entender. Sabìa por medio de Ramòn, que el caldo de cultivo y excedentes del mismo caldo que vemos, otorgaba a don Juan, un claro pero mediocre sentimiento de culpa al verse atornillado a las fraguas del palacete, pero el verse esperando. como acto impulsivo a un pelotero como Elìas no le hacìa gracia, màs sus horas empeadas en tomar aurelitas y analizar carbonita, siguiò el impulso de los rayos de pentecostès hasta dedicar màs de las ochos horas recomndadas màs de diez para esta labor. ¿y que consiguiò?. pues de tanto mineralizar las piedras, un àngulo precisamente colocado a su izquierda, con un jarron de acero, a dos metros del suelo, pasado como un guante, se le incrusto en el cràneo y a dos centimetros de la sien, el francotirador le dedicò un terrible golpe, desencajando todo lo que el consideraba vida, y monologando a sus pies que desde entonces llamo "pies redondos" y sus culpas resoplaban inversamente, a lo que el llamò, "catàlogo de una noche con doña Inès" . la cual misteriosamente no existìa sino en la cabeza de Don Juan.
No era cosa desacostumbrada lograr calzarse las piojosas alejandritas (minerales) e introducirlas en cubos de plastico, para luego despiojarlas en el laboratorio, era su trabajo intelectual, clasificarlas en metales, rocas, y minerales, que en un cuarto inmediato al suyo, lograba atender, con parsimonia y dedicaciòn, todo lo que en sus ratos libres, lograba entender. Sabìa por medio de Ramòn, que el caldo de cultivo y excedentes del mismo caldo que vemos, otorgaba a don Juan, un claro pero mediocre sentimiento de culpa al verse atornillado a las fraguas del palacete, pero el verse esperando. como acto impulsivo a un pelotero como Elìas no le hacìa gracia, màs sus horas empeadas en tomar aurelitas y analizar carbonita, siguiò el impulso de los rayos de pentecostès hasta dedicar màs de las ochos horas recomndadas màs de diez para esta labor. ¿y que consiguiò?. pues de tanto mineralizar las piedras, un àngulo precisamente colocado a su izquierda, con un jarron de acero, a dos metros del suelo, pasado como un guante, se le incrusto en el cràneo y a dos centimetros de la sien, el francotirador le dedicò un terrible golpe, desencajando todo lo que el consideraba vida, y monologando a sus pies que desde entonces llamo "pies redondos" y sus culpas resoplaban inversamente, a lo que el llamò, "catàlogo de una noche con doña Inès" . la cual misteriosamente no existìa sino en la cabeza de Don Juan.
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