Michel Manilva
Poeta recién llegado
Me rindo, no puedo más.
Con el corazón abierto me rindo a ti,
tómame por favor, con las palmas de tus manos
acaricia mis pestañas y estos ojos que no dejan de ser tuyos.
Reconozco que te extraño, pero reconozco también que te quiero.
Este te quiero a veces meditado, a veces regalado,
Siempre, siempre es sincero. Este te quiero te extraña
tanto como yo echo de menos las palmas de tus manos.
Este te quiero alcanza para ti y para mí,
para que tú recuperes tu propio te quiero, este te quiero te hace aguante,
Es paciente el tiempo que tú quieras.
Este te quiero lo quiero, pero no lo desprecies pues es
un te quiero con miedo. Un solo miedo.
Tiene miedo de no crecer, de no ser de ti. De que no lo quieras.
Tengo miedo Diana. Tengo miedo de quedarme.
Tengo miedo de quedarme acá.
Tengo miedo de estar sólo.
Tengo miedo de no ser feliz.
Tengo miedo de que no me ames.
Pero más miedo tengo que tú no seas feliz,
Por eso te doy tu vida Diana. Aquí está, ten tu libertad.
Con el corazón abierto me rindo a ti,
tómame por favor, con las palmas de tus manos
acaricia mis pestañas y estos ojos que no dejan de ser tuyos.
Reconozco que te extraño, pero reconozco también que te quiero.
Este te quiero a veces meditado, a veces regalado,
Siempre, siempre es sincero. Este te quiero te extraña
tanto como yo echo de menos las palmas de tus manos.
Este te quiero alcanza para ti y para mí,
para que tú recuperes tu propio te quiero, este te quiero te hace aguante,
Es paciente el tiempo que tú quieras.
Este te quiero lo quiero, pero no lo desprecies pues es
un te quiero con miedo. Un solo miedo.
Tiene miedo de no crecer, de no ser de ti. De que no lo quieras.
Tengo miedo Diana. Tengo miedo de quedarme.
Tengo miedo de quedarme acá.
Tengo miedo de estar sólo.
Tengo miedo de no ser feliz.
Tengo miedo de que no me ames.
Pero más miedo tengo que tú no seas feliz,
Por eso te doy tu vida Diana. Aquí está, ten tu libertad.