Keisso
Poeta recién llegado
Habitualmente el problema del destino se enfoca desde el punto de vista de la voluntad, entonces se dice: yo puedo hacer lo que quiera, salvo que algo me lo impida u ocurra un accidente o imprevisto. Bueno, también es cierto que no todo es cosa de voluntad, pues para realizar muchas actividades es necesario disponer de un talento especial para ellas. No es posible pretender ser ingeniero si no se tienen facilidades para las matemáticas. Pero, descontando los obstáculos o problemas que puedan presentarse, la falta de talento, etc., parecería que las personas pudieran hacer lo que quisieran con sus vidas si disponen de la voluntad y determinación suficientes. Por ejemplo, entro a un torneo de ajedrez y la victoria dependerá de mi destreza en el juego y de mi fuerza espiritual, concebida como determinación, capacidad de lucha, etc. Pero en el ajedrez no está presente un elemento que es el que abunda en la vida de la mayoría de las personas: el azar, la suerte -que se manifiesta en los momentos donde entra en juego el azar-. En el ajedrez el elemento suerte queda casi completamente eliminado. La ciencia tiene como propósito obtener conocimiento de objeto exacto, tratando de eliminar el azar completamente de sus proposiciones. Mientras menos azar, menos suerte -buena o mala-, más certitud en el saber. Así es como es posible construir máquinas como las computadoras, que responden a las expectativas del usuario. Autos, aviones, radios, televisiones, etc., aparatos tecnológicos que responden completamente a las especificaciones de fábrica. Las distintas ciencias van conquistando terreno al azar, al caos, y producen conocimiento cada vez más preciso y previsible. Si fuéramos una máquina nuestra operación estaría libre del azar, pero no lo somos, aunque nuestro funcionamiento es bastante preciso. Pero lo más importante es que en la vida de una persona el azar, o la suerte, no son elementos extraños o poco frecuentes, sino que constituyen los elementos claves en la determinación de las vidas de las personas. Analicen sus vidas o las de quienes conocen, verán que cada una de estas vidas está determinada por unas pocas cosas imprevistas que ocurrieron en algún momento de sus vidas y que determinó completamente el rumbo que estas vidas tomaron. Claro, cuando se estudia el tema del destino se hace, precisamente lo que no se debe hacer: eliminar los momentos debidos al azar, a imprevistos, a ciertos momentos de ruptura que no dependió de la vida de las personas, y que marcaron completamente sus vidas. Todos los análisis eliminan, precisamente, de la consideración los momentos donde actuó el destino. Pero el destino no sólo actuó en esos momentos claves de la vida de la persona, sino que sigue actuando continuamente en todos los momentos de la vida de la persona donde interviene el azar. Es muy fácil descubrir esta acción, y, para ello, es necesario tomar en consideración dos elementos. El primero de ellos es la racha. Cada periodo de la vida de una persona, en realidad cada momento, está marcado por una racha de acontecimientos de la misma índole que están ocurriendo. El segundo elemento es que las cosas que ocurren en la vida de una persona en cierto momento, todas ellas, tienen la misma dirección o sentido. Claro, si se elimina de la consideración todo lo que depende del azar y se toma en cuenta sólo lo que depende de nuestra voluntad, parecería que el destino no existe, porque precisamente se eliminó de la consideración el destino. ¿Quieren saber si el destino existe? Examinen las cosas que les está ocurriendo en este momento y que dependen del azar, verán que esas cosas tienen todas el mismo signo. Es difícil que en un día donde todo les esté saliendo mal ocurra algo que contraríe esa tendencia. Muchos piensan que son responsables por las cosas que les pasan, que en forma inconsciente las están provocando, aunque a veces se percaten de que efectivamente existe en ustedes una intención oculta que los hace hacer ciertas cosas, a esa intención oculta pero no demasiado, Sartre la llamó mala fe. Sin embargo, a pesar de que esa intención se perciba, es el destino el que está actuando. Así que si quieren examinar el tema del destino, no lo examinen desde el lado de la voluntad, sino desde el lado del azar, de las cosas que están ocurriendo y que no dependen de su voluntad, pero que sistemáticamente tienen la misma dirección. Entonces, si en verdad es así, que las cosas que dependen del azar se presentan en rachas con la misma dirección, y sus vidas fueron determinadas por unos pocos acontecimientos que las marcaron completamente, entonces, el destino existe y está completamente activo. Hace unos días hablaba con una persona donde le estaban ocurriendo cosas completamente aisladas unas de otras, pero que en conjunto le evitaban que pudiera llevar adelante cierto proyecto. Claro, analizadas cada una de esas cosas, tenían una causa que las explicaba, pero lo curioso es que todas se iban dando encadenadas de manera de impedir que lograra algo. Le expliqué que el hecho de que hubiera una causa completamente racional para cada una de ellas, no tenían porque darse en esa sucesión de manera de bloquearla en lo que quería lograr. Pero lo curioso fue que luego de hacerle ver eso, continuaron pasándole cosas -completamente racionales, con sus causas, etc.-, pero siempre en la misma dirección de evitar que alcanzara lo que quería. Terminó llamando a esa fuerza el muro invisible, pues claramente existía una fuerza que se oponía a su voluntad.
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