danie
solo un pensamiento...
El decadentismo como herramienta de la literatura gótica.
El decadentismo es una corriente artística, filosófica y, principalmente, literaria que tuvo su origen en Francia en las dos últimas décadas del siglo XIX y se desarrolló por casi toda Europa y algunos países de América. La denominación de decadentismo surgió como un término despectivo e irónico empleado por la crítica académica, sin embargo, la definición fue adoptada por aquellos a quienes iba destinada.
El decadentismo fue el reflejo artístico de la transición de la economía basada en la libre concurrencia a la economía de las grandes concentraciones financieras e industriales que se manifestó en un estancamiento económico que daría lugar a la renovación del sistema productivo, a la represión de las masas populares y la preocupación por las cuestiones de tipo social[SUP]. [/SUP]Sin embargo, una de las mejores expresiones de este movimiento la refleja el verso de Verlaine: yo soy el imperio al fin de la decadencia. Precisamente Verlaine estuvo durante algún tiempo a la cabeza del movimiento, especialmente después de la publicación de Los poetas malditos (1884).
El decadentismo fue la antítesis del movimiento poético de los parnasianos y de su doctrina (inspirada en el ideal clásico del arte por el arte), a pesar de que Verlaine, uno de sus máximos exponentes del decadentismo, había sido en sus orígenes parnasiano. La fórmula pictórica y escultórica de los parnasianos (ut pictura poesis, según la norma de Horacio), se sustituye en el decadentismo por el ideal de la poesía, que tiende a la cualidad de la música.
El decadentismo arremete contra la moral y las costumbres burguesas, pretende la evasión de la realidad cotidiana, exalta el heroísmo individual y desdichado y explora las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente.
El esteticismo se acompañó, en general, de un exotismo e interés por países lejanos, especialmente los orientales, que ejercieron gran fascinación en autores como el francés Pierre Louÿs, en su novela "Afrodita" (1896) y en sus poemas "Las canciones de Bilitis" (1894). Así como en el también francés Pierre Loti o el inglés Richard Francis Burton, explorador y traductor de una polémica versión de "Las mil y una noches".
Pero la máxima expresión del decadentismo lo constituye la novela "A rebours" (A contrapelo), escrita en 1884 por el francés Joris Karl Huysmans, quien es considerado uno de los escritores más rebeldes y significativos del fin de siglo. La novela narra el estilo de vida exquisito del duque Jean Floressas des Esseintes, que se encierra en una casa de provincias para satisfacer el propósito de sustituir la realidad por el sueño de la realidad. Este personaje se convirtió en un modelo ejemplar de los decadentes, de tal manera que se consideran descendientes directos de Des Esseintes, entre otros, personajes como Dorian Gray, de Oscar Wilde, y Andrea Sperelli, de Gabriele D'Annunzio. "A rebours" fue definida por el poeta inglés Arthur Symons como el breviario del decadentismo.
También son considerados decadentes los franceses postsimbolistas Jean Lorrain, Madame Rachilde, Octave-Henri-Marie Mirbeau y, en cierta manera, Villiers De L'Isle-Adam, Stéphane Mallarmé y Tristan Corbière.
La revista Le Décadent, fundada en 1886 por Anatole Baju, sirvió como vehículo de expresión de este movimiento.
Más tarde, algunos críticos ampliaron el significado del término decadente como opuesto a los convencionalismos. De esta manera, el decadentismo sería, en sus orígenes, antiacadémico en pintura, antipositivista en filosofía, antinaturalista en literatura. Así, tendencias, escuelas y orientaciones, con frecuencia diversas y lejanas, acabaron por confluir y hallarse comprendidas bajo la misma etiqueta.
Genéricamente se definen como decadentes aquellas formas de arte que superan o alteran la realidad en la evocación, en la analogía, en la evasión, en el símbolo. La lista de los nombres puede incluir a Rainer Maria Rilke, Constantino Cavafis, Paul Valéry, Marcel Proust, Franz Kafka, James Joyce, Oscar Wilde, Thomas Stearns Eliot, o movimientos de vanguardia, como el surrealismo, el imaginismo ruso, el cubismo, o el realismo crítico de Thomas Mann.
Definir a los poetas decadentes es una tarea que nos excede. Sólo se puede decir, a modo de resumen brutal, que las inquietudes del decadentismo son la antítesis del convencionalismo; y que su máxima virtud reside en la exaltación, en la elevación hasta lo sublime, que en una pluma poco diestra suele adquirir el tono de lo absurdo.
Principales características:
Pese a presentar un ideario diferente, hay que tener presente que la mayor parte de los autores que inician el movimiento del parnasianismo ( romanticismo), acabarán abrazando los ideales estéticos del Decadentismo siendo así los auténticos protagonistas de la vida literaria estética y filosófica de finales del siglo XIX. Mientras Friedrich Nietzsche se plantea la forma de superar el hombre a través del superhombre, cambiando por completo los principios de la moral establecida, los autores de estos movimientos estéticos pretenden lo mismo.
Algunas obras importantes arraigadas al movimiento decadentista.
El siguiente poema de John Barlas (o Evelyn Douglas, como prefieran llamarlo) es tal vez lo mejor que nos ha dejado.
El estilo del poema nos recuerda a los poetas malditos, al decadentismo más lúcido y vital, con esa exuberante manera de describir los pensamientos y sucesos, casi siempre evocados a través de imágenes fantásticas. Aquí veremos algo similar, pero con una conclusión simple y efectiva.
Una daga incrustada con gemas de fuego:
una reina ricamente envuelta por las garras del tigre;
el guante de una dama o las patas de terciopelo de un gato;
el susurro de un juez cuando condena;
la feroz sombra de las vallas púrpuras en la noche
entre las lúcidas rosas y sus brazos escarlata;
la serpiente del arco iris con sus mandíbulas dentadas:
así son las anademas de la reina de la Belleza.
Pues ella acaricia con una mano envenenada,
y el veneno cuelga de sus húmedos labios,
el engaño y el asesinato acechan en sus ojos
que aman de las mujeres su baile y su encanto,
apuñalando la carne hasta que el cuerpo se seca,
es tu cuerpo, mi Dulce Dama, y tu suave suspiro.
Cuando en la solitaria quietud de la tumba (When in the lonely stillness of the tomb) es un poema de amor de la escritora inglesaEvelyn Douglas, más conocida como John Barlas, seudónimo con el que ocultaba, no sólo su obra poética, sino su activismo político.
Cuando en la solitaria quietud de la tumba fue publicado en la colección de poemas de 1889: Sonetos de amor (Love Sonnets), ejemplo notable del decadentismo victoriano.
Cuando en la solitaria quietud de la tumba.
When in the lonely stillness of the tomb, John Barlas - Evelyn Douglas (1860-1914)
Cuando en la solitaria quietud de la tumba
yazga muda y fría, no evites la alegría:
trae rosas una vez al año en la flor más limpia,
trae a tu nuevo amor contigo: que irrumpa
sobre el túmulo verde que oculta mi frente,
y yo bendeciría el espíritu en su vientre.
¿Cómo puede haber amor donde no hay celos?
¿Cómo decir únicamente esto? He llevado, pacífica,
aquel dolor cruel: aunque nunca evitaré la vida
de mi amado con mi parte egoísta,
ni, aún muerta, tendría a mi amor desesperado,
pero no lamentaría que, de tanto en tanto, fuese recordado.
El Jardín de las Sombras.The Garden of Shadows, Ernest Christopher Dowson.
El Amor ya no escucha el gemido del viento
bailando entre flores perfectas: tu cerrado jardín
crece en desérticas formas, donde nadie podrá encontrar
el extraviado pétalo de una rosa olvidada.
¡Oh, Brillante, brillante cabello!
¡Oh, Boca, labios trémulos como la fruta que cae del árbol!
¿Puede el hambre permanecer cerca de esa cosecha?
El Amor, que fue sinfonía, con su laúd quebrado
susurrará melodías sobre la hierba de los camposantos.
Deja que el viento murmure sobre las flores perfectas,
y que el jardín renazca y brille con la primavera:
el Amor ha crecido ciego sin contar las horas,
sin soñar en las semillas del tiempo, ni en su cosecha.
Aislado de su concepto fundamental, el siguiente poema de Charles Baudelaire pasa a ser casi un capricho de la poesía maldita. Pero debemos recordar que en el romanticismo y el decadentismo, la figura de Satán cobra una nueva fisionomía.
Nietzche afirma que la libertad puede resumirse en una sola palabra: No. Desde el momento en que el hombre aprendió a decir no, a negar aquello que incluso es inevitable, fue libre.
Satán es un ejemplo, acaso radical, de la búsqueda de la libertad. Incluso cuando esta nos lleve a enfrentarnos a lo inexorable.
Oh tú, el ángel más hermoso y por ello
el más sabio.
Dios ajeno a la suerte y ayuno de alabanzas.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Príncipe del exilio, a quien aborrecieron,
y que vencido aún te alzas con más fuerza,
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que todo lo conoces, oh gran rey subterráneo,
familiar médico de la angustia humana.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que incluso al leproso y a los parias más bajos
solo por amor muestras el gusto del Edén.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Oh tú que de la muerte, tu vieja y constante amante,
engendras la Esperanza- ¡esa adorable demente!
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que das al perseguido esa orgullosa mirada
que en torno del cadalso condena a un pueblo entero.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú,
que en el corazón de las putas enciendes el culto
por las llagas y el amor a las mortajas.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Báculo de exiliados, lámpara de creadores,
confidente de ahorcados y de conspiradores.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Padre adoptivo de aquellos que, en su cólera,
del paraíso terrestre arrojó Dios un día.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Oración:
Gloria y loas a ti, Satán, en las alturas del cielo donde reinas y en las profundidades del infierno en el que sueñas, vencido y silencioso, haz de mi alma, bajo el Árbol de la Ciencia, cerca de ti repose, cuando, sobre tu frente, como una Iglesia nueva sus ramajes expandan.
Lo admirable de este poema es que la generalización, tan absurda y vacía en muchos autores, no cae en ningún desagradable lugar común. Baudelaire pensó en todas las mujeres, o en esa entidad abstracta denominada mujer, para la creación de su poema.
Mujeres Condenadas.
Charles Baudelaire.
Como bestias inmóviles tumbadas en la arena,
vuelven sus ojos hacia el oceánico horizonte,
y sus pies que se buscan y sus manos unidas,
tienen dulces caídas y temblores amargos.
Las urnas, corazones que aman las confidencias,
en el fondo del bosque donde el arroyo canta,
deletrean el amor de su pubertad tímida,
y marcan en el tronco a los árboles tiernos;
Las otras, como hermanas, andan graves y lentas,
a través de las peñas llenas de apariciones,
donde San Antonio vio surgir como la lava
aquellas tentaciones con los senos desnudos;
Y las hay, que a la luz de líquidas resinas,
en el hueco ya mudo de los antros paganos,
te llaman en auxilio de su aulladora fiebre.
¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!
Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios,
que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas,
mezclan en las sombrías y solitarias noches,
la espuma del placer con el llanto del suplicio.
Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires,
de toda realidad desdeñosos espíritus,
ansiosas de infinito, devotas, vampiresas,
ya crispadas de gritos, ya deshechas en llanto.
Vosotras, a quien mi alma persiguió en tal infierno.
¡Hermanas mías!, os amo y os tengo compasión,
por vuestras penas sordas, vuestra insaciable sed
y las urnas de amor que vuestro pecho encierra.
Los poemas del dolor suelen estar asociados a dos cuestiones: el amor y la tristeza. Entre ambos existe toda una trama de sutiles variaciones que van desde la poesía mitológica hasta la poética de la muerte. Ahora bien, aunque muchos escritores se han inspirado en la soledad, no son tantos los que han encontrado un vehículo tan maravilloso como Ernest Dowson.
Es común que encontremos que la soledad es descrita por algún amante abandonado, o por alguna dama que aguarda la llegada del amor. Pero la soledad, la verdadera soledad, yace sólo en el aislamiento.
Este poema nos hablará sobre un aislamiento doblemente infame: el de alguien que vive encerrado en un hospicio, alejado del mundo no sólo por muros y rejas, sino por la incomprensión, por un alejamiento brutal de todas las convenciones.
La imagen de este espíritu desdichado, contemplando la luna y las estrellas a través de los barrotes, aferrado a un manojo de hierbas secas con la seguridad de que se tratan de radiantes rosas es, sin lugar a dudas, uno de los ejemplos más acabados de la poética de la soledad.
Para alguien en el manicomio.To one in Bedlam, Ernest Christopher Dowson.
Con delicadas, dementes manos, detrás de las sórdidas barras,
él sostiene sus flores, manojo apretado en densas lágrimas;
aquellos marchitos ramos de paja, marcan miserablemente
su espacio, universo enjaulado, donde contempla al mundo indolente.
Pedante y lastimoso. ¡Ah, cómo luchan su arrebatadora mirada
contra la indiferencia! ¿Saben ellos de los sueños divinos que lo agitan,
riendo como en un sueño encantado por el vino,
mezclando en una quimera su melancolía con las estrellas?
¡Oh, Hermano desdichado! Sí, de ti sienten lástima.
¿No he cedido con alegría a la promesa de tus ojos,
reino de los tontos, lejos de los hombres que siembran y cosechan
la vanidad de sus días? Mejor que las flores mortales
son tus pequeñas rosas lunares, mejores que el amor o el sueño,
las estrellas han coronado con olvido la soledad de tus horas.
Bibliografía: wikepedia- biblioteca digital Ciudad Seva- Aula de Letras- Literato- www.slideshare.net/claret.mza/lengua-y-literatura-/poeticas.es/?tag=decadentismo
El decadentismo es una corriente artística, filosófica y, principalmente, literaria que tuvo su origen en Francia en las dos últimas décadas del siglo XIX y se desarrolló por casi toda Europa y algunos países de América. La denominación de decadentismo surgió como un término despectivo e irónico empleado por la crítica académica, sin embargo, la definición fue adoptada por aquellos a quienes iba destinada.
El decadentismo fue el reflejo artístico de la transición de la economía basada en la libre concurrencia a la economía de las grandes concentraciones financieras e industriales que se manifestó en un estancamiento económico que daría lugar a la renovación del sistema productivo, a la represión de las masas populares y la preocupación por las cuestiones de tipo social[SUP]. [/SUP]Sin embargo, una de las mejores expresiones de este movimiento la refleja el verso de Verlaine: yo soy el imperio al fin de la decadencia. Precisamente Verlaine estuvo durante algún tiempo a la cabeza del movimiento, especialmente después de la publicación de Los poetas malditos (1884).
El decadentismo fue la antítesis del movimiento poético de los parnasianos y de su doctrina (inspirada en el ideal clásico del arte por el arte), a pesar de que Verlaine, uno de sus máximos exponentes del decadentismo, había sido en sus orígenes parnasiano. La fórmula pictórica y escultórica de los parnasianos (ut pictura poesis, según la norma de Horacio), se sustituye en el decadentismo por el ideal de la poesía, que tiende a la cualidad de la música.
El decadentismo arremete contra la moral y las costumbres burguesas, pretende la evasión de la realidad cotidiana, exalta el heroísmo individual y desdichado y explora las regiones más extremas de la sensibilidad y del inconsciente.
El esteticismo se acompañó, en general, de un exotismo e interés por países lejanos, especialmente los orientales, que ejercieron gran fascinación en autores como el francés Pierre Louÿs, en su novela "Afrodita" (1896) y en sus poemas "Las canciones de Bilitis" (1894). Así como en el también francés Pierre Loti o el inglés Richard Francis Burton, explorador y traductor de una polémica versión de "Las mil y una noches".
Pero la máxima expresión del decadentismo lo constituye la novela "A rebours" (A contrapelo), escrita en 1884 por el francés Joris Karl Huysmans, quien es considerado uno de los escritores más rebeldes y significativos del fin de siglo. La novela narra el estilo de vida exquisito del duque Jean Floressas des Esseintes, que se encierra en una casa de provincias para satisfacer el propósito de sustituir la realidad por el sueño de la realidad. Este personaje se convirtió en un modelo ejemplar de los decadentes, de tal manera que se consideran descendientes directos de Des Esseintes, entre otros, personajes como Dorian Gray, de Oscar Wilde, y Andrea Sperelli, de Gabriele D'Annunzio. "A rebours" fue definida por el poeta inglés Arthur Symons como el breviario del decadentismo.
También son considerados decadentes los franceses postsimbolistas Jean Lorrain, Madame Rachilde, Octave-Henri-Marie Mirbeau y, en cierta manera, Villiers De L'Isle-Adam, Stéphane Mallarmé y Tristan Corbière.
La revista Le Décadent, fundada en 1886 por Anatole Baju, sirvió como vehículo de expresión de este movimiento.
Más tarde, algunos críticos ampliaron el significado del término decadente como opuesto a los convencionalismos. De esta manera, el decadentismo sería, en sus orígenes, antiacadémico en pintura, antipositivista en filosofía, antinaturalista en literatura. Así, tendencias, escuelas y orientaciones, con frecuencia diversas y lejanas, acabaron por confluir y hallarse comprendidas bajo la misma etiqueta.
Genéricamente se definen como decadentes aquellas formas de arte que superan o alteran la realidad en la evocación, en la analogía, en la evasión, en el símbolo. La lista de los nombres puede incluir a Rainer Maria Rilke, Constantino Cavafis, Paul Valéry, Marcel Proust, Franz Kafka, James Joyce, Oscar Wilde, Thomas Stearns Eliot, o movimientos de vanguardia, como el surrealismo, el imaginismo ruso, el cubismo, o el realismo crítico de Thomas Mann.
Definir a los poetas decadentes es una tarea que nos excede. Sólo se puede decir, a modo de resumen brutal, que las inquietudes del decadentismo son la antítesis del convencionalismo; y que su máxima virtud reside en la exaltación, en la elevación hasta lo sublime, que en una pluma poco diestra suele adquirir el tono de lo absurdo.
Principales características:
- El Decadentismo literario va unido a la expresión de la tristeza y de la melancolía, de la morbosidad y del juego con la muerte y expresa la rebelión, el cansancio y el aburrimiento.
[*]Los poetas decadentistas se manifiestan en su refinamiento, en cierto sentimiento de superioridad y en la expresión de deseos de infinito.
[*]Ellos se ven como seres elegidos perdidos en un mundo que no los entiende, por esto se hunden en la melancolía, en un pesimismo enfermizo o provocan escándalos.
[*]El Decadentismo admira lo decadente y los finales de épocas históricas.
Pese a presentar un ideario diferente, hay que tener presente que la mayor parte de los autores que inician el movimiento del parnasianismo ( romanticismo), acabarán abrazando los ideales estéticos del Decadentismo siendo así los auténticos protagonistas de la vida literaria estética y filosófica de finales del siglo XIX. Mientras Friedrich Nietzsche se plantea la forma de superar el hombre a través del superhombre, cambiando por completo los principios de la moral establecida, los autores de estos movimientos estéticos pretenden lo mismo.
Algunas obras importantes arraigadas al movimiento decadentista.
El siguiente poema de John Barlas (o Evelyn Douglas, como prefieran llamarlo) es tal vez lo mejor que nos ha dejado.
El estilo del poema nos recuerda a los poetas malditos, al decadentismo más lúcido y vital, con esa exuberante manera de describir los pensamientos y sucesos, casi siempre evocados a través de imágenes fantásticas. Aquí veremos algo similar, pero con una conclusión simple y efectiva.
Anademas de la Belleza.
Beauty's Anadems; John Barlas (1760-1814)
Beauty's Anadems; John Barlas (1760-1814)
Una daga incrustada con gemas de fuego:
una reina ricamente envuelta por las garras del tigre;
el guante de una dama o las patas de terciopelo de un gato;
el susurro de un juez cuando condena;
la feroz sombra de las vallas púrpuras en la noche
entre las lúcidas rosas y sus brazos escarlata;
la serpiente del arco iris con sus mandíbulas dentadas:
así son las anademas de la reina de la Belleza.
Pues ella acaricia con una mano envenenada,
y el veneno cuelga de sus húmedos labios,
el engaño y el asesinato acechan en sus ojos
que aman de las mujeres su baile y su encanto,
apuñalando la carne hasta que el cuerpo se seca,
es tu cuerpo, mi Dulce Dama, y tu suave suspiro.
John Barlas (1860-1914)
Cuando en la solitaria quietud de la tumba (When in the lonely stillness of the tomb) es un poema de amor de la escritora inglesaEvelyn Douglas, más conocida como John Barlas, seudónimo con el que ocultaba, no sólo su obra poética, sino su activismo político.
Cuando en la solitaria quietud de la tumba fue publicado en la colección de poemas de 1889: Sonetos de amor (Love Sonnets), ejemplo notable del decadentismo victoriano.
Cuando en la solitaria quietud de la tumba.
When in the lonely stillness of the tomb, John Barlas - Evelyn Douglas (1860-1914)
Cuando en la solitaria quietud de la tumba
yazga muda y fría, no evites la alegría:
trae rosas una vez al año en la flor más limpia,
trae a tu nuevo amor contigo: que irrumpa
sobre el túmulo verde que oculta mi frente,
y yo bendeciría el espíritu en su vientre.
¿Cómo puede haber amor donde no hay celos?
¿Cómo decir únicamente esto? He llevado, pacífica,
aquel dolor cruel: aunque nunca evitaré la vida
de mi amado con mi parte egoísta,
ni, aún muerta, tendría a mi amor desesperado,
pero no lamentaría que, de tanto en tanto, fuese recordado.
Evelyn Douglas - John Barlas (1860-1914)
El Jardín de las Sombras.The Garden of Shadows, Ernest Christopher Dowson.
El Amor ya no escucha el gemido del viento
bailando entre flores perfectas: tu cerrado jardín
crece en desérticas formas, donde nadie podrá encontrar
el extraviado pétalo de una rosa olvidada.
¡Oh, Brillante, brillante cabello!
¡Oh, Boca, labios trémulos como la fruta que cae del árbol!
¿Puede el hambre permanecer cerca de esa cosecha?
El Amor, que fue sinfonía, con su laúd quebrado
susurrará melodías sobre la hierba de los camposantos.
Deja que el viento murmure sobre las flores perfectas,
y que el jardín renazca y brille con la primavera:
el Amor ha crecido ciego sin contar las horas,
sin soñar en las semillas del tiempo, ni en su cosecha.
Ernest Christopher Dowson (1867-1900)
Aislado de su concepto fundamental, el siguiente poema de Charles Baudelaire pasa a ser casi un capricho de la poesía maldita. Pero debemos recordar que en el romanticismo y el decadentismo, la figura de Satán cobra una nueva fisionomía.
Nietzche afirma que la libertad puede resumirse en una sola palabra: No. Desde el momento en que el hombre aprendió a decir no, a negar aquello que incluso es inevitable, fue libre.
Satán es un ejemplo, acaso radical, de la búsqueda de la libertad. Incluso cuando esta nos lleve a enfrentarnos a lo inexorable.
Letanías de Satán.
Charles Baudelaire (1821-1867)
Charles Baudelaire (1821-1867)
Oh tú, el ángel más hermoso y por ello
el más sabio.
Dios ajeno a la suerte y ayuno de alabanzas.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Príncipe del exilio, a quien aborrecieron,
y que vencido aún te alzas con más fuerza,
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que todo lo conoces, oh gran rey subterráneo,
familiar médico de la angustia humana.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que incluso al leproso y a los parias más bajos
solo por amor muestras el gusto del Edén.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Oh tú que de la muerte, tu vieja y constante amante,
engendras la Esperanza- ¡esa adorable demente!
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Tú que das al perseguido esa orgullosa mirada
que en torno del cadalso condena a un pueblo entero.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria! Tú,
que en el corazón de las putas enciendes el culto
por las llagas y el amor a las mortajas.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Báculo de exiliados, lámpara de creadores,
confidente de ahorcados y de conspiradores.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Padre adoptivo de aquellos que, en su cólera,
del paraíso terrestre arrojó Dios un día.
¡Oh Satán ten piedad de mi larga miseria!
Oración:
Gloria y loas a ti, Satán, en las alturas del cielo donde reinas y en las profundidades del infierno en el que sueñas, vencido y silencioso, haz de mi alma, bajo el Árbol de la Ciencia, cerca de ti repose, cuando, sobre tu frente, como una Iglesia nueva sus ramajes expandan.
Charles Baudelaire (1821-1867)
Lo admirable de este poema es que la generalización, tan absurda y vacía en muchos autores, no cae en ningún desagradable lugar común. Baudelaire pensó en todas las mujeres, o en esa entidad abstracta denominada mujer, para la creación de su poema.
Mujeres Condenadas.
Charles Baudelaire.
Como bestias inmóviles tumbadas en la arena,
vuelven sus ojos hacia el oceánico horizonte,
y sus pies que se buscan y sus manos unidas,
tienen dulces caídas y temblores amargos.
Las urnas, corazones que aman las confidencias,
en el fondo del bosque donde el arroyo canta,
deletrean el amor de su pubertad tímida,
y marcan en el tronco a los árboles tiernos;
Las otras, como hermanas, andan graves y lentas,
a través de las peñas llenas de apariciones,
donde San Antonio vio surgir como la lava
aquellas tentaciones con los senos desnudos;
Y las hay, que a la luz de líquidas resinas,
en el hueco ya mudo de los antros paganos,
te llaman en auxilio de su aulladora fiebre.
¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!
Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios,
que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas,
mezclan en las sombrías y solitarias noches,
la espuma del placer con el llanto del suplicio.
Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires,
de toda realidad desdeñosos espíritus,
ansiosas de infinito, devotas, vampiresas,
ya crispadas de gritos, ya deshechas en llanto.
Vosotras, a quien mi alma persiguió en tal infierno.
¡Hermanas mías!, os amo y os tengo compasión,
por vuestras penas sordas, vuestra insaciable sed
y las urnas de amor que vuestro pecho encierra.
Charles Baudelaire.
Los poemas del dolor suelen estar asociados a dos cuestiones: el amor y la tristeza. Entre ambos existe toda una trama de sutiles variaciones que van desde la poesía mitológica hasta la poética de la muerte. Ahora bien, aunque muchos escritores se han inspirado en la soledad, no son tantos los que han encontrado un vehículo tan maravilloso como Ernest Dowson.
Es común que encontremos que la soledad es descrita por algún amante abandonado, o por alguna dama que aguarda la llegada del amor. Pero la soledad, la verdadera soledad, yace sólo en el aislamiento.
Este poema nos hablará sobre un aislamiento doblemente infame: el de alguien que vive encerrado en un hospicio, alejado del mundo no sólo por muros y rejas, sino por la incomprensión, por un alejamiento brutal de todas las convenciones.
La imagen de este espíritu desdichado, contemplando la luna y las estrellas a través de los barrotes, aferrado a un manojo de hierbas secas con la seguridad de que se tratan de radiantes rosas es, sin lugar a dudas, uno de los ejemplos más acabados de la poética de la soledad.
Para alguien en el manicomio.To one in Bedlam, Ernest Christopher Dowson.
Con delicadas, dementes manos, detrás de las sórdidas barras,
él sostiene sus flores, manojo apretado en densas lágrimas;
aquellos marchitos ramos de paja, marcan miserablemente
su espacio, universo enjaulado, donde contempla al mundo indolente.
Pedante y lastimoso. ¡Ah, cómo luchan su arrebatadora mirada
contra la indiferencia! ¿Saben ellos de los sueños divinos que lo agitan,
riendo como en un sueño encantado por el vino,
mezclando en una quimera su melancolía con las estrellas?
¡Oh, Hermano desdichado! Sí, de ti sienten lástima.
¿No he cedido con alegría a la promesa de tus ojos,
reino de los tontos, lejos de los hombres que siembran y cosechan
la vanidad de sus días? Mejor que las flores mortales
son tus pequeñas rosas lunares, mejores que el amor o el sueño,
las estrellas han coronado con olvido la soledad de tus horas.
Ernest Christopher Dowson (1867-1900)
Bibliografía: wikepedia- biblioteca digital Ciudad Seva- Aula de Letras- Literato- www.slideshare.net/claret.mza/lengua-y-literatura-/poeticas.es/?tag=decadentismo
Última edición por un moderador: