José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
EL COLUMPIO TRISTE DEL PARQUE VIEJO.
El columpio azul está triste. Sus amigos, los niños, ya no se suben en él. No lo entiende. Hace un tiempo era utilizado por todos los niños del barrio, e incluso, venían de otras zonas de la ciudad. Hacían filas, guardaban turnos. Había días que los niños se enredaban en discusiones y peleas porque algunos estaban más tiempo que otros subidos en él. ¡Qué tiempos!, entonces era feliz.
Ahora ya no hay niños esperando, tampoco padres ni abuelos cuidándolos. Se daba cuenta que el color azul del que está pintado se está estropeando. Su piel se cae a trozos. Nadie le presta atención, nadie le muestra cariño como antes, nadie parece que le quiera. Su tristeza se agranda, su tristeza le ahoga. Por las noches, cuando nadie pasea por el parque, llora, llora sin consuelo.
Ayer le visitaron dos hombres que estuvieron mirándolo. Le tocaban, se subían, tiraban de las cuerdas como si quisieran romperlo. Hablaban entre ellos; no les entendía. Aún hoy no sabe si eran amigos o enemigos.
Tiene miedo, cree que su tiempo se acaba. Teme que un día vengan y lo arranquen del suelo y no vuelvan a ponerlo. Teme que ya nunca más los niños se acerquen y vuelen con él. No sabe como llamar la atención para que los niños vuelvan a jugar, para volver a sentir aquella felicidad. Intenta gritar pero no puede, nadie le oye. Intenta moverse, pero sin éxito, sus pies están clavados en la tierra, solo cuando hace mucho viento se balancea un poco y entonces sus chirridos del abandono, de la falta de engrase y cuidados, se extienden a lo largo y ancho del parque. El sabe que todavía hay niños, pues los ve pasar, pero es eso, pasan de largo; a veces, algún pequeño hace intención de acercarse, pero la mano de su mamá le sujeta y se lo impide.
El columpio triste del parque viejo se ha quedado dormido. No responde al griterío de la chiquillada que se acerca desde la fuente. Qué raro, nunca había hecho eso, siempre ha estado atento a los chiquillos, ellos son su alma, su razón de ser. No me gusta esa quietud. No me inspira nada bueno. ¿Será que ya no tiene esperanzas y se está dejando vencer? ¿Estará provocando para que lo retiren y se lo lleven como si fuera un trasto viejo e inútil?. Pobre columpio, ha perdido la fuerza que le hacía luchar, la fuerza que los niños le daban. No quiere seguir ahí, sin hacer nada, sin que nadie le quiera; sin que sus amiguitos se suban, se bajen, salten, volteen, se empujen, digan a sus abuelos y papás ¡más fuerte!, ¡más fuerte!
No podemos dejar que siga sufriendo así. Debemos hacer algo por él. Él nos ha dado muchas tardes de alegría y juegos.
Todavía recuerdo aquéllas tardes en que mi Lalo me acompañaba al parque y le pedía que me subiera al columpio, y le decía que me diera ¡fuerte, muy fuerte, hasta el cielo! Y él, me empujaba una y otra vez, sin parar. No se cansaba, o por lo menos a mí nunca me lo dijo, siempre estaba dispuesto a complacerme. Era mi lugar favorito, balanceo adelante y atrás. Mi Lalo me decía como lo que tenía que hacer para impulsarme yo sola, me decía: “mira, cuando vayas hacia adelante tienes que estirar las piernas y echar el cuerpo hacia atrás y cuando regreses hacia atrás, tienes que hacer lo contrario, recoger las piernas y el cuerpo hacia adelante”. Al principio se me hacía un mundo, me resultaba muy difícil y prefería que siguiera siendo él, el que me empujara ¡hasta el cielo!.
Tenemos que pensar cómo le podemos ayudar. Sólo se me ocurre una idea, y es, que tenemos que volver a subirnos en él, volver a jugar con él, a volar con él y así de esa manera, le daremos fuerzas para que vuelva a luchar por mantenerse en el sitio donde nunca le han de “jubilar”. Mañana le diré a mi Lalo que lleve un bote de pintura azul y lo pinte, un poco de aceite y lo engrase y herramienta para que le apriete los tornillos y así vuelva a lucir como nuevo. Sí, vamos hacer que la tristeza le desaparezca.
El columpio triste del parque viejo se ha quedado dormido, de vez en cuando se escucha un chirrido, está soñando.
Ese sueño mañana se hará realidad.
08/mayo/2015.- Madrid.
José Ignacio Ayuso Díez
José Ignacio Ayuso Díez