brigitte
Poeta recién llegado
El circo.
En eso de los años 1349, en un pueblecito de Inglaterra, vivía Darían con su familia. Muy feliz aquel niño y su familia se dirigió hacia Londres en busca de la mejora para sus vida. Pero allí encontraron a la muerte en su más grande esplendor, pues la Peste Negra había acabado con la mitad de la población de Inglaterra y para llegar a su desgracia los padres de Darían, contrajeron este virus letal.
Dos meses después, los padres de Darían mueren por este terrible virus.
-¿qué hare ahora?
Se preguntaba el pobre niño que había quedado solo en ese mundo lleno de injusticias, sin rumbo y sin la forma de llegar a casa.
El niño que no encuentra remedio alguno para sí mismo, inicia su trayectoria sin rumbo, caminando hasta donde lo lleve el viento, dejando todo atrás sin ningún remedio, o alguna esperanza para su destino vacio.
Mientras camina va pidiendo alimentos en las parroquias, en las panaderías o a algún personaje que se cruce en su trayectoria.
El niño lamentable y triste seguía su camino hasta que un día mientras se dirigía hacia la Inglaterra norte sin darse cuenta llego a un circo de personas que tenían el corazón vacio, personas que al igual que el habían deambulado por meses incluso años con una lagrima de soledad en el corazón habían llegado allí.
Decidió entrar en el circo a ver que le depararía su suerte, entonces un grotesco señor disfrazado de un mimo se acerco a Darían.
-La función no es sino hasta la tarde.
-Señor solo busco un poco de comida
-Bueno, espera aquí un momento llamare al jefe él se encargara de ti…
El niño se sentó en el suelo a esperar lo que el destino le tenía marcado para ese día. Al cabo de 10 minutos vino un señor gordo con un pan en las manos, Darían se levanto en seguida al ver venir al señor.
-Buenos Días – dijo el señor con ademan de autoridad – ¿cómo te llamas muchacho?- preguntó
-Me llamo Daría
-Bien Darían ¿te gustaría este trozo de pan?
-Si señor
-Pues tendrás que ganártelo
-¿Qué debo hacer para ganármelo señor?
-Bueno Darian, te propongo un trato, si te quedas en el circo y trabajas con nosotros intentando hacer parte de esta familia sin rumbo te daremos comida todos los días.
El niño encantado accedió a la propuesta, por fin encontró alguien que le diera comida y también dejaría de vagabundear.
-Si señor acepto.
En eso de los años 1349, en un pueblecito de Inglaterra, vivía Darían con su familia. Muy feliz aquel niño y su familia se dirigió hacia Londres en busca de la mejora para sus vida. Pero allí encontraron a la muerte en su más grande esplendor, pues la Peste Negra había acabado con la mitad de la población de Inglaterra y para llegar a su desgracia los padres de Darían, contrajeron este virus letal.
Dos meses después, los padres de Darían mueren por este terrible virus.
-¿qué hare ahora?
Se preguntaba el pobre niño que había quedado solo en ese mundo lleno de injusticias, sin rumbo y sin la forma de llegar a casa.
El niño que no encuentra remedio alguno para sí mismo, inicia su trayectoria sin rumbo, caminando hasta donde lo lleve el viento, dejando todo atrás sin ningún remedio, o alguna esperanza para su destino vacio.
Mientras camina va pidiendo alimentos en las parroquias, en las panaderías o a algún personaje que se cruce en su trayectoria.
El niño lamentable y triste seguía su camino hasta que un día mientras se dirigía hacia la Inglaterra norte sin darse cuenta llego a un circo de personas que tenían el corazón vacio, personas que al igual que el habían deambulado por meses incluso años con una lagrima de soledad en el corazón habían llegado allí.
Decidió entrar en el circo a ver que le depararía su suerte, entonces un grotesco señor disfrazado de un mimo se acerco a Darían.
-La función no es sino hasta la tarde.
-Señor solo busco un poco de comida
-Bueno, espera aquí un momento llamare al jefe él se encargara de ti…
El niño se sentó en el suelo a esperar lo que el destino le tenía marcado para ese día. Al cabo de 10 minutos vino un señor gordo con un pan en las manos, Darían se levanto en seguida al ver venir al señor.
-Buenos Días – dijo el señor con ademan de autoridad – ¿cómo te llamas muchacho?- preguntó
-Me llamo Daría
-Bien Darían ¿te gustaría este trozo de pan?
-Si señor
-Pues tendrás que ganártelo
-¿Qué debo hacer para ganármelo señor?
-Bueno Darian, te propongo un trato, si te quedas en el circo y trabajas con nosotros intentando hacer parte de esta familia sin rumbo te daremos comida todos los días.
El niño encantado accedió a la propuesta, por fin encontró alguien que le diera comida y también dejaría de vagabundear.
-Si señor acepto.