Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Aquella pasión inmensa
que a nuestra vida inundara,
que a la razón rebasara,
de una forma tan intensa,
igual que la niebla densa
que cubre todo el paisaje,
nos dejó con su equipaje
nublados los pensamientos;
encontrados sentimientos,
cubiertos con su ropaje.
El amor se fue de viaje,
dejó el nido abandonado,
en una rama colgado
como quien cuelga su traje.
Y se cambió de plumaje:
por otro más colorido
dejándome en el olvido
y sin ningún miramiento;
ni sentir remordimiento,
en llanto me dejó hundido.
Me ha traicionado Cupido,
tal vez no fui de su agrado,
dejó el corazón sangrado,
mi pecho dejó partido.
Completamente aturdido
con tu imprevista partida,
con la mirada perdida
por dicho dolor causado,
aún no entiendo el pecado
que cometí en esta vida.
que a nuestra vida inundara,
que a la razón rebasara,
de una forma tan intensa,
igual que la niebla densa
que cubre todo el paisaje,
nos dejó con su equipaje
nublados los pensamientos;
encontrados sentimientos,
cubiertos con su ropaje.
El amor se fue de viaje,
dejó el nido abandonado,
en una rama colgado
como quien cuelga su traje.
Y se cambió de plumaje:
por otro más colorido
dejándome en el olvido
y sin ningún miramiento;
ni sentir remordimiento,
en llanto me dejó hundido.
Me ha traicionado Cupido,
tal vez no fui de su agrado,
dejó el corazón sangrado,
mi pecho dejó partido.
Completamente aturdido
con tu imprevista partida,
con la mirada perdida
por dicho dolor causado,
aún no entiendo el pecado
que cometí en esta vida.
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