¿Por qué me siento así?. Esa es la pregunta. ¿Cómo es posible sentir este vacío si al fin y al cabo las emociones no son más que reacciones químicas en nuestro cerebro?. ¿Cómo es posible que se desee tanto a alguien, que tu existencia no encuentre sentido si no está presente su aura en tu vida?. Ésta es la parte trágica del amor, la que no debería existir, la que una vez que conoces, te resulta extraña y desconcertante a la vez. Te sientes impotente, sientes que no estás completo y deseas poder llenar ese espacio de tu alma en el que el dolor se ha instalado como un ocupa inesperado, al cual no puedes echar por más que lo intentas. Cojeas emocionalmente y buscas con ahínco una muleta, pero cuando la encuentras, en definitiva no es otra cosa que eso: una muleta, no estás curado de está enfermedad cuya única cura es el paso del tiempo.
¿De qué naturaleza será el hilo que une corazones?¿Por qué es tan difícil cortarlo?. Este hilo representa el grado de afectividad que profesamos hacia la otra persona, cuánto más grueso, más consistente se vuelve y más difícil es su ruptura. Además es un hilo bidireccional, no depende sólo de un extremo, sino que ambos deben dar por buena la conexión para que fluya el amor en forma de felicidad. El problema surge cuando la unión se presenta unidireccional, ya que para uno este hilo sólo será una fibra insignificante que no percibe, mientras que es el otro el que sentirá el hilo como un cable plomífero y lo arrastrará con pesadumbre hasta que se erosione y se caiga.
Las personas buscamos la felicidad como posesos dando palos de ciego y viendo como nuestros intentos se frustran. Este periodo de búsqueda es la cuesta de la montaña por la cual vamos ascendiendo hasta llegar a la cima que representa el modelo de felicidad más inmediato que hemos estado buscando, o al menos lo máximo que podemos acercarnos a él. Sin embargo, paradójicamente es también un punto de inflexión ya que a partir de este momento, esa felicidad que hemos encontrado se irá degradando debido a que como momento de éxtasis que es, no es eterno, sino tan efímero que su disfrute nos sabrá a poco. Y así seguirá el proceso, como una función sinusoide de la cual sus máximos serán esos momentos que recordaremos con agrado mientras que los mínimos representarán esos momentos de desasosiego y decadencia que permanecen en nuestra mente con amargura.
Somos humanos y vida solo hay una que conozca, no merece la pena vivir en un mínimo por un amor unidireccional, es mejor buscar nuevos máximos en esa función que representa nuestra propia felicidad.
¿De qué naturaleza será el hilo que une corazones?¿Por qué es tan difícil cortarlo?. Este hilo representa el grado de afectividad que profesamos hacia la otra persona, cuánto más grueso, más consistente se vuelve y más difícil es su ruptura. Además es un hilo bidireccional, no depende sólo de un extremo, sino que ambos deben dar por buena la conexión para que fluya el amor en forma de felicidad. El problema surge cuando la unión se presenta unidireccional, ya que para uno este hilo sólo será una fibra insignificante que no percibe, mientras que es el otro el que sentirá el hilo como un cable plomífero y lo arrastrará con pesadumbre hasta que se erosione y se caiga.
Las personas buscamos la felicidad como posesos dando palos de ciego y viendo como nuestros intentos se frustran. Este periodo de búsqueda es la cuesta de la montaña por la cual vamos ascendiendo hasta llegar a la cima que representa el modelo de felicidad más inmediato que hemos estado buscando, o al menos lo máximo que podemos acercarnos a él. Sin embargo, paradójicamente es también un punto de inflexión ya que a partir de este momento, esa felicidad que hemos encontrado se irá degradando debido a que como momento de éxtasis que es, no es eterno, sino tan efímero que su disfrute nos sabrá a poco. Y así seguirá el proceso, como una función sinusoide de la cual sus máximos serán esos momentos que recordaremos con agrado mientras que los mínimos representarán esos momentos de desasosiego y decadencia que permanecen en nuestra mente con amargura.
Somos humanos y vida solo hay una que conozca, no merece la pena vivir en un mínimo por un amor unidireccional, es mejor buscar nuevos máximos en esa función que representa nuestra propia felicidad.