El abecedario de la maldición:
Ya que decidiste aparecer…
¿Por qué no fuiste la última
en el abecedario que has maldito?
La primera no, desde luego.
Antes está la a con el amor,
la b por la benevolencia,
la c, que desde siempre fue el corazón,
la d de lo divino, lo dionisiaco…
la e rigiendo la empatía,
la f logrando felicidad,
la g coronando el gusto y el goce,
la h lanzando su vital hechizo,
la i, de intelecto, intriga,
y así hasta la…
la p, de placer. ¡No!
¿O si? Sí, placer, pero también…
Horror. Como un virus ha infectado
posteriores letras, también anteriores.
Obsérvese:
La q, del quimo con ganas
de resucitar y volver atrás;
la r, de regurgitar, por las náuseas.
La s, silencio, sin más.
¡Ah si! ¿Y donde estaba la o?
La o, símbolo de obsceno, orgía.
La t, tortura, casi traición,
antes saturada de timidez, pero…
¿dónde estaba la adorable i?
Ahora se derrumba ante la incredibilidad…
¿y la h?
Destrozada ante el horror…
la u, encabezando el ultrajo…
Y mirad lo que ha conseguido de la d,
la d, de desesperanza, desastre y decep…
¿Mencioné ya la o?
Puede… ayudando a mantener lo oculto.
¿Alguna más infectada?
La v, duele mencionarla, de vídeo…
¿La c ahora?
Cobardía, cenizas y ceguera.
Aquí: otra más:
La e, ahora es engaño.
¿La l? ¡No! Mencionarla no quiero,
por favor… ya ni recuerdo
qué era antes ¿libertad, lujo?
Lágrimas. Pero peor aún…
Mejor callo.
¿Por qué me duele tanto el abecedario,
si en la inocencia de los niños, fue aprendido?
¿Por qué no fuiste la última para no alcanzar el amor?
Ya que decidiste aparecer…
¿Por qué no fuiste la última
en el abecedario que has maldito?
La primera no, desde luego.
Antes está la a con el amor,
la b por la benevolencia,
la c, que desde siempre fue el corazón,
la d de lo divino, lo dionisiaco…
la e rigiendo la empatía,
la f logrando felicidad,
la g coronando el gusto y el goce,
la h lanzando su vital hechizo,
la i, de intelecto, intriga,
y así hasta la…
la p, de placer. ¡No!
¿O si? Sí, placer, pero también…
Horror. Como un virus ha infectado
posteriores letras, también anteriores.
Obsérvese:
La q, del quimo con ganas
de resucitar y volver atrás;
la r, de regurgitar, por las náuseas.
La s, silencio, sin más.
¡Ah si! ¿Y donde estaba la o?
La o, símbolo de obsceno, orgía.
La t, tortura, casi traición,
antes saturada de timidez, pero…
¿dónde estaba la adorable i?
Ahora se derrumba ante la incredibilidad…
¿y la h?
Destrozada ante el horror…
la u, encabezando el ultrajo…
Y mirad lo que ha conseguido de la d,
la d, de desesperanza, desastre y decep…
¿Mencioné ya la o?
Puede… ayudando a mantener lo oculto.
¿Alguna más infectada?
La v, duele mencionarla, de vídeo…
¿La c ahora?
Cobardía, cenizas y ceguera.
Aquí: otra más:
La e, ahora es engaño.
¿La l? ¡No! Mencionarla no quiero,
por favor… ya ni recuerdo
qué era antes ¿libertad, lujo?
Lágrimas. Pero peor aún…
Mejor callo.
¿Por qué me duele tanto el abecedario,
si en la inocencia de los niños, fue aprendido?
¿Por qué no fuiste la última para no alcanzar el amor?