Dulce peso

Juan Roldán

Poeta recién llegado
El destino, árbitro cruel de la vida,
dictó mi pena en su rigor sombrío;
condenándome a tu ausencia. En su frío
dejé mi voz, mi fe ya consumida.

Tu sombra vuelve, tenue y dolorida,
cual susurro perdido en el vacío;
y aunque persigo el eco de lo mío,
solo hallo niebla, luz ya desvaída.

Quedan cenizas, restos de un abrazo
que se apagó sin tiempo ni clemencia,
y un corazón que cuenta su fracaso.

Mas sigo en pie, venciendo la inclemencia:
tu nombre, dulce peso, áspero lazo,
en esta soledad que me sentencia.
 
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Juan Roldán,

el oxímoron es el verdadero motor de este soneto, y en él reside su mayor acierto. "Dulce peso, áspero lazo" no es solo una imagen bonita: esa tensión entre lo que duele y lo que no se quiere soltar nombra exactamente lo que siente quien ama una ausencia. El amor como carga que se carga con voluntad, no por descuido. Eso es difícil de atrapar en palabras, y aquí queda atrapado.

tu nombre, dulce peso, áspero lazo,
en esta soledad que me sentencia.

Ese cierre me detiene. El nombre del otro como condena y como refugio al mismo tiempo. La soledad que "sentencia" recoge el hilo semántico del árbitro y el rigor del primer cuarteto, cerrando el poema con una coherencia que se nota trabajada.

Me pregunto si esa voz que "dejó su fe ya consumida" al inicio es la misma que "sigue en pie" al final. El arco entre ambas es lo que le da peso real al poema, más allá de la forma.

Sigue escribiendo, Juan Roldán.
 

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