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Federico Arroyo Montiel

Poeta recién llegado
DO

Delante de este folio en blanco,
en mi estomago un nudo,
mi mente piensa que no soy manco,
que no soy mudo.

Mi alma grita.
Los vientos me visitan.
Mi corazón se agita.
Los ecos me incitan.

Por carreteras rojas
circula mi gran pasión,
directa a mi ilusión.

En mis manos,
el medio,
para vencer este tedio.

RE

Absurdo el tedio,
inquietante sensación,
que nos anula sin remedio,
que nos abandona en la estación.

Y en la hueca estación,
desocupados mis dedos,
añoran esa pasión
de los días en los prados.

Prados repletos de colores,
que mi alma hacía levitar,
que mi corazón acogía sin malestar.

Bellos teatros
donde el alma gana
a la cómoda desgana.

MI

Inoperante desgana,
enemiga de la ilusión,
que me acompaña por cada ventana,
que ilumina cada decisión.

Y es que en este camino,
miles las elecciones
y aunque no me defino,
me dejo llevar por las predicciones.

No temo equivocarme
y con valentía vivir,
con coraje resistir.

No rendirme jamás,
a la desidia
y avanzar cada día.

FA

Avanzar en la ilusión
que vida tan sólo hay una,
y hay que disfrutarla con pasión
hasta que me quede sin luna.

Pobre persona,
aquella que sin pasiones viva,
que viva bajo la lona
de una vida pasiva.

Despido mis miedos,
sonrío cada amanecer,
añoro cada atardecer.

Cultiva tu mente.
Saborea cada despertar.
Vive para estar.

SOL

He estado en valles profundos
y altas cimas.
He conocido seres fecundos
y relaciones íntimas.

Y en todos los lugares,
a todo momento,
mi alma bañada en mares
de intenso sentimiento.

Sutil sentimiento
que aflora en mi alma
en busca de la calma.

Alma libre.
Corazón sentido.
Ente complacido.

LA

Complacido por vivir,
querido por mis amigos,
por disfrutar de mi sentir
sin necesidad de pesados abrigos.

Y en mi soledad
sorprenderme sinceramente,
al descubrir tanta felicidad
regalada por toda mi gente.

Hermosas personas
de inmensa gratitud,
de muy grata actitud.

Cálida compañía.
Sinceras miradas.
Almas marcadas.

SI

Marcadas vivencias
de antaño recuerdos,
de viejas diferencias,
de implícitos acuerdos.

Feliz por saborear
tantos sabores,
y en la plaza capear
todos mis dolores.

Y aunque mucho me duela
y apenado esté mi corazón,
siempre viviré sin caparazón.

Pues prefiero no parar,
a rendirme sin remedio,
a este tedio.

Por fede, "leo mis palabras y me veo en el espejo"
 

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