soñar no es imposible...
Poeta recién llegado
I.
Día uno
Siento el corazón atravesado
en la garganta, el ruido de
mis latidos rebota desde mi
cabeza hasta mis pies.
Es tal la vibración que provocan,
que mis dedos tiemblan,
cada vez son más lentos
y aumenta su fuerza.
Apenas percibo tu presencia,
mis ojos se cierran lentamente,
los pájaros cantan alegremente
entre las frondosas copas de los árboles.
He vuelto a abrir mis ojos pero todo
se torna negro con gran lentitud,
el hermoso bosque desaparece,
el ruido de los pájaros se desvanece.
Ligeramente caigo al suelo,
es duro y bastante accidentado.
El frío es cada vez más intenso,
apenas puedo sentir mis manos.
La hierba me acaricia la cabeza
con delicadeza y un viento fuerte,
mueve mis cabellos, mis ojos
están abiertos pero no veo cosa alguna.
La tristeza y el miedo me abruman
¿qué me sucede?, derramo una
lágrima que rueda por mi mejilla,
es un instante eterno.
Cae al suelo y lo humedece,
lo puedo percibir, el
viento sopla sin piedad
ante mi triste presencia.
Ha empezado a llover,
cada gota que cae sobre mí
es como si clavaran un puñal,
la lluvia se intensifica.
II.
Día dos
El suelo está húmedo,
yo sigo aquí y, a pesar
de todos mis esfuerzos,
no puedo moverme.
Siento como las hojas secas de
los espesos árboles caen sobre mi
ser, son pesadas, realmente pesadas,
están casi por cubrirme enteramente.
Desesperada, intento abrir
los ojos para ver algo,
para sentir vida a mi alrededor,
pero todo es inútil.
Ya no sé dónde estoy,
quisiera poder describirte
el lugar, pero todo es
igual, oscuro y gélido.
No siento mis dedos por
el agudo frío, siento como si
mis huesos se congelaran
en el interior de todo mi cuerpo.
El viento sopla en mi cara,
es totalmente helado,
percibo como mis pestañas se
congelan con rapidez.
Ya no escucho mis latidos,
cada vez fueron decreciendo
en fuerza, y sólo escucho
sollozos a mi alrededor.
Quisiera gritar, pero ni
siquiera puedo abrir la
boca, es como si mis labios
estuvieran sellados totalmente.
Con todas mis fuerzas trato
gemir, ya que la boca
no puedo abrir, producir
algún sonido aunque sea.
Intento tras intento mi garganta
se desgasta sin conseguir
resultado alguno, percibo como
mi boca se seca con lentitud.
Necesito agua, la garganta
me arde con un tremendo
brío, he querido tragar un poco
de saliva, es totalmente inútil.
III.
Día tres
Mi boca está enteramente
marchita y siento las arrugas
que esto ha provocado
en mi lengua, encía y labios.
Ya no percibo el glacial frío ni
el viento, creo que me he
acostumbrado a ambos,
por intensos que sean.
Las hojas ya no pesan,
ya no reparo en las heridas,
no me duelen, me he vuelto
insensible completamente.
Mis intentos por moverme sólo
me han cansado más y más,
he decidido descansar un poco,
ya que todo lo que hago lo empeora.
IV.
Día cuatro
Me he perdido en mi mente,
todo es oscuro, no encuentro
salida a mis horribles pensamientos
que con voracidad me invaden.
El último pensamiento que recuerdo es:
Jamás pensé que todo fuera acabar
así, pero la muerte solo se puede
vivir una vez, ¿no es así?
V.
Día cinco
Mis pensamientos no son claros,
mi memoria ya no funciona,
no recuerdo nada, no tengo idea
de quién soy, ni de porqué estoy aquí.
VI.
Día seis
Esto debe de acabar de una vez,
el fin se acerca a mí, yo sé que
muy pronto me convertiré en comida
para gusanos y abono para plantas.
He decidido no resistirme más y
simplemente aceptarlo, la vida acaba
en la muerte y la muerte debe acabar en
algún sitio, y ese es precisamente aquí.
En paz descanso eternamente.
Día uno
Siento el corazón atravesado
en la garganta, el ruido de
mis latidos rebota desde mi
cabeza hasta mis pies.
Es tal la vibración que provocan,
que mis dedos tiemblan,
cada vez son más lentos
y aumenta su fuerza.
Apenas percibo tu presencia,
mis ojos se cierran lentamente,
los pájaros cantan alegremente
entre las frondosas copas de los árboles.
He vuelto a abrir mis ojos pero todo
se torna negro con gran lentitud,
el hermoso bosque desaparece,
el ruido de los pájaros se desvanece.
Ligeramente caigo al suelo,
es duro y bastante accidentado.
El frío es cada vez más intenso,
apenas puedo sentir mis manos.
La hierba me acaricia la cabeza
con delicadeza y un viento fuerte,
mueve mis cabellos, mis ojos
están abiertos pero no veo cosa alguna.
La tristeza y el miedo me abruman
¿qué me sucede?, derramo una
lágrima que rueda por mi mejilla,
es un instante eterno.
Cae al suelo y lo humedece,
lo puedo percibir, el
viento sopla sin piedad
ante mi triste presencia.
Ha empezado a llover,
cada gota que cae sobre mí
es como si clavaran un puñal,
la lluvia se intensifica.
II.
Día dos
El suelo está húmedo,
yo sigo aquí y, a pesar
de todos mis esfuerzos,
no puedo moverme.
Siento como las hojas secas de
los espesos árboles caen sobre mi
ser, son pesadas, realmente pesadas,
están casi por cubrirme enteramente.
Desesperada, intento abrir
los ojos para ver algo,
para sentir vida a mi alrededor,
pero todo es inútil.
Ya no sé dónde estoy,
quisiera poder describirte
el lugar, pero todo es
igual, oscuro y gélido.
No siento mis dedos por
el agudo frío, siento como si
mis huesos se congelaran
en el interior de todo mi cuerpo.
El viento sopla en mi cara,
es totalmente helado,
percibo como mis pestañas se
congelan con rapidez.
Ya no escucho mis latidos,
cada vez fueron decreciendo
en fuerza, y sólo escucho
sollozos a mi alrededor.
Quisiera gritar, pero ni
siquiera puedo abrir la
boca, es como si mis labios
estuvieran sellados totalmente.
Con todas mis fuerzas trato
gemir, ya que la boca
no puedo abrir, producir
algún sonido aunque sea.
Intento tras intento mi garganta
se desgasta sin conseguir
resultado alguno, percibo como
mi boca se seca con lentitud.
Necesito agua, la garganta
me arde con un tremendo
brío, he querido tragar un poco
de saliva, es totalmente inútil.
III.
Día tres
Mi boca está enteramente
marchita y siento las arrugas
que esto ha provocado
en mi lengua, encía y labios.
Ya no percibo el glacial frío ni
el viento, creo que me he
acostumbrado a ambos,
por intensos que sean.
Las hojas ya no pesan,
ya no reparo en las heridas,
no me duelen, me he vuelto
insensible completamente.
Mis intentos por moverme sólo
me han cansado más y más,
he decidido descansar un poco,
ya que todo lo que hago lo empeora.
IV.
Día cuatro
Me he perdido en mi mente,
todo es oscuro, no encuentro
salida a mis horribles pensamientos
que con voracidad me invaden.
El último pensamiento que recuerdo es:
Jamás pensé que todo fuera acabar
así, pero la muerte solo se puede
vivir una vez, ¿no es así?
V.
Día cinco
Mis pensamientos no son claros,
mi memoria ya no funciona,
no recuerdo nada, no tengo idea
de quién soy, ni de porqué estoy aquí.
VI.
Día seis
Esto debe de acabar de una vez,
el fin se acerca a mí, yo sé que
muy pronto me convertiré en comida
para gusanos y abono para plantas.
He decidido no resistirme más y
simplemente aceptarlo, la vida acaba
en la muerte y la muerte debe acabar en
algún sitio, y ese es precisamente aquí.
En paz descanso eternamente.